La historia premiada

Este blog, como saben los habituales, se ocupa de escoger y difundir noticias sobre la disciplina que ocurren más allá de nuestras froneras. No obstante, en ocasiones se permite alguna excepción, y ahora ha llegado el caso, justo cuando se acaba de fallar el Premio Nacional de Historia y podemos ver los paralelismos.  La cuestión es que desde hace días estaba pensando si informar o no de los recientes premios americanos.

Sobre, digamos, los cercanos National Book Awards. Entre los finalistas, algunos historiadores, y entre ellos Greg Grandin, de Yale, cuyo último volumen ha recibido un sinfín de parabienes y alabanzas: Fordlandia. The Rise and Fall of Henry Ford’s Forgotten Jungle City. Es decir, sobre la ruinosa empresa que la Ford Motor Company  montó en Brasil en 1927 adquiriendo más de un millón de hectáreas en pleno Amazonas. Allí contruyeron un pueblo al estilo americano,  Fordlandia,  a cuyo alrededor estaría la mayor plantación del mundo, preparada para explotar la hevea, la resina del árbol del caucho. La inversión superó los 20 millones, pero resultó un fracaso y en 1945 se vendió al gobierno brasileño por 244.200 dólares.

O sobre,  por ejemplo, los American Book Awards, un premio que desde 1978 distingue a los mejores trabajos de la “America’s diverse literary community”, más allá de las fronteras académicas.  En esta ocasión, entre otros, han sido distinguidos dos volúmenes interesantes, ninguno de los cuales firma un historiador:  el de Houston A. Baker, Jr.  (Betrayal: How Black Intellectuals Have Abandoned the Ideals of the Civil Right Era, editado por Columbia University Press) y el de Richard Holmes (The Age of Wonder, de Pantheon Books).

En el primero, Baker estudia los textos de los fundadores de los movimientos de los derechos civiles y el Black Power (Du Bois, King, Malcom X, etc.), contrastándolos con los de la nueva élite neoconservadora (Shelby Steele, Jon McWhorter, Henry L. Gates, etc.) para concluir con esa afirmación que da título al libro.  Por su parte, Richard Holmes, biógrafo de la generación romántica dedicado a Shelley y Coleridge, se ocupa de lo que este último denominó la “segunda revolución científica”, cuando los científicos ingleses de principios del Ochocientos rivalizaban en sus descubrimientos con las proezas de Newton o Galileo. De ahí el título completo, The Age of Wonder: How the Romantic Generation Discovered the Beauty and Terror of Science, con la voluntad de señalar la excitación que la ciencia provocaba entonces. Desfilan así Joseph Banks,el botánico que acompañó a Cook en su viaje a Tahiti;   William Herschel, el descubridor del planeta  Urano; el celebérrimo explorador Mungo Park; o Humphry Davy, poeta y químico que dio al mundo una lámpara para mejorar la seguridad de los mineros; pero desfilan no sólo por sí mismos sino por lo que a su vez representaron para quienes acabaron por construir una mitologia de la ciencia y sus descubrimientos, gentes como Coleridge, Wordsworth, Shelley o Keats.

age of wonder el rey fordlandia

Ahora volvamos al principio, al Premio Nacional de Historia que acaba de conceder el Ministerio de Cultura: El Rey: Historia de la Monarquía, editado para Planeta por José Antonio Escudero. Las comparaciones son odiosas, y ambos galardones muy distintos. Cabría argumentar incluso que la historia siempre ha sido una disciplina predominantemente conservadora, de lo cual se desprende en buena lógica que las instituciones premien cierto tipo de obras. De hecho, los americanos tampoco suelen seleccionar precisamente textos rompedores. Ahora bien, hay diferencias, y saltan a simple vista.

En nuestro caso, y sin entrar en la calidad de la obra premiada (un volumen colectivo en tres partes que ocupa más de mil quinientas apretadas páginas y que no he leído), si conviene considerar el tenor del libro, y más si ha de ser tomado como ejemplo de la mejor producción histórica española. En este sentido, remito al artículo firmado por Julián Casanova en El País de ayer, de título glorioso, que comparto plenamente  y que empieza así:

“Hay muchas formas de abordar la historia de España, pero la que se distingue con el Premio Nacional casi siempre es la misma: la que presta la máxima atención a las aventuras de reyes y nobles, a sus pompas, guerras y conquistas. En la Monarquía se encuentra el tronco de nuestra historia común, parece que piensan quienes conceden ese premio, el vínculo uniformador de nuestro pasado más remoto con nuestro presente más actual.

(continuar leyendo)

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2 Respuestas a “La historia premiada

  1. Parece muy apropiada la lectura del capítulo de Burke titulado “La nueva Historia, su pasado y su futuro” en el libro “Formas de hacer Historia” editado por Alianza editorial.

    El artículo ayuda también a comprender porqué a los alumnos no nos mencionan prácticamente ningún historiador español que haya contribuido en el desarrollo de la historiografía decimonónica. Sería también interesante ver la línea que ha ido llevando la RAH en relación a otras instituciones como la inglesa aunque, como bien se ha dicho, las comparaciones son odiosas.

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