Lecturas (en papel y en pantalla)

El profesor  Mark Bauerlein aborda en The Chronicle of Higher Education algunos de los cambios que se  están produciendo en la lectura con la difusión del ordenador y la pantalla digital. Utiliza para ello un artículo aparecido  en el Journal of Research in Reading (2008, págs. 404-419), un estudio que ya ha tenido cierta presencia en los media españoles. Su autora es la noruega Anne Mangen, que lo titula “Hypertext fiction reading: haptics and immersion“.

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Mangen advierte el crecimiento de un subcampo dedicado a los “screen reading studies”, pero opina que la “intangibilidad y la volatilidad del texto digital” no se han estudiado adecuadamente. Se centra en primer lugar en la naturaleza material de las experiencias de lectura digital y no digital. “A diferencia de los textos impresos”, escribe, “los textos digitales son ontológicamente intangibles y están separados de las dimensiones física y mecánica de su soporte material, sea el ordenador o el e-book (u otros dispositivos, tales como la PDA), el iPod o el teléfono móvil”.

Esto es importante, dice, porque “la materialidad importa”. La experiencia de lectura incluye actividades manuales y percepciones hápticas (lo que la piel, músculos y articulaciones  registran), de modo que las actividades y las percepciones de ese tipo cambian según la experiencia de lectura porque  el objeto, la experiencia de lectura, también va a cambiar.

Las diferencias entre la pantalla y el papel son más profundas que su materialidad física. También se refieren a la relación que el lector tiene con ellos. Para Mangen, una diferencia fundamental radica en la naturaleza de la inmersión en los “mundos” de la pantalla,  distinta de la tecnología que la facilita. En otras palabras, el ratón y los auriculares facilitan la entrada en el mundo visual, pero no son partes constitutivas del mismo. “En contraste”, explica, “consideremos  el sentido de estar inmersos en un mundo de ficción que es en gran medida el producto de nuestro propio mundo mental ( habilidades cognitivas para crear esa ficción) y virtual (en el sentido figurado de la palabra) a partir de  representaciones simbólicas- el texto, ya sea de índole lingüística o multi-modal, digital o impreso- dispuestas por medio de cualquier plataforma tecnológica”.  Los libros no tienen herramientas para ayudar a los lectores a completar ese mundo ficticio, de modo que lo hacen con sus propias mentes.

Es una formulación densa, pero todo se reduce a las características físicas y técnicas que “perturban” o no  la inmersión típica que supone leer una novela (en oposición a la inmersión típica de un vídeojuego). Comparemos el clic del ratón con girar la página. Pasar la página es tocas literalmente lo que lees. Hacer clic en el ratón es un toque instrumental del dispositivo a través del cual se suministra algo intangible. Uno lee un libro, pero no lee una pantalla de ordenador. Leemos un texto a través de la pantalla. Pasamos  una página, que forma parte de un libro, pero hacer clic en un ratón o tocar un icono de la pantalla no forma parte del “libro” que estamos leyendo. “El texto digital no tiene ninguna sustancia material”, carece de existencia táctil, por lo que no hay ninguna (hápticamente) percibida con la pantalla.

Uno de los efectos, sostiene Mangen , es que el texto digital hace que leamos “de una manera más superficial, menos centrada”. Hay otros efectos, pero éste es de mayor alcance. Mientras que la lectura “superficial” a través de o en la pantalla sirve para fines bien determinados, cuando se trata de leer textos complejos y de interpretar, analizar o incluso  resumir,  es necesaria una lectura más lenta y profunda.

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Anne-Mangen

La propia Anne Mangen, que pertenece al National Centre for Reading Research and Education de la Stavanger University,  concedió una entrevista el verano pasado sobre este mismo asunto.

Mangen insiste en que no es amiga de etiquetas y que le parece difícil ponerle una a este supuesto campo de estudio, ” porque dudo de que una sola palabra sea capaz de indicar la complejidad del proceso de forma precisa y útil “. En ese sentido, añade, “el término lectura ya es un término bastante  general que cubre una gama de procesos muy diferentes en cuanto a diferencias cognitivas y niveles de percepción, realizadas bajo situaciones diferentes, con gran número de materiales textuales distintos. Y también con material no textual, como cuando se habla de leer la cara o leer el siguiente movimiento en una partida  de ajedrez. Cuando se habla de la lectura siempre se sigue la obligación de ofrecer conceptos más precisos y concretos para aclarar de qué aspectos del proceso de lectura y de qué experiencia estamos hablando, y este requisito no es diferente si se lee en papel o en pantalla (o en cualquier otro dispositivo). ”

Asimismo:  “Creo que la principal dicotomía es la que hay entre la lectura en pantalla y la  lectura de lo impreso y entonces hemos de emplear aclaraciones y  especificaciones add-on y ad hoc referidas a estos conceptos generales, como por ejemplo lectura de desplazamiento e hipertextual, para los casos de lectura de pantalla, y pasar la página, para la lectura de lo impreso”. Es decir, ambos son dos tipos de lectura, de modo que  más que decir que hay dos realidades (“reading” y “screening”) lo que necesitamos es diferenciar lo que cada uno significa. En todo caso, “el cambio actual del papel a la pantalla representa un profundo cambio literario, de cuyas implicaciones  –a corto plazo y, en particular, a largo plazo – no somos todavía conscientes”.


Lecturas recomendadas:

1. Our Own Devices: How Technology Remakes Humanity (Vintage, 2004), de Edward Tenner

2. Proust and the Squid. The Story and Science of the Reading Brain (Harper, 2007), de Maryanne Wolf , donde se lee

“(…)

Este libro cuenta la historia de la lectura cerebral (reading brain), en el contexto de nuestra evolución intelectual. Esa historia está cambiando ante nuestros ojos y bajo las puntas de los dedos. Las próximas décadas serán testigos de transformaciones en nuestra capacidad para comunicarnos, a medida que establezcamos nuevas conexiones en el cerebro que impulsarán nuestro desarrollo intelectual de una manera nueva y diferente. Sabiendo lo que la lectura exige de nuestro cerebro y cómo contribuye a nuestra capacidad de pensar, sentir, inferir y comprender a otros seres humanos, resulta muy importante ahora mismo  la transición de una lectura cerebral a otra cada vez más digital. Llegar a comprender cómo la lectura ha evolucionado históricamente, cómo la adquiere un niño,  y cómo  ello reestructura  las columnas biológicas de su cerebro, puede arrojar nueva luz sobre nuestra maravillosa complejidad como especie letrada. Esto pone en relieve lo que puede suceder en la evolución de la inteligencia humana, y las opciones a las que podríamos enfrentarnos en la configuración de ese futuro”.

Por lo demás, Maryanne Wolf citaba en aquel libro un texto aparecido poco antes en The New York Times, text0 firmado por el historiador de la tecnología Edward Tenner. Entre otras cosas, éste decía:

“Hablar de declive ya era algo habitual en el mundo académico incluso en 1898, cuando los tradicionalistas criticaban a Harvard por haber eliminado el requisito del griego  para quienes deseaban matricularse.  Pero hoy en día hay un nuevo giro en la historia: ¿Están los motores de búsqueda haciendo que los estudiantes actuales  sean más tontos?” Tenner citaba distintos trabajos que demostraban la pérdida de nivel, como por ejemplo “que el número de graduados universitarios capaces de interpretar hábilmente textos complejos se hubiera reducido desde 1992 del 40 por ciento al 31 por ciento”.  Además, como indicaba el responsable de ese estudio,  Mark S. Schneider,  “lo preocupante es que la evaluación no está diseñada para poner a prueba su comprensión de Proust, sino su capacidad para leer las etiquetas.”

¿Y cuál ha sido el gran cambio de los últimos tiempos?, se preguntaba Tenner:   la Web. “A partir de la década de 1990,  escuelas,  bibliotecas y  gobiernos optaron por Internet como promesa para el acceso universal a la información. Y en el centro de sus esperanzas de un avance cultural y educativo estaban los extraordinariamente eficientes motores de búsqueda”. De hecho, de forma modesta, Google declara que su misión es “organizar la información mundial y hacerla universalmente accesible y útil”. “Sin embargo, la comodidad puede ser parte del problema. En los primeros días de la Web, el motor de búsqueda más importante era AltaVista. Para usarlo, un investigador tenía que aprender cómo construir una  búsqueda, por ejemplo, como poner “Engelbert Humperdinck y no  Las Vegas” para buscar al compositor de ópera y no al cantante contemporáneo. Se necesitaba práctica para obtener resultados utilizables. Ahora, gracias a la brillante programación, una simple consulta por lo general produce una primera página que por lo menoses  adecuada – “satisfactoria”, que diría  el economista Herbert Simon”.

“¿Siente curiosidad por el campo académico de la “historia mundial” (world history)? Un neófito encuentra poca ayuda si escribe  “historia mundial” en Google. Cuando lo intenté, el único artículo sobre el campo de la historia mundial  fue el de la Wikipedia, no apareció hasta la quinta pantalla y era breve y excéntrico (…).”. Por supuesto, hemos de añadir que Tenner escribió ese texto en 2006 y que las cosas han cambiado mucho. Él sólo obtuvo resultados significativos en la séptima pantalla y se refería a la red de sitios  financiados por el National Endowment for the Humanities.

Muchos estudiantes, añade Tenner,  parecen carecer de las habilidades necesarias para encontrar información útil de forma rápida. En 2002, a un grupo deestudiantes graduados de la Universidad de Tel Aviv se les pidió que encontraran en la web, sin límite de tiempo, una imagen de la Mona Lisa, el texto completo de   “Robinson Crusoe” o “David Copperfield” y una receta de pastel de manzana acompañada por una fotografía. Sólo el 15 por ciento logró las tres cosas.  Hoy en día, Google puede haber acelerado estas tareas, pero el malestar persiste. En el boletín de febrero de 2006 de la American Historical Association, el bibliotecario Lynn D. Lampert anota que las prácticas de investigación de los estudiantes  están “mal concebidos” (o con frecuencia son inexistentes). En palabras de otra bibliotecaria, Pamela Martin:  “la simplicidad de Google y sus impresionantes proezas a la hora de buscar hacen creer a los estudiantes  que son buenos para hacer cualquier tipo de consulta, y cuando fracasan al buscar algo en la biblioteca, quedan avergonzados y confundidos”.

Hay dos maneras de proceder. Quienes poseen contenidos de alta calidad deberían aprender a posicionarse mejor en los buscadores. Y Google puede hacer más para educar a los usuarios sobre el poder  de sus opciones de búsqueda avanzada. Sería una vergüenza que una tecnología tan brillante acabara amenazando al tipo de inteligencia que la produjo.

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2 Respuestas a “Lecturas (en papel y en pantalla)

  1. Apasionante. Estoy deseando compartirlo con ciertos estudiantes. ¿Se lo imprimirán, o lo leerán directamente en la pantalla del ordenador?

    Por otra parte, me pregunto hasta qué punto se sostendría una dicotomía estricta pantalla/papel. Uno pensaría que las pantallas táctiles proporcionan percepciones hápticas, aunque diferentes a las que da el papel. En otro sentido, ¿no se está buscando reproducir la sensación física del papel y del libro en algunos dispositivos de lectura digital en fase experimental? Y todavía en otra dirección: se están desarrollando ordenadores ultraportátiles (wereable computers) que pueden convertir cualquier superficie, incluyendo por ejemplo un libro, en el soporte de su interfaz (http://www.microsiervos.com/archivo/ordenadores/ordenador-de-bolsillo-bolsillo-es-ordenador.html): una curiosa superposición de contenidos (no sé si podría hablarse de hibridación de soportes). En fin, veo fronteras difusas y muchas posibilidades por explorar. Salud.

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