Robert Darnton: Juicio a la letra impresa

A la memòria de Xavi, que ens ha deixat avui

Robert Darnton acaba de publicar un nuevo libro, un volumen recopilatorio que incluye sus últimos artículos para el New York Times y el discurso que pronunció en la feria internacional del libro de Frankfurt: The Case for Books: Past, Present, and Future (PublicAffairs). El objeto común son los libros, como ya saben los seguidores de este blog.

Case-for-Books

El libro, dice el profesor norteamericano en Publishers Weekly,  no está muerto. De hecho, en el mundo se editan más libros que nunca. Según Bowker, 700.000 nuevos títulos se publicaron en todo el mundo en 1998, 859.000 en 2003 y 976.000 en 2007. A pesar de la gran recesión de 2009, que ha tenido graves consecuencias en la industria editorial, se espera que en los próximos años esa cifra alcance el millón de libros nuevos.

Sin embargo, la falta general de interés que los americanos muestran por la historia nos ha hecho vulnerables a ciertas ideas exageradas de cambio histórico –y algo tiene que ver también  nuestra fascinación por la tecnología. La obsesión actual con los dispositivos móviles, los lectores electrónicos y la digitalización ha producido un caso colosal de falsa conciencia. A medida que nuevos dispositivos electrónicos llegan al mercado, pensamos estar precipitándonos en una nueva era. Nos dedicamos a vender “la era de la información” como si la información no hubiera existido en el pasado. Mientras tanto, los libros electrónicos y dispositivos como el Kindle representan menos del 1% de los gastos en libros en los Estados Unidos.

La historia nos demuestra que un medio no necesariamente desplaza a otro -al menos no a corto plazo. La publicación de manuscritos floreció mucho después del invento de Gutenberg; los periódicos no acabaron con el libro impreso; la radio no sustituyó al periódico; la televisión no destruyó la radio e Internet no ha hecho que los espectadores abandonen sus aparatos de televisión. Cada época ha sido una era de la información, cada una a su manera. En mi nuevo libro,   abordo esa cuestión,  porque creo que no podemos prever el futuro o dar sentido al presente a menos que estudiemos del pasado. No necesariamente porque la historia se repita o nos enseñe lecciones, sino porque puede nos ayudar a orientarnos frente a los retos de las nuevas tecnologías.

Digitalizar, democratizar

La mayor parte de mi propia investigación pertenece a un campo de reciente reconocimiento en el mundo académico: la historia del libro. Mi trabajo me ha llevado de la investigación histórica a la participación en empresas de publicación electrónica y a la dirección de las Bibliotecas de la Universidad de Harvard. Al tratar con los problemas del presente, a menudo me encuentro pensando de nuevo en el mundo de los libros tal como fue experimentado por los padres fundadores y los filósofos de la Ilustración. A pesar de sus muy diferentes orígenes , Franklin, Jefferson, Voltaire y Rousseau se consideraban ciudadanos de una república universal de las letras, un ámbito cultural sin fronteras -políticas, disciplinarias o lingüísticas-  y abierto a todos los que sabían leer y escribir. Eso, por supuesto, fue una visión utópica limitada a una pequeña élite -en el siglo XVIII, no sólo la mayoría de personas eran  analfabetas, sino que no podían permitirse comprar libros, aun cuando pudieran leer.

Hoy, sin embargo, tenemos los medios para hacer que la utopía sea realidad. En muchas sociedades, a pesar de las enormes desigualdades, la gente común no sólo lee, sino que tienen acceso a una gran cantidad de material de lectura a través de Internet. No minimizo la brecha digital, que separa el mundo informatizado de los demás, ni subestimo la importancia de los libros tradicionales. Pero el futuro es digital. Y creo que si podemos resolver los desafíos actuales de los libros de manera que favorezcan a los ciudadanos corrientes, podemos crear una República digital de las letras. Gran parte de mi libro está dedicado a esta premisa y se puede resumir en dos palabras: digitalizar y democratizar.

Es fácil de decir, lo sé.  Hoy en día, los editores, los libreros, los autores y los bibliotecarios luchan contra obstáculos formidables. Cualquier persona que se las haya visto con un balance contable o haya escuchado la jerga de los vendedores es poco probable que tenga mucha paciencia para pensar sueños utópicos. Por tanto, eso nos ayuda a poner los desafíos actuales del libro en perspectiva. Por ejemplo, ahora estoy editando el diario de un representante de ventas, que pasó cinco meses por las  carreteras de Francia en 1778 a caballo, dale que te pego. A menudo pienso en él cuando me planteo un plan de negocio para alguno de mis proyectos electrónicos –su caballo nunca llegresaba a la oficina.  Las fantasías futuristas no nos llevarán muy lejos en el duro mundo de la edición actual, pero también ayuda a saber lo difícil que era la empresa en las épocas tempranas de la información.

Perspectiva

Aunque creo que los lectores y los profesionales pueden extraer enseñanzas y perspectivas aprendiendo de sus predecesores, la mayor parte de mi libro se refiere a problemas actuales y a la forma en que sus resoluciones pueden dar forma al panorama de la información para el futuro previsible. Los problemas que enfrenta el libro son urgentes, creo yo, no tanto porque los profesionales del libro deban encontrar un camino a través de las crisis financieras inmediatas que les afectan, sino porque el panorama editorial está cambiando bajo nuestros pies. Estamos viviendo uno de esos raros momentos en la historia en el que las cosas pueden desmontarse y volverse a recomponer en formas que determinarán el futuro durante décadas o más, a pesar de las innumerables innovaciones de la tecnología.

Por eso, como se puede observar, he dedicado gran parte de la obra a los esfuerzos de Google. Los recientes intentos de Google de digitalizar la mayor parte de los libros de las bibliotecas de investigación más grandes del mundo y  luego  poner en el mercado su tesoro digital podría tener un efecto profundo sobre el futuro de la república de las letras digitales. ¿El destino de la república de las letras digitales estará determinado por las leyes del mercado o habrá disposiciones para proteger el bien público? Un tribunal de Nueva York lo decidirá pronto, y su decisión podría tener un efecto profundo sobre las reglas y la forma en que se juega en el mundo de los libros.

Me doy cuenta, por supuesto, de que habrá otros momentos decisivos y otras fuerzas contendientes, y que puede que no sea capaz de ver con exactitud el futuro. Pero se esté o no de acuerdo con mi evaluación de Google, espero que mi volumen, y la historia del libro que ofrece,  sea útil. Al situar las cuestiones actuales  en el contexto histórico, espero tanto fomentar una visión amplia de la situación actual como  estimular el debate.

Y, sí, he optado por hacerlo aportando mis reflexiones en un códice impreso, un hecho que no debe pasarse por alto. Un libro sobre libros: el tema le sienta bien a la forma, pero está destinado a abrir nuestra comprensión de los nuevos modos de comunicación, no a lamentar el fallecimiento de un medio que no ha muerto y nunca lo hará.

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Para que no se diga que Darnton aparece en exceso en este blog y que todo son alabanzas, recomiendo la lectura de una entrada del blog diapsalmata, en la que su autor se queja de tanta futurología sobre el libro y tan poca experimentación ahora mismo.

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2 Respuestas a “Robert Darnton: Juicio a la letra impresa

  1. Excelente artículo.

    Hay una pequeña errata en el párrafo inmediatamente anterior a la sección “Perspectiva”. Donde dice –su caballo nunca llegresava a la oficina.-

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