La historia, acosada por la memoria

Decía Pierre Assouline en su blog que hay algo que nadie puede negar:  la enseñanza de la historia está en trance de fenecer, y la publicación de libros de historia afronta una perspectica muy poco halagüeña.  La paradoja es que se predice tal desaparición en medio de la indiferencia más absoluta, y que ello ocurre precisamente en un momento en el que florecen los  lugares para la memoria y la propia historia es manipulada por la neurosis memorialística.

hitler salon

Añade Passouline que el dibujante Riss, director de Charlie-Hebdo, tiene un hobby: colecciona fotos de álbumes familiares que se remontan a la Alemania nazi. Los compra en eBay a cualquier precio. Antes, los nietos de alemanes de los de los años 30 los tiraban a la basura, ahora los venden porque tienen un mercado. El motivo de Riss es documental, a menos eso se desprende del álbum que ha publicado: Hitler dans mon salon. Photos privées d’Allemagne 1933 à 1945 (35 euros, Les échappés).   El resultado es bastante sorprendente. Docenas y docenas de imágenes dispuestas en horizontal en formato italiano (proporcionado por el autor, así como la selección de imágenes), que recuperan la intimidad de los alemanes de aquellos tiempos. Instantáneas nunca vistas, porque los libros de historia siempre han preferido las que fueron tomadas por profesionales o propagandistas.  En un breve prefacio, Riss se pregunta si en el fondo  estas imágenes no podrían servir para el Discurso sobre la servidumbre voluntaria de La Boétie. Unas líneas más adelante, tras interrogarse sobre  la inconsciencia o la adhesión de un pueblo entero al nazismo, indica: “la inmensidad del crimen requiere de la ausencia de pensamiento en quienes lo ejecutan. Ésta es la gran lección y la virtud de esta colección. Los bárbaros eran humanos como tú y como yo “.  El malestar proviene no sólo de la vaga sensación de que estamos invitados a unirnos a la familia, sino de  las leyendas. Habría sido muy oportuno contextualizar esas imágenes para rotularlas adecuadamente. Por ejemplo, hay una foto de una casa en la distancia, rodeada por alambre de espino, que se subtitula: “Vista del crematorio.” ¿Dónde? ¿ En qué campo? ¿En qué país? ¿En qué año? No sabemos nada. Regalo del cielo para los negacionistas.   En otra  parte  vemos dos cadáveres en medio de una multitud indiferente: “Ésos no irán muy lejos”. Los periodistas son aficionados con talento. Estas fotos son a menudo terribles. Los rótulos también lo son, pero en el peor sentido. Es el precio que se paga cuando, como le ocurre a Riss, no se quiere saber nada de los historiadores, por temor a que esas instantáneas queden demasiado “enmarcadas”.

Dado lo anterior no es extraño que algunos historiadores (franceses) hayan expresado su malestar por el trato dispensado a la historia, por arriba y por abajo. Así se puede entender la obra casi panfletaria de Nicolas Offenstadt (L’Histoire bling-bling. Le retour du roman national, Paris, Stock, 2009). En este caso, el motivo o la excusa son dos episodios de la política de la historia y de la memoria que ha propuesto el gobierno de Sarkozy. Offenstadt no defiende que el historiador tenga el monopolio sobre el pasado y entiende que el legislador está en su derecho de fijar determinadas políticas, pero reclama para el académico un deber de vigilancia contra la deformación. Como dice Johann Michel, el ejemplo más significativo es el ocurrido con Guy Môquet durante  2007. Patrimonializado en los discursos presidenciales y en las circulares ministeriales, el compromiso político de aquel joven, “muerto por Francia”,  es sistemáticamente descontextualizado. La antítesis del ethos propio del historiador, según Offenstadt:  “Lo que tenemos es una total incomprensión de lo que pudo significar la fuerza del compromiso comunista en aquella época , la inclusión de este compromiso en una cultura partidista, la sumisión a la línea de la Internacional Comunista que se exigía especialmente a los activistas, como es el caso de Guy Môquet, cuando se hallaba en medio de una disputa familiar  (su padre fue en realidad diputado comunista, elegido en 1936) “(p. 30).

Moquet

Para Offenstadt, historiador medievalista, estos procesos de deformación alimentan un mismo designio: revivir un régimen memorial de unidad nacional. Quienes están  en el poder quieren arraigarse en la fuerza simbólica de los grandes relatos fundadores desarrollados sobre todo al comienzo de la Tercera República. Grandes relatos que se sitúan en una concepción unitaria e inmutable de la nación, que desconfía de los particularismos y desea magnificar las grandezas  nacionales silenciado las páginas oscuras. Esta nostalgia de la novela nacional explicaría el rechazo del  sarkozysmo de todas las políticas históricas y memoriales que exigen el arrepentimiento, señalando con el dedo a los “muertos por Francia” (como dice  Serge Barcellini en el volumen Les guerres de mémoires) y que resultarían  deshonrosas para el orgullo nacional.

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5 Respuestas a “La historia, acosada por la memoria

  1. Inquietante panorama, que debemos denunciar quienes nos dedicamos al estudio y la enseñanza de la historia. Como repito a mis estudiantes, el conocimiento histórico no es un mero pasatiempo o afán erudito, sino una herramienta eficaz contra la manipulación política.
    (Enhorabuena por tu blog, Anaclet. Tienes en mí a un fiel seguidor).

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