El éxito del estructuralismo (literario)

Camille Koskas analiza un volumen aparecido a finales de 2008:  Les raisons d’un engouement, le structuralisme littéraire et la crise de la culture scolaire, del sociologo y filósofo  Eric Dumaître (Hermann, Société et pensée).

dumaitre

Barthes, Foucault o Lacan no son precisamente el perfil de escritores que triunfan entre el gran público. Sin embargo, el éxito de sus publicaciones va más allá de un pequeño círculo de académicos y especialistas.  Veamos: de las Mitologías de Barthes se vendieron 29.650 copias entre 1957, año de su aparición,  y 1970; 350.000 ejemplares durante los  años setenta y ochenta, cuando apareció en formato de bolsillo;  20.000 copias de Las palabras y las cosas, de Foucault,  el 1966, año en el que apareció, mientras que los Escritos de Lacan llegaron ese mismo a 5.000.  Y eso es más significativo si pensamos que un libro del ramo de las humanidades, reservado por lo general a una audiencia limitada, rara vez supera  los 800 ejemplares vendidos.

¿Cómo explicar el éxito del movimiento estructuralista, cuyas producciones suelen ser serias y abstractas?  Éste es el punto de partida de Eric Dumaitre, que no pretende volver sobre el eco de este movimiento en el ámbito académico, sino sobre su éxito popular.   Su tesis es sencilla: el éxito de la filosofía estructuralista coincide con un período en que la cultura escolar está en crisis, el papel de las letras puesto en tela de juicio y el  modelo humanista debilitado. Así que el estructuralismo representa para los docentes un “sustituto  del humanismo moderno”, cuyos “recursos argumentativos” ayudarán a restablecer la crisis de identidad de la disciplina literaria y a legitimar su lugar central en la educación.

Este argumento plantea dos cuestiones, en las que se combinan distintos  enfoques (histórico, sociológico, psicológico o cognitivo). En primer lugar, se pregunta cómo explicar “la crisis de legitimidad” de la filosofía humanista, que había permitido justificar hasta entonces la preponderancia de la educación literaria ¿Por qué los profesores de letras han buscado un sustituto? En segundo término, aborda el propio discurso estructuralista: ¿por qué es ésta y no otra la alternativa utilizada?    ¿Cuáles son sus “ventajas cvomparativas”?

La primera parte del libro está dedicada a una definición del estructuralismo literario, analizando su recepción, su identificación, sus relaciones con los géneros preexistentes y  los lazos de parentesco (la teoría de la comunicación, el psicoanálisis, estilística). Al final del capítulo aparece una conclusión muy interesante: el estructuralismo literario es un montaje, un patchwork compuesto de “piezas de lógica y de finalidades diferentes”, lo que permite asignarlo  a campos de estudio variados, multiplicando las formas de interpretarlo y defenderlo. Esto simplifica mucho su recepción,  llegando a diferentes públicos. He aquí su ventaja comparativa.

En los dos capítulos siguientes, Eric Dumaitre proporciona una imagen de la escuela en los años 60, sometida a una rápida evolución, con la enseñanza de las letras amenazada, en un contexto de cambio (democratización de la escuela, cuestionamiento de la dualidad entre la educación primaria y secundaria, aumento de la heterogeneidad de la enseñanza) y de debilitamiento del discurso humanista.  El autor señala que el humanismo podría representar una ideología adecuada para las condiciones educativas de la escuela secundaria. La indeterminación  relativa de  los objetivos pedagógicos del ideal humanista (la realización de las potencialidades naturales de cada individuo mediante la lectura de los clásicos) representa un activo hasta que se plantee la cuestión de los efectos de la cultura general. El concepto de cultura general, que está en el centro del  modelo humanista, es examinado cuidadosamente por el autor, que  insiste en la imposibilidad de definirlo a no ser en negativo (la cultura general no es una enseñanza técnica ni profesional / el bagaje mínimo de conocimientos que otorga la primaria).

El fin de esta dualidad, que conduce al centro de enseñanza único en 1975   pone de relieve la imposibilidad de definir positivamente el concepto de cultura general, que debe cumplir objetivos contradictorios. La evolución de las condiciones de la enseñanza, la creciente heterogeneidad de estudiantes y profesores, la promoción de nuevos modelos educativos, como el modelo tecnocrático, ponen fin al antiguo consenso sobre los valores del humanismo en la escuela.  El ideal humanista tiene pocos argumentos para abordar el reto de su disciplina reina: las letras.  En este contexto, la filosofía estructuralista se convierte en un valioso recurso para reconstruir la identidad de la disciplina literaria y legitimar su lugar en la educación.

Para Dumaitre, el estructuralismo no sólo ofrece  “recursos argumentativos”  propios (por ejemplo, la lingüística como nuevo socio, terreno compartido para todas las letras), sino que también se las arregla para llevar a ese  terreno los argumentos puestos al servicio de otros modelos educativos. Se presenta, por ejemplo, como un competidor eficaz del modelo mediático,   que pretende sustituir el estudio de los clásicos por  la revisión crítica de los productos de masas. Con el éxito de las Mitologías de Barthes, la semiología estructural puede aparecer como una herramienta ideal tanto para el estudio de la producción de la cultura de masas  como de las principales obras literarias.

El trabajo de Eric Dumaitre propone, pues,  una triple reflexión sobre la naturaleza del estructuralismo literario, la naturaleza de la crisis de la cultura escolar de los años sesenta y la convergencia de ambos fenómenos.

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Una respuesta a “El éxito del estructuralismo (literario)

  1. Saludos, Anaclet. ¿Sabes si el libro está disponible en español? JLE

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