Isaiah Berlin: centenario

Isaiah Berlin nació hace cien años, el seis de junio de 1909. Éste es el motivo que utiliza,  por ejemplo, Nick Fraser para explicar en The Independent por qué sus ideas siguen más vigentes que nunca. Fraser tiene sus propias razones para conmemorar a Berlín. Desde finales del decenio de 1970 en adelante, dice haberse  llevado sus libros cuando viajaba al antiguo bloque soviético o a los Estados de nueva creación tras  la caída del comunismo soviético. Berlin entendió en lo que se convertirían estos lugares como si hubiera vivido la catástrofe estalinista. Pero también describe nuestra situación moderna. Lo que dice sobre la libertad  parece apelar profundamente a nuestra propia apatía actual. Berlin dice, una y otra vez, que la libertad no es un bono o un accesorio, que deben considerarse o descartarse a voluntad. “Cada cosa es lo que es”, concluye. “La libertad es la libertad, no igualdad ni justicia ni cultura, ni  felicidad humana ni una vida tranquila”.

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La condición de Berlín como sabio contemporáneo está garantizada, y su obra ha sido reeditada, reclamada del olvido, pero esto no siempre fue así. En la década de 1960 se decía que su pensamiento estaba superado, que era un defensor de un statu quo corrupto. Los académicos críticos siempre han encontrado que era demasiado fácil de entender. En estos días sus seguidores, señala Fraser,  aplauden con entusiasmo su contribución al pluralismo de los valores del liberalismo,   incluso ha habido una tendencia equivocada a alistarlo en las filas de los multiculturalistas.

Como explica el historiador Tony Judt , Berlín vivió en un contexto en el que no había término medio. “Uno colaboraba con Stalin o no”, dice.  “Esta estética de la elección informaba la comprensión del mundo de la mayoría de los intelectuales”.  Los intelectuales liberales se veían durante la Guerra Fría como combatientes contra el comunismo soviético, y muchos estaban dispuestos a cobrar de la CIA.  Berlín mantuvo sus distancias. Pasó la Guerra Fría en Oxford, leyendo y trabajando sobre la historia intelectual. Su contribución consistió en explicar cómo habían surgido las creencias opuestas a la democracia liberal. Berlin se especializó  en rastrear las tendencias totalitarias en grandes pensadores, como Rousseau, a quien describió como un “intelectual guttersnipe”.

La reciente publicación de sus cartas de los cincuenta deja claro que estuvo totalmente inmerso en las batallas culturales. Berlin fue pro-americano y sionista. Bloqueó el nombramiento de aquellos cuyos puntos de vista le disgustaban, incluido  el biógrafo de Trotsky, Isaac Deutscher. No cabe duda de que Berlin mantuvo vínculos con el MI6. Su reacción cuando se reveló que la revista Encounter, para la que escribió, era financiada por la CIA fue  de una poco convincente simulada sorpresa. Parece que le molestó que se descubriera. Pero si hay errores,  deben quedar contrarrestados por su pasión de patrocinio desinteresado de escritores como Pasternak y Solzhenitsin. Berlin estaba con aquellos que tenían el coraje de resistir a lo que creía que era la peor tiranía que el mundo había visto.

Últimas obras publicadas:

Henry Hardy (ed.), The Book Of Isaiah, Personal Impressions of Isaiah Berlin,  The Boydell Press, 2009;  Henry Hardy y Jennifer Holmes (eds.), Enlightening: Letters 1946-1960, Chatto and Windus, 2009.

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