Historia de la automoción (y de los conductores)

Ahora que la industria automovilística occidental pasa por su más profunda crisis, he pensado en recomendar algún volumen reciente que aborde de alguna manera este asunto. Me decido por Republic of Drivers. A Cultural History of Automobility in America, de Cotten Seiler, que, como no podía ser de otra manera, ha publicado University of Chicago Press. Dice Margaret Walsh en una reciente reseña que desde finales del pasado siglo ha aumentado el interés por estudiar este objeto, pero que hasta ahora nadie había aplicado las enseñanzas del “giro cultural”, utilizando la teoría crítica y el análisis postestructural, seguramente porque  los interesados previos procedían de la historia del trabajo, de los negocios o del transporte (véase el texto de John Walton: “Transport, travel, tourism and mobility:  a cultural turn“).

reoublic of drivers

Seiler, profesor de American studies en el Dickinson College,  afirma que las cuestiones esenciales que aborda son culturales, filosóficas y políticas, no tecnológicas, ni del mundo de la automoción, ni siquiera psicológicas en sentido estricto. Sus objetos de investigación son los afectos (la cursiva es del autor) generados por la conducción y su instrumentalización por distintos regímenes dentro del liberalismo y el capitalismo del siglo XX . En otras palabras,  su pretensión es examinar cómo conducir ha hecho que los americanos sientan, piensen y actúen de una forma determinada, y describir “el modo de ser y de percibir el mundo que nos rodea – organizado y reforzado por la conducción”. Conducir se ha convertido en un componente clave del carácter estadounidense y es una parte esencial de la forma moderna del individualismo norteamericano.

Seiler  selecciona dos períodos de la historia del automóvil para su análisis. En primer lugar,  los años iniciales (de 1895 hasta los años1920) que titula “Workmen’s Compensation, Women’s Emancipation: The Promise of Automobility, 1895–1929”. Por otra partye, el boom de la posguerra y la guerra fría: “Crafting Autonomous Subjects: Automobility and the Cold War”. Ambos períodos se caracterizaron por un aumento en las ventas de automóviles y el desarrollo de las infraestructuras viarias y ambos experimentaron una crisis o renegociación del individualismo. Seiler  sostiene que el primer período fue testigo de la aceptación o bien del establecimiento de la conducción como forma de vida. De hecho, sugiere que la automovilización masiva  llegó hacia 1929 cuando el coche ya se percibía como agente transformador de las características de los estadounidenses. En aquella época, el automóvil tenía la capacidad de proporcionar a los conductores estadounidenses los “sentimientos de agency, autodeterminación, derecho, intimidad, soberanía, transgresión y velocidad” (p. 43). Tales características facilitaron el establecimiento de la automoción como un bien público y garantizaron su crecimiento como “aparato” o sistema que todo lo abarcaba.

****

En fin, para quienes deseen hurgar en lo supone conducir hoy, quizá les convenga repasar Why We Drive the Way We Do (And What It Says About Us), de Tom Vanderbilt (Alfred A. Knopf). En cambio, si les interesa el futuro, lo mejor es ir a After the Car, de Kingsley Dennis y John Urry (Polity).

Más referencias: Kathleen Franz, Tinkering. Consumers Reinvent the Early Automobile (University of Pennsylvania Press, 2005); Tom McCarthy, Auto Mania. Cars Consumers and the Environment (Yale University Press, 2007);  Deborah Clarke, Driving Women. Fiction and Automobile Culture in Twentieth- Century America (The Johns Hopkins University Press, 2007);  Steven M. Gelber, Horse Trading in the Age of Cars. Men in the Marketplace (The Johns Hopkins University Press, 2008) y Georgine Clarsen, Eat My Dust. Early Women Motorists (The Johns Hopkins University Press, 2008). Hay para todos.

Anuncios