1989, el año de la caída del Muro

Timothy Garton Ash menciona en la NYRB la pléyade de obras que han ido apareciendo en los últimos meses en torno al significado de la caída del Muro de Berlín, ocurrida hace ahora veinte años. Como era de esperar, señala, ese vigésimo aniversario ha coincidido con una proliferación de volúmenes sobre el año en el que terminó el corto siglo XX . Aunque más bien aquella fecha debe complementtarse con la unificación de Alemania y la desmembración de la Unión Soviética en 1990-1991, con lo que podemos decir con más precisión que fueron esos tres años con los que terminó el siglo. Los libros recién aparecidos incluyen crónicas periodísticas, con vivencias personales y detalles llamativos (Victor Sebestyén, György Dalos  y Michael Meyer por partida doble), enérgicos ensayos de interpretación histórica (Stephen Kotkin y Constantine Pleshakov)  y originales trabajos de investigación sobre fuentes de archivo e historia oral (Mary Elise Sarotte y el volumen editado por Jeffrey Engel):

Mary Elise Sarotte: 1989: The Struggle to Create Post–Cold War Europe,  Princeton University Press, 2009.
Stephen Kotkin: Uncivil Society: 1989 and the Implosion of the Communist Establishment,  Modern Library, 2009.
György Dalos: Der Vorhang Geht Auf: Das Ende der Diktaturen in Osteuropa,  Munich, C.H. Beck, 2009.
Michael Meyer: The Year That Changed the World: The Untold Story Behind the Fall of the Berlin Wall,  Scribner, 2009.
Michel Meyer: Histoire secrète de la chute du mur de Berlin, Paris, Odile Jacob, 2009.
Victor Sebestyen: Revolution 1989: The Fall of the Soviet Empire,  Pantheon, 2009.
Jeffrey A. Engel (ed.): The Fall of the Berlin Wall: The Revolutionary Legacy of 1989,   Oxford University Press, 2009.
Constantine Pleshakov: There Is No Freedom Without Bread! 1989 and the Civil War That Brought Down Communism,  Farrar, Straus and Giroux, 2009.
Romesh Ratnesar: Tear Down This Wall: A City, a President, and the Speech That Ended the Cold War,  Simon and Schuster, 2009.

Engel

Lo primero que uno se plantea, dice Garton Ash, es qué fue lo que movió a aquellos hombres y mujeres a salir a las calles, especialmente en los primeros días, cuando no era obvio que fuera seguro hacerlo.  ¿Qué les hacía moverse como  una multitud? ¿Quién fue el primero que, en Praga, se cacó las llaves del bolsillo y empezó a sacudirlas haciéndolas sonar; una acción que, repetida por 300.000 personas, producía un sonido increíble?  Historiadores como George Rude, con su estudio pionero sobre la multitud en la Revolución Francesa, EP Thompson o Eric Hobsbawm  han tratado de comprender la dinámica subyacente de la protesta popular en períodos anteriores. Ya es hora de que los historiadores contemporáneos, con mejores fuentes a su disposición (horas y horas de televisión, vídeo y grabaciones de radio, por ejemplo), asuman el reto de tratar de analizar 1989 desde abajo, y no sólo desde arriba.

La gran virtud del  1989 de Mary Elise Sarotte es que aborda lo que ha sido la perspectiva retrospectiva explícita,pero para explorar los caminos no transitados. Por ejemplo, lo cerca que  estuvo la Alemania del Este, el 9 de octubre 1989,  de llegar a un  derramamiento de sangre en Leipzig.

No ocurre lo mismo con Stephen Kotkin, célebre historiador de la Unión Soviética, que cree haber encontrado la clave única. Así cae en esta trampa cuando presta atención a países que no conoce tan bien.  Su libro  contiene una sustanciosa e interesante  explicación histórica sobre el fracaso del comunismo, que se estropea cuando aparece  el estridente argumento revisionista según el cuual 1989 fue, como sugiereel subtítulo del libro , poco más que una implosión “del establishment comunista”. El establishment del partido-Estado  o la “sociedad incivil” (por contraste con lo que identifica como la imaginada o idealizada “sociedad civil” celebrada por intelectuales disidentes y occidentales en la época), “derribó a su propio sistema”.

En realidad, la esencia de 1989 radica en múltiples interacciones, con diversas sociedades y Estados en juego.  Si bien la Revolución Francesa de 1789 siempre tuvo dimensiones y repercusiones externas , y se convirtió en un evento internacional con las guerras revolucionarias, se originó como un desarrollo interno de un país grande. La revolución europea de 1989 fue, desde el principio, un evento internacional –y por internacional  no me refiero sólo a las relaciones diplomáticas entre Estados, sino también a las interacciones de tales Estados y sociedades a través de las fronteras. Así las líneas de causalidad incluyen la influencia de los distintos Estados sobre sus propias sociedades, las sociedades sobre sus propios Estados, los Estados sobre otros Estados, las sociedades sobre  otras sociedades, los Estados sobre otras sociedades (por ejemplo, el impacto directo de Gorbachov sobre  los europeos centro-orientales), y las sociedades sobre otros Estados (por ejemplo, el efecto en cadena sobre la Unión Soviética de la protesta popular en la Europa centro-oriental). Estas nociones a su vez han de ser desagregadas en grupos, facciones e  individuos, incluidos los personajes únicos, como el Papa Juan Pablo II.

El fin del comunismo en Europa trajó la realización más paradójica de un sueño comunista. Polonia vivió en 1980-1981  una revolución de los trabajadores, pero fue contra un Estado denominado de los trabajadores. Los comunistas soñaban con que el internacionalismo proletario propagara la revolución de un país a otro;  en  1989-199 la revolución se extendió finalmente, de un país a otro, pero como efecto del desmantelamiento del comunismo. Sin embargo, la historia es fruto tanto de consecuencias no deseadas como de acciones deliberadas -por no hablar de la necesidad histórica.

Un ejemplo del tipo de fino análisis multinacional que necesitamos es la obra del académico de Harvard Mark Kramer sobre las relaciones entre los soviéticos y la Europa oriental, que está dispersa por distintos textos académicos. Basándose en su trabajo en los archivos soviéticos y de Europa del Este, además de una amplia gama de fuentes publicadas, Kramer demuestra la enorme complejidad de la interacción entre el centro y la periferia imperial. Llega a la conclusión de que lo que él llama el “spillover” (desbordamiento) se producía principalmente desde la Unión Soviética a la Europa del Este entre 1986 y 1988, en ambas direcciones  en 1989, y luego de nuevo principalmente desde  Europa del Este a la Unión Soviética en 1990-1991, cuando los Estados bálticos, Ucrania y  finalmente  la propia Rusia se sintieron alentados a seguir el ejemplo de auto-liberación de la Europa Centro-oriental.

Y necesitamos también calibrar el papel de los USA o China.  Tal vez sea una  característica de las superpotencias el que piensen que son ellas las hacen la historia. Los grandes acontecimientos seguramente debe ser hechos por las grandes potencias. Sin embargo, en los nueve meses que gestaron un mundo nuevo, de febrero a noviembre de 1989, los Estados Unidos y la Unión Soviética eran parteras en gran parte pasivas. Hicieron historia por lo que no hicieron. Y los dos gigantes retrocedieron en parte porque subestimaron la importancia de cosas hechas por gente común en países pequeños. De todos modos, y a pesar de tantos libros, aún queda por hacer una historia sintética global.

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Digamos, como contrapartida, que no todos están de acuerdo con ese análisis. Así lo expone Niall Ferguson en Newsweek en un texto titulado “The Year the World Really Changed. Forget the fall of the iron curtain: the events of ’79 matter more”, donde entre otras cosas dice: “En comparación, los acontecimientos de hace 10 años -en 1979- sin duda tiene mejor derecho para ser considerados verdaderamentes históricos. Baste pensar lo que esta sucediendo en el mundo desde hace 30 años. Los soviéticos comenzaron su política de auto-destrucción con la invasión de Afganistán. Los británicos comenzaron la reactivación de la economía de libre mercado en Occidente con la elección de Margaret Thatcher. Deng Xiaoping estableció en China un nuevo rumbo económico, visitando los Estados Unidos y observando por sí mismo lo que el mercado libre puede lograr. Y, por supuesto, los iraníes marcaron el comienzo de la nueva era del choque de civilizaciones mediante el derrocamiento del Shah y la proclamación de una República Islámica.  Treinta años después, cada uno de estos eventos ha tenido consecuencias mucho más profundas para los Estados Unidos y el mundo que los acontecimientos de 1989”. Es decir, añade, si hay que elegir una linea divisoria, mejor 1979 que 1989.

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En cualquier caso, para quienes sepan entender que la historia, y la de 1989 en particular,  ya no es sólo textual, por ejemplo:

julio 1990

Trabant a la basura (julio de 1990)

Websites

  1. German Missions in the United States
  2. Making the History of 1989, del  Center for History and New Media (CHNM), con
  3. Newseum – The Berlin Wall
  4. National Archives and Records Administration
  5. The Berlin Wall
  6. Documentation Center Berlin Wall
  7. History of the Berlin Wall

Fotografías

Vídeos

ETC.

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