Las Universidades abren sus revistas

Hemos podido leer hace un par de meses en The Chronicle of Higher Education que cinco grandes universidades han aprobado abrir el acceso a sus revistas académicas.  Se trata, añade el redactor, de un esfuerzo para apoyar las alternativas a la publicación académica tradicional. Los centros son: Cornell, Dartmouth College, Harvard, el MIT  y la Universidad de California en Berkeley. En realidad, el acuerdo,  el llamado The Compact for Open-Access Publishing Equity, se firmó a mediados de septiembre.

En dicho acuerdo, las mencionadas instituciones reconocen el valor crucial de los servicios prestados por los editores académicos, pero también la conveniencia del acceso abierto a esa literatura y, a su vez,  la necesidad de que los editores que eligen proporcionar ese acceso a los contenidos de sus revistas tengan una fuente estable de financiación. Señalan asimismo que cada una de las universidades firmantes se compromete a la oportuna creación de mecanismos duraderos para asegurar de forma razonable los gastos de publicación de los artículos escritos por sus profesores y publicados en revistas de acceso abierto.

Ciertamente, es una buena noticia, que se añade a otras de idéntico tenor en los meses precedentes. Además, como se ha dicho, plantea algunas cuestiones de interés.  La primera es reconocer que el modelo actual, con suscripciones que a veces alcanzan precios abusivos, es una barrera a la difusión de las ideas, impidiendo la difusión del conocimiento en un momento en la nuestras sociedades dependen cada vez más de su acceso. La segunda es entender que los costes están ahogando a las bibliotecas universitarias, que en ocasiones no tienen otro remedio que eliminar suscripciones, reforzando así las barreras a la difusión de los resultados de la investigación y generando mayores desigualdades.

Por supuesto, no todos están de acuerdo, pues muchos lo ven como sinónimo de pérdida de los recursos imprescindibles para la existencia de publicaciones de calidad. Tanto la Association of American University Presses (AAUP) como la National Humanities Alliance han rechazado en distinto grado el modelo, y se trata de dos instituciones de gran prestigio y poder, que exponen razones a considerar, sobre todo en el segundo caso.

De todos modos, y en última instancia, el Open-Access Publishing Equity descansa sobre una idea irrebatible. No se trata ya de la  democratización del conocimiento, sino de defender que su difusión más que un derecho es una de las principales obligaciones de las universidades, y más si esa investigación ha sido financiada con fondos públicos. Por supuesto existen riesgos. Para Robert B. Townsend, director asistente de investigaciones y publicaciones de la American Historical Association,  no debemos perder de vista las diferencias entre los distintos campos de estudio. De hecho, los fondos disponibles suelen ser desiguales en función de la situación económica de las áreas y los departamentos.  Las humanidades y las ciencias sociales son, por ejemplo, campos que hallan más dificultades para financiarse y con el nuevo modelo podrían acrecentarlas, a no ser que las universidades crearan un sistema que trasvasara recursos de unas disciplinas a otras. En suma, cree que al debate le falta claridad, porque el modelo que se utiliza es el de las revistas de  las disciplinas científicas, que se toman  como si el resto funcionara de igual manera.

Revistas

En este último sentido, además, Townsend cita un reciente estudio, “The Future of Scholarly Journals Publishing Among Social Science and Humanities Associations”, realizado por Mary Waltham para la  American Anthropological Association y financiado por Andrew W. Mellon Foundation. Resulta que los costes de edición en las revistas de ciencias sociales y humanidades (CCH) son significativamente más altos que los de las  actividades científicas, técnicas y médicas CTM).  Preparar un artículo y editarlo supondría una media de 526 dólares por página publicada en las CCH, mientras en las CTM sería de 266. El informe atribuye la diferencia a diversos factores. En primer lugar, a una mayor criba de los textos recibidos. En las CCH se suele aceptar una media del 11% de los ensayos recibidos, mientras en las CTM ese porcentaje llega al 42%.  Luego ocurre que los artículos son más largos en el primer caso, con una media de 19 páginas frente a las 1o de las CTM. Asimismo, las revistas de CCH incluyen muchos otros contenidos, pues mientras una del campo de las CTM dedica el 95% de sus páginas a artículos que han pasado por evaluadores externos, una del área  las CCH cede casi el 40% a otras cosas (como las reseñas de libros).  De hecho, en historia, uno puede ganar más prestigio con las reseñas que hacen de sus libros que escribiendo artículos.  En fin, parece ser que la eliminación de la edición en papel de,  por ejemplo, la American Historical Review, supondría un ahorro del tercio de su coste, que no compensaría las pérdidas por suscripción y publicidad que se perderían, porque los abonados a esa revista la prefieren en papel y la leen mayoritariamente en papel aún teniendo la opción digital.

Enlaces. Por poner algún ejemplo:

Soft peer review? Social software and distributed scientific evaluation

Open Access and Global Participation in Science

Electronic Publication and the Narrowing of Science and Scholarship

Attracted to open access journals: a bibliometric author analysis in the field of biology

El imperable ascenso…

The Scholarly Kitchen

Declaración de Berlín

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3 Respuestas a “Las Universidades abren sus revistas

  1. Redalyc, bajo el lema “la ciencia q no se ve no existe” busca difundir y fortalecer la actividad científica editorial de Iberoamérica, poniendo a disposición del lector miles de artículos a texto completo que podrá leer, criticar y analizar. http://redalyc.uaemex.mx/

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