Entre hombres. Familia y sexo homosexual

Charles Upchurch, Assistant Professor de historia en la Florida State University, es un especialista en la Inglaterra victoriana. Su última obra, que algunos clasificarán en el apartado de Queer Studies, lleva por título Before Wilde Sex between Men in Britain’s Age of Reform (UC Press, 2009), y viene a complementar de alguna forma el trabajo de Morris B. Kaplan sobre  Sodom on the Thames: Sex, Love, and Scandal in Wilde Times (Ithaca/Londres, Cornell University Press, 2005)

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Resumen

En la historia europea moderna, el anonimato del espacio urbano ha sido considerado durante mucho tiempo como un elemento capital para el estudio  de las relaciones sexuales entre hombres, pero ha sido siempre un anonimato limitado.   Esos momentos en que uno está solo, de pie en un parque en plena noche, delante de una ventana, o en algún tipo de casa pública  en previsión de un encuentro sexual con otro hombre, fueron robados de la vida que se vivía dentro de la familia y en  las redes comunitarias. Aunque hubo una subcultura homosexual en el XVIII que continuó a a lo largo  del siglo XIX, la gran mayoría
de los datos que se conservan sobre las relaciones sexuales entre hombres  en  la primera mitad del siglo XIX no se refieren a ello, sino a un grupo mucho más amplio de hombres cuyos actos sexuales con otros hombres, mas que estar separados del resto de sus vidas,  quedaron relegados a  “momentos de penumbra” dentro de ellos. El contexto de la mayoría de evidencias que tenemos es el familiar y no tanto el de la molly house.

La familia era un lugar donde se evaluaba la transgresión representada por las relaciones sexuales entre hombres y donde se decidían las consecuencias de esos actos. Muchas situaciones, que eventualmente se convirtieron en causas judiciales, se habían debatido y evaluado dentro de las familias, y estas  intervenciones familiares precedieron lo que fue el interés del Estado por este comportamiento. Las familias siempre condenaron los actos sexuales entre hombres cuando se hacían públicos, y en todos los casos registrados trabajaron en privado para separar y sancionar a los hombres que se sabía que habían participado en tales actos, pero la reacciones familiares también variaban ampliamente. Comprender las pautas de regulación de las relaciones sexuales entre hombres dentro de la familia, y cómo esos patrones diferían según la clase social, nos permite formarnos una idea más clara sobre cómo la sociedad entendía estos actos. Aunque las relaciones sexuales entre hombres casi siempre se trataban como una crisis cuando las familias las descubrían, su designación como “el peor de los crímenes” sólo parece adecuada para una minoría de las familias examinadas y para una minoría de individuos dentro de esas familias.

Las conexiones familiares y las redes de apoyo económico mutuo fueron esenciales para la supervivencia individual y social en todos los niveles de la sociedad británica, especialmente para la clase trabajadora urbana, cuya existencia dependía del continuo trabajo asalariado. En una época de rápido cambio económico y de severos límites a las organizaciones sindicales, la situación económica  de una familia podía deteriorarse rápidamente por razones que escapaban a su control. Aunque los trabajadores se asociaban y tenían programas de previsión para aislar a sus familias de las crisis en el contexto de una economía de laissez-faire, la estrategia de supervivencia más generalizada era la de emplear la mano de obra de las esposas y los niños. Fue una necesidad, pero redujo la autoridad del cabeza de familia y erosionó el control parental sobre los matrimonios.

En el caso de la familia burgesa, en cambio, el poder paterno sobre la economía doméstica era mucho mayor, y fue en aumento conforme fueron agrandando sus negocios.  En ese sentido, el coste de la educación de los hijos les hacía aún más dependientes, y todavía más en el caso de las hijas, a las que había que dotar. Si hablamos de las grandes fortunas, sus miembros eran de  los pocos con suficiente riqueza como  para vivir en forma independiente, si necesidad de trabajar o recibir apoyo de la familia, pero casi nadie parece haber hecho esa elección. Ni siquiera aprovechando el anonimato de la ciudad.  Por  tanto, casi nadie vivía al margen de los lazos familiares durante un período prolongado, y pocos vivieron solos durante mucho tiempo.

Por lo demás, los efectos de la urbanización y de los cambios económicos fueron también atemperados por la persistencia de  fórmulas de empleo previas.  En la primera  mitad del siglo XIX, la categoría profesional más numerosa en Londres fue, con mucho, la dl servicio doméstico, que estaba estructurada por relaciones sociales que procedían del siglo XVIII. En muchos oficios y profesiones, especialmente aquellos que atendían en los comercios de lujo de la capital, en el pequeño taller, los aprendices,  la relación patriarcal entre patronos y  empleados se mantuvo fuerte.

Así pues, el espacio protector de la familia es constantemente invocado como un baluarte contra los abusos y excesos del mundo moderno. El hogar de clase media, tal como lo celebra a finales del siglo XVIII la poesía de William Cowper y lo abraza la Iglesia Evangélica de clase media, es visto como un refugio contra la inmoralidad y la complejidad del mundo moderno.  La casa conserva  los valores religiosos y morales que se ven amenazados en otras esferas de la sociedad. Una familia bien constituida, sancionada por el Estado y la iglesia a través del matrimonio  y garantizada con los ingresos obtenidos a través de diligente trabajo mundano, podrían aislarla de la intrusión externa.

En el fondo, existía un ideal de libertad personal que incluía la convicción de que el poder del Estado debía  ser limitado, y que había una amplia gama de comportamientos, especialmente dentro del hogar,  que estaban  fuera de su competencia. transcurrieron varias décadas antes de que se ampliara la regulación estatal en el ámbito del funcionamiento de la familia, como la Ley de Educación de 1870, que envió inspectores a los hogares de la clase trabajadora.  En la primera mitad del siglo XIX el Estado apenas había empezado a regular esa esfera.  La participación del Estado en las agresiones físicas dentro de la familia era rara, y la mayor parte  de la violencia matrimonial registrada en el hogar no era reconocida como delito. Muchas de las disputas físicas y transgresiones morales
que ocurrían dentro de las familias se quedaban dentro y se resolviían dentro entre sus miembros.

En ese contexto, se ha prestado escasa atención a las familias con hombres que mantenían relaciones sexuales con otros hombres. Los ejemplos de los que se dispone  no sólo muestran la variedad de reacciones de las familias de diferentes clases, sino que también ilustran las divisiones y los conflictos que surgieron sobre la forma de responder cuando esas relaciones sexuales veían la luz.  A veces, padres e hijos se mostraban unidos en sus respuestas, otras veces sus reacciones eran radicalmente diferentes. En muchos  casos, las esposas, madres o hermanas tomaban la iniciativa en la solución de estas crisis, lo que pareció ocavar el estatus y el poder masculinos.

(…)

En la primera mitad del siglo XIX, las evaluaciones sobre la transgresión social que representaban  las relaciones sexuales entre hombres fueron moldeadas por las percepciones que los hombre de la clase media y alta tenían.  Si hoy reconocemos la naturaleza interesada de los argumentos del gobierno aristocrático y la economía del  laissez-faire realizados por estos grupos, hemos estado más dispuestos a tomar sus declaraciones sobre las relaciones sexuales entre hombres
como representativas de las opiniones de la sociedad en su conjunto. En parte,  esta generalización se ha producido debido a que hay pocos documentos personales o memorias que aporten información sobre este tema. Sea cual fuera la clase social,  parece que todos fueron reacios a discutir este asunto, y mucho más a conservar algún registro de lo que hablaron o escribieron.   Pero dado la gente se vio  obligada a expresar públicamente sus puntos de vista sobre este comportamiento en las salas de los tribunales, con cientos de registros para casos ocurridos entre los años 1820 y 1860, es posible adentrarnos en esa institución tan vital para el control de la sexualidad de sus miembros: la familia.

La familia proporcionó un foro alternativo a la sala del juzgado,   donde los individuos evaluaron la transgresión representada por las relaciones sexuales entre  hombres, imponiendo penas y sanciones que se consideraban necesarias para resolver la crisis provocada en la familia. la familia continuó ejerciendo estas competencias a lo largo del período, incluso cuando los cambios sociales y jurídicos  afectaron a sus prerrogativas. Seguramente fueron más los incidentes de este tipo que fueron descubiertos, juzgados  y resueltos únicamente en el seno de la familia que los que llegaron a los tribunales. Aunque algunos de los castigos impuestos dentro de las familias fueron muy severos,   la mayoría de las veces la transgresión parece haber sido acomodada. Las familias hicieron frente a la situación: perdonar las relaciones sexuales entre hombres podía ser preferible a permitir que los hijos sufrieran privaciones por falta del apoyo financiero del  padre. Era preferible a tener que afrontar el estigma social que suponía adoptar un pariente caído en desgracia que permitirle  languidecer en permanente
exilio. La amenaza de las relaciones sexuales entre hombres puede  ser más tolerable que la perspectiva de mantener a un hijo inactivo en el hogar, donde se convertiría en una carga económica para los recursos de la familia. Ninguno de estos puntos de vista alternativos de las relaciones sexuales entre hombres es más “apropiado” que el de las percepciones más familiares de los hombres de la clase media y alta: cada uno remite a las circunstancias individuales y es tan particular  como lo son las opiniones de los hombres de la élite. Estos ejemplos sugieren, sin embargo, que el patrón de designar las relaciones sexuales entre  hombres como “el peor de los crímenes “e s característica de un determinado segmento de la sociedad británica. Si queremos entender lo que significa esa designación, tenemos que examinar los grupos que propagaron y apoyaron esta idea.

PART ONE. UNDERSTANDINGS
1. Families and Sex between Men
2. Class, Masculinity, and Spaces

PART TWO. EARLY NINETEENTH-CENTURY CHANGES
3. Law and Reform in the 1820s
4. Public Men: The Metropolitan Police
5. Unnatural-Assault Reporting in the London Press

PART THREE. IMPLICATIONS
6. Patterns within the Changes
7. Conclusion: Character and Medicine

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Una respuesta a “Entre hombres. Familia y sexo homosexual

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