Miedo y otras emociones: El “giro afectivo” en la historia

La revista griega Historien,  a punto de cumplir una década de vida, dedica su último número al denominado Affective Turn. El tema no es nuevo y se puede seguir, por ejemplo, en  el reciente volumen editado por Patricia Ticineto Clough y Jean O’Malley Halley (The Affective Turn: Theorizing the Social. Durham,  Duke UP, 2007), que a su vez recoge los trabajos que desde 1999 se han realizado en el Center for the Study of Women and Society de la CUNY.

Los textos que ofrece la revista proceden de la III Conferencia  International que dicha publicación organizó  con el título de  “On Emotions: History, Politics, Representations”, celebrada en Atenas en mayo de 2007.

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Este  número  explora, pues,  la creciente importancia que la emoción y el afecto tienen en los discursos  transdisciplinarios, y las bases políticas, sociales y culturales de este reciente cambio en la teoría crítica y la crítica cultural. Los ensayos examinan el significado de la socialidad de las emociones y de  la afectividad en términos de múltiples temporalidades y los cambios históricos,  en las configuraciones de poder a nivel local y mundial, en los procesos coloniales y postcoloniales, en economías políticas capitalistas, en los discursos nacionales y posnacionales,  en las narrativas religiosas y filantrópicas, incluso en la denonimada biopolítica. ¿Cómo podemos estudiar las fuerzas emocionales, individuales y colectivas  en contextos tan variados como la guerra, la descolonización, la migración y la injusticia global? ¿En qué medida la memoria,  la historia,  la política y  la teoría se ven afectadas  por este tipo de contacto con múltiples configuraciones y reconfiguraciones de lo emotivo? Tomados en conjunto, los ensayos abordan una tensión productiva entre las nociones de “emoción”, “afecto” y “pasión social”; esta  suspensión conceptual marca las epistemologías iml¡plicadas enel compromiso histórico y antropológico con el actual “giro afectivo”.

En general, esta recopilación presenta  de qué modo el compromiso teórico con las emociones de mediados de los noventa,  que ha sido identificado como un “giro afectivo” en las humanidades y las ciencias sociales, está basado en algunas de las más innovadoras tendencias epistemológicas de las dos últimas décadas del siglo XX, incluyendo las teorías de corte psicoanalítico de la subjetividad y la sujeción, las teorías del cuerpo y la expresión, la teoría feminista posestructuralista, la crítica poscolonial, la teoría queer del trauma y la melancolía.

Como señaló hace unos años  Barbara Rosenwein, (“Worrying about Emotions in History”, American Historical Review, 107:3, 2002, pp. 821–45), la narrativa histórica dominante estaba basada en el paradigma  progresivo de la autorestricción emocional, asumiendo que la historia de Occidente es la de  una moderación emocional cada vez mayor. Los estudios que han trazado la genealogía de la aparición de “una mentalidad europea de la culpa” a comienzos de la modernidad  consideran esa gran narrativa insostenible, pues  el “proceso de civilización” ya no podía estar ligado a la modernidad (Jean Delumeau, Le péché et la peur). Distintos historiadores han criticado las bases teóricas del viejo paradigma, tomando en consideración  las teorías de las emociones desarrolladas en la antropología y la teoría cultural, con  la formulación de nuevos conceptos para el estudio del pasado y la introducción de un enfoque histórico distinto al abordar las emociones. Rosenwein ha introducido el término “comunidades emocionales” y trata de descubrir el sistema  de sentimientos que rige en estas comunidades. El esfuerzo se centra en los estilos de las expresiones, en los vínculos afectivos que las personas reconocen, las prácticas asociadas a las diversas formas de sociabilidad y sensibilidad que caracterizan a cada comunidad, pero también las diferencias en la expresión, la forma y la limitación de las emociones en cada una de ellas.

Ahí queda eso!

PERFORMING EMOTIONS:
Historical and Anthropological. Sites of Affect

Octubre de  2008, volumen 8:

Athena Athanasiou, Pothiti Hantzaroula, Kostas Yannakopoulos, “Introduction: Towards a New Epistemology: The Affective Turn
Peter N. Stearns, “Fear and History”
Gil Anidjar, “Of Rats and Names (Reflections on Hate)”
Jörn Rüsen, “Emotional Forces in Historical Thinking: Some Metahistorical Reflections and the Case of Mourning”
Alberto Mario Banti, “Deep Images in Nineteenth-Century Nationalist Narrative”
Jina Politi, “A New Species of Man: The Man of Feeling”
Eleni Papagaroufali, “Of Euro-Symbols and Euro-Sentiments: The Case of Town and School Twinning”
Alexandra Bakalaki, “On the Ambiguities of Altruism and the Domestication of Emotions”
Eleftheria Zei, “Relationships of Affection. Relationships of Power: Death and Family Grieving in the Islands of the Aegean, 17th-18th Centuries”
Costas Gaganakis, “Stairway to Heaven: Calvinist Grief and Redemption in the French Wars of Religion”
Despoina Valatsou, “History, our own Stories and Emotions Online”
Luisa Passerini, “Connecting Emotions. Contributions from Cultural History”

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4 Respuestas a “Miedo y otras emociones: El “giro afectivo” en la historia

  1. Problema: ¿cómo objetivar lo emocional?
    El conocimiento científico se asienta sobre bases materiales que puedan ser contrastadas. Podemos analizar el discurso de personas concretas que se identifican con un determinado referente simbólico o emocional (por ejemplo, con una nación o una religión); pero no es posible, creo yo, abordar de manera rigurosa y sistemática el estudio de emociones o sentimientos si no es por las acciones o manifestaciones concretas que hayan protagonizado esas personas.

    • Para qué objetivarlo? Se conoce objetiva y subjetivamente. Precisamente de eso se trata, de reivindicar un modo de conocimiento que está ahí desde que el hombre es hombre. Evidente, se puede hacer de modo riguroso también hay muchas metodologías desarroladas, no responden al paradigma positivista, pero “hailas”.

      Por otro lado, también podemos recurrir al trabajo de Antonio Damasio si queremos aproximarnos al asunto desde un punto de vista ciéntifico-positivista.

      roser

  2. Nadie dijo que fuera fácil. Tampoco los historiadores pretendemos ser físicos ni fijar de una vez para siempre determinadas verdades universales. ¿Cómo comprender, pues, lo emocional? La solución es la señalada: a través de acciones o manifestaciones en las que lo emotivo se documenta. Por supuesto, las emociones son difíciles de captar, resbalan si se las quiere objetivar, no son como un índice de precios, por lo que siempre será difícil emprender esa tarea. La gracia está precisamente en conseguirlo.

  3. Vaya problema el de estudiar las emociones, y vaya dilema para quienes quieren seguir anclados en la absoluta realidad d ela materia. ¿Como estudiarlas?; el mundo de los registros culturales como las caricaturas o los poemas, la literatura y hasta los textos diplomáticos con toda su carga objetiva transportan en sus signaturas las emociones que nuestros colegas quieren desconocer. Pregunto, han leído ud una de las cartas de Reclus sobre los prolegómenos de la revolución rusa de 1905; o han leído las cartas de los anarquistas participantes de la Guerra Civil en España. Contienen emocoines que a luz de la nueva propuesta explican movilizaciones de masas o acciones aparentemente absurdas. Estamos frente a un campo que abre nuevas posibilidades de historiar. Prof. Luis Manuel Cuevas Q.

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