El gesto y su historia

Escribíamos hace semanas sobre un volumen que estudiaba el significado de un célebre gesto: El saludo hitleriano. Curiosamente, la revista Past & Present acaba de presentar el cuarto suplemento al volumen 203 con un título muy cercano: The Politics of Gesture.

politics of gesture

Michael J. Braddick, profesor en Sheffield, se encarga de la introducción, de la que mostraremos los primeros párrafos.

Lo que hay en el centro de ese asunto académico que llamamos “descripción densa”  es el sentido ambiguo de un movimiento físico: un muchacho  que contrae  “rápidamente el párpado del ojo derecho”. Una simple observación (se dice) no revelará el significado de esa señal  -un tic, un guiño o una parodia de un guiño de complicidad  podrían parecer lo mismo. Sólo un análisis etnográfico revelará el significado o los significados de este movimiento a los que lo contemplan (Geertz).  Por supuesto, el tipo de análisis etnográfico al que invita este punto de partida es imposible para casi todos los historiadores, pero la idea ha sido influyente, sobre todo en la lectura de textos. Por ejemplo, Darnton utiliza un planteamiento metodológico similar en su célebre ensayo sobre la matanza de gatos en París en la década de 1730: “Cuando te das cuenta de que no estás captando algo –una broma, un proverbio, una ceremonia– que es particularmente significativo para los nativos, puedes ver por dónde adentrarte en un sistema extraño de sentido con el fin de desentrañarlo ‘.  El significado no explícito o tácito de la acción o expresión es lo que le revela el marco cultural al observador, o bien  un análisis cercano de lo explícito revela la fundamentos conceptuales que hacen que parezca posible, o natural, para los participantes. Aquí hay, tal vez, una conexión con la escuela de Cambridge de la historia intelectual, informada por los escritos de Austin sobre los actos de habla y la intención de recuperar la “fuerza ilocutoria” de los textos, en particular a través de una completa contextualización, que incluya una atención a lo no dicho o a la particular elección que se realiza de entre los medios de expresión disponibles . La tantas veces señalada  convergencia de la historia social, política y cultural tiene como preocupación central la importancia de lo implícito y tácito para la comprensión de lo que estaba pasando y de lo que significaba para los participantes. La comunicación no verbal en los encuentros cara a cara es crucial para esta empresa, y este volumen explora hasta qué punto los historiadores podrían beneficiarse entrando en ese terreno.

El deseo de abrir una  historia cultural nos impulsa hacia lo tácito, lo no dicho y lo  comunicado físicamente. Maneras, comportamientos y gestos delimitan espacios y tiempos concretos –no la totalidad de sistemas culturales, pero sí espacios y tiempos específicos dentro de ellos, distinguiendo, por ejemplo, un museo de una gran tienda o un recital de música de un concierto. La forma en que las personas se presentan a sí mismas, y su relación con otros participantes, forman parte del marco de un encuentro social, y en buena medida la política de ese encuentro se representa en silencio, en la negociación de esas disposiciones.  Fue este último asunto, el lugar de la comunicación no verbal en la delimitación de las relaciones sociales dentro de una cultura determinada, y las posibilidades de impugnación y los malentendidos que surgen– lo que fue objeto de la Conferencia organizada por Past & Present en  2007, dando lugar al volumen actual.

Los ensayos que siguen dan por sentado que los gestos pueden ser poderosos medios de comunicar la afirmación y la solidaridad y, por la misma razón, pueden ser medios de expresar disensiones. Clase, género  y  relaciones generacionales se expresan y reproducen con los códigos gestuales, al igual que las identidades étnicas. Estos códigos son de crucial importancia para el proceso de estructuración descrita por Giddens: a través de acciones individuales expresamos y   reproducimos relaciones sociales más amplias (estructuras). Por la misma razón, los gestos transgresores  o las infracciones de los códigos gestuales, como no quitarse el  sombrero  o un exceso de familiaridad en el apretón de manos, pueden modificar o transformar los patrones de interacción social, dando lugar a un poder con mayor expresión coercitiva  o, en su defecto, una dilución del peso cultural y la eficacia de la autoridad. El gesto, en otras palabras, puede ser el campo de batalla en el que se libran  las visiones divergentes del orden social y político. Las culturas juveniles y las identidades partidistas se expresan de manera no verbal, en sus presentaciones,  que también pueden servir para permitir cambios en los valores establecidos. En situaciones revolucionarias, estas auto-presentaciones expresan de forma abreviada los valores divergentes de los grupos partidistas. Por supuesto, estos enfrentamientos pueden ser inconscientes –como ocurre, por ejemplo, con los  malentendidos  imprevistos en momentos de contacto intercultural–, pero esos malentendidos desafortunados  no son menos importantes por su carácter accidental, ni menos reveladores para los historiadores a la hora de hacer amplias  suposiciones acerca de las relaciones sociales y su regulación.

Este es un terreno histórico relativamente nuevo,   pero está bien establecido en las ciencias sociales y del comportamiento, donde el gesto tiene sus  propias revista  y asociación, así como una serie de textos clave de los que los historiadores pueden tomar bona nota.  En esta  literatura el gesto es definido como un movimiento físico, que puntúa el habla y constituye “la acción como expresión”. A diferencia de otras formas de acción visible que otorgan significado, los gestos son utilizados junto con las expresiones habladas, y otras veces como complementos, suplementos, sustitutos o alternativas a las mismas. Son los usos enunciativos de la  acción visible y son estos usos lo que constituye el dominio del  “gesto”. Esos usos son deliberativos y, aunque se contraponen al contexto de otra información emitida, constituyen un campo distintivo de la acción comunicativa, que los participantes pueden (o creen que pueden) distinguir de las señales involuntarias.   No obstante,  de muchos de los ensayos de este volumen se desprende que a menudo la riqueza de la comunicación no verbal para el análisis histórico y cultural  se encuentra precisamente en esta ambigüedad, y no tanto en la cuestionada diferenciación entre señales físicas voluntarias e involuntarias –por ejemplo,  entre un guiño y un tic nervioso, o la expresión facial de un gesto hecho conscientemente con la mano. De hecho, un aspecto fundamental para la política del gesto es la dificultad de aislar la expresión intencional  y de definir len qué consistía. Aquí, pues, lo que nos preocupa  en la amplia complejidad de los sistemas estructurados de acciones corporales que son adquiridos socialmente y cargados de significado cultural “, de los que el gesto, estrictamente definido, no es sino una parte.

Por decirlo de forma más positiva, este análisis académico sobre  el gesto como una forma distintiva de expresión representa una especie de análisis lingüístico, o una aproximación al problema mente-cuerpo, distinto  del de una  sociología de la comunicación no verbal como Goffman, Bourdieu, Foucault  o Elías podrían haberlo considerado. Pero es a este último enfoque al que más suelen acudir  los historiadores: el intento de comprender el gesto en un contexto más amplio, no sólo el de otras formas de comunicación no verbal, sino el contexto en el que la comunicación se está produciendo, todo el escenario.  Para este último propósito, es esencial tratar de entender todos los aspectos que dan significado a un intercambio.  Esto no es, por supuesto, discutir el valor de una comprensión fundamental de cómo funciona el gesto en relación con el habla y la mente, sino plantearse otra pregunta, una sobre el significado y la impugnación de tales actos de habla. Los historiadores que trabajan con materiales textuales están familiarizados con la importancia del análisis lingüístico y la exactitud filológica, de modo que a menudo éste es el punto desde el que parten;   no lo es menos en el caso del análisis de la comunicación no verbal en estos ensayos. La percepción de los participantes en el trabajo experimental moderno es que parece compatible con el registro histórico –el gesto sería sólo la mitad-percibida, incrustado como está dentro de una amplia gama de señales físicas y verbales.   Aislar el gesto es una operación valiosa no sólo  para comprender su función, sino también para asignarle  una red más amplia en la que entender su significado.

Una política del gesto significa aquí ver cómo las relaciones de poder, las identidades culturales o partidistas y los divergentes intereses sociales se expresaron e impugnaron de forma no verbal. Nuestra pregunta es sencilla  a este respecto: ¿hanta dónde pueden ir los historiadores en el análisis de la expresión, la reproducción y la transformación de los órdenes sociales si complementan  los análisis habituales con un estudio de la comunicación no verbal? ¿Qué añade un estudio de la política del gesto a nuestra comprensión?

(…)

Michael J. Braddick continúa su exposición desgranando algunos de los argumentos que presentan los distintos autores del citado suplemento. Leslie Brubaker, por ejemplo, analiza lo que comunicaba la inmovilidad del emperador bizantino:  «la ausencia de gesticulación era, en lugares públicos, un atributo imperial que visualizaba el papel del emperador como decimotercer apóstol, representante de Cristo en la tierra».  Philippe Depreux, por su parte, estudia el ceremonial de la corte carolingia, y sus descontentos,  señalando la importancia que tenían los encuentros cara a  cara para enmarcar los encuentros sociales, estableciendo la jerarquía y, por tanto, la reproducción del orden político.  La etiqueta ceremonial enmarcada los encuentros de tal manera que los pequeños detalles estaban saturados de significado. En fin, otro de los textos, el de Mary Vicent, se pregunta por la transformación del espacio en el Madrid de la posguerra, cuando se hizo visible, apropiándose de la calle, aquella población que antes se ocultaba por sus simpatías con Franco o por su hostilidad hacia los republicanos.


Otras referencias:

Jan Bremmer y Herman Roodenburg (eds), A Cultural History of Gesture (Ithaca, 1991)
David Yosifon y Peter N. Stearns, ‘The Rise and Fall of American Posture’, American Historical Review, 103 (1998), 1057–95.
Karen Harvey (ed.), The Kiss in History (Manchester, 2005)
Adam Kendon, Gesture: Visible Action as Utterance (Cambridge, 2005)

Aunque no trata el gesto, véase también el reciente volumen editado por la citada Karen Harvey:  History and Material Culture: A Student’s Guide to Approaching Alternative Sources (Routledge, 2009).

Anuncios