La revolución iraní cumple treinta años

El sociólogo franco-iraní Farhad Khosrokhavar (EHESS) es entrevistado por Le Nouvel Observateur a propósito del treinta aniversario de la revolución iraní. Además, acaba de publicar con Amir Mikpey Avoir vingt ans au pays des ayatollahs. Vivre dans la ville sainte de Qom  (Paris, Editions Robert Laffont, 2009).

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Le Nouvel Observateur. – El régimen de los mullahs en Irán celebra su trigésimo aniversario. En el momento de la revolución de 1979, Irán tenía menos de 40 millones de habitantes, hoy casi alcanza los 70. La mayoría de los iraníes no han conocido el régimen del Shah y fueron educados en la ley islámica. Usted acaba de dirigir la primera encuesta sociológica a gran escala sobre la juventud urbana de Qom, la ciudad santa,  de Gazvin y de Teherán. ¿Qué conclusiones ha extraído?

Farhad Khosrokhavar. – En primer lugar, he descubierto que en una ciudad tan devota, cerrada  y tradicional como Qom, donde todo gira en torno a las normas islámicas, gran parte de la juventud, aunque tímidamente, se ha embarcado en un movimiento de secularización de lo religioso, de  autoafirmación y   transgresión, siempre en secreto, de lo prohibido. La mayoría quieren  poder dirigir sus vidas. Tratan de combinar la religión y una individualidad delicada y original. Hay 2,5 millones de estudiantes en Irán, donde el número de analfabetos es muy bajo. Es considerado un país del Tercer Mundo. Todos han sido educados por obligación en las escuelas de los mullahs y durante toda su vida han estado sometidos a una intensa propaganda. Nuestra investigación muestra que el régimen ha tenido éxito con estos jóvenes y a la vez ha  fracasado.  El éxito es que el Islam en su versión chií  se ha convertido en el pilar fundamental de la identidad iraní. Sin embargo, los jóvenes han creado una verdadera distancia entre ellos y el clero, que  mentalmente no les ha convencido. Incluso en una ciudad tan conservadora y tradicionalista como Qom  se cuestiona ese tipo de política teocrática.

N. O. – Leyendo su investigación,  parece difícil valorar el peso respectivo de la cultura patriarcal de tipo mediterráneo, especialmente en el control de la mujer, y de la religiosa.

F. Khosrokhavar. – Es cierto, hay una dimensión mediterránea muy visible en esta parte del mundo. Usted puede encontrar el mismo tipo de patriarcado en la década de 1950 en Sicilia, Córcega y España, donde era impensable que una mujer saliera sola a la calle y donde la cuestión de su “honor” era fundamental. En Irán se ha vinculado  innegablemente esta tradición con el Islam, y en cierta medida la tradición religiosa ha legitimado el patriarcado. Todas las niñas llevan el chador en Qom. El pañuelo está prohibido. Sin embargo, pese a una cierta sensación de incomodidad y de culpa, muchas de estas niñas transgreden las prescripciones, ya sea en momentos de ocio o cuando se relacionan con el sexo opuesto. Saben moverse con delicadeza entre lo lícito y lo prohibido.

En Teherán, el sentimiento de culpa es casi inexistente entre la juventud, porque han adquirido autonomía frente a los religiosos. Su anticléricalisme es declarado. El rechazo de los mullahs está vinculado a la clase dirigente, a los considerados privilegiados. Para los jóvenes de Qom, Teherán sigue siendo Sodoma y Gomorra, una ciudad depravada que inquieta tanto como fascina. Los jóvenes de Qom perciben perfectamente que, a diferencia de su ciudad, donde el control social de los vecinos es muy férreo, Teherán es también un lugar de liberación y emancipación, donde uno puede escapar a la mirada inquisitiva del otro.

N. O. – El rechazo colectivo de los inmigrantes afganos en Irán parece algo compartido por todas las generaciones. ¿Cómo se explica eso?

F. Khosrokhavar. – Es una paradoja. La imagen negativa y preconcebida de los afganos como culpables por aceptar cualquier puesto  de trabajo, con bajos salarios,  y  de importar vicios  y enfermedades es un síntoma de una modernización perversa de la sociedad iraní. En cuanto se habla de un afgano, la mayoría de los jóvenes devotos de Qom olvidan que es una persona, un hermano en el chiísmo. Es un rechazo que calificaríamos casi de laico, en el que la religión está ausente. Hay una forma detestable de nacionalismo iraní que está construida sobre las espaldas de los afganos miserables. Es prácticamente imposible que un niño afgano nacido en suelo iraní obtenga esta nacionalidad. El nacionalismo es un aspecto esencial de la sociedad iraní.

N. O. – ¿Cuál es la relación de los jóvenes con el poder?

F. Khosrokhavar. – No es sencilla. Por una parte, los jóvenes experimentan el hecho de que el régimen nunca es tan represivo como dice ser -hay demasiadas lagunas en el sistema que rige  la vida cotidiana- pero por otro lado muchos se acomodan dentro de un un régimen que desprecian. Aparte de una pequeña minoría – el 15% de la población – que apoya incondicionalmente al régimen, los iraníes han experimentado en tres décadas el fracaso del Islam político. La sociedad iraní ha sufrido dos reveses importantes: la revolución islámica -la realidad ha desmentido las expectativas iniciales- y el movimiento de reforma de 2005,  en el que hubo una movilización masiva de la población. Este segundo fracaso ha causado enorme frustración entre los jóvenes. De repente, todo el mundo se ha refugiado en su caparazón y se aferra a las pequeñas libertades cotidianas que con tanto esfuerzo han obtenido. Los jóvenes saben que el poder nunca será capaz de reclutarlos, ya que han alcanzado un mayor grado de autonomía que en otros países musulmanes de la región. La fuerte diáspora iraní -de tres millones, uno de ellos en los EE.UU.– no corta  los lazos con la patria y contribuye a occidentalizar social y culturalmente la sociedad. Irán es, sin duda, en las grandes ciudades, el país más occidentalizado de  la región.  Qué fracaso para los mullahs!

N. O. – Pero ¿por qué, a pesar de todas estas frustraciones y de la oposición popular, el régimen parece ser estable y estar instalado  en el tiempo?

F. Khosrokhavar. – Ahora mismo, a causa de todas sus frustraciones, los iraníes no han desarrollado una acción colectiva. La parte de la población que es partidaria de las reformas no tiene ninguna organización política. No hay ningún partido político digno de tal nombre en Irán, sólo facciones. No olvidemos que el poder actual, que es apoyado por uno de cada siete iraníes, dispone de un poder represivo muy disuasor.   A corto plazo, nadie espera una revuelta masiva. Pero parece claro que la nueva generación no va a aceptar en los próximos diez años un sistema tan cerrado en el ámbito político. El sistema está bloqueado, pero con un barril de petróleo que en los últimos seis meses ha pasado de 150 a 40 dólares, y con una crisis social sin precedentes (30% de inflación,  desempleo masivo), el sistema puede explotar en cualquier momento. Recientemente, ha habido una petición en favor de la igualdad jurídica entre hombres y mujeres que  ha recogido más de un millón de firmas. Nada detendrá a la sociedad civil, y su divorcio del sistema es evidente. Si estuviéramos en un universo racional, el régimen no presentaría a Ahmadineyad a la reelección en junio. En cierto modo, Bush y él son gemelos, en cuanto a agresión y provocación, y su enfrentamiento hostil ya no tiene razón de ser. Ahora que ha acabado el riesgo de una intervención militar en Irán con la elección de Obama, hay una ligera esperanza de apertura política. Pero sobre la cuestión nuclear,   el Guía Supremo sigue manteniendo una línea dura.

N. O. – ¿Perdurará el divorcio pacífico entre el régimen y la sociedad iraní ?

F. Khosrokhavar. – Sí, pero es un “divorcio a la iraní” . Ambas partes siguen viviendo en un creciente malestar. El régimen ha interiorizado este divorcio con una sociedad a la que ya no busca engatusar o seducir. Irán se está des-teocratizando. Es un logro considerable. El poder y la sociedad continuan observándose,  sin que necesariamente tengan que pasar a la violencia extrema. Pero si aumenta la disensión en el centro del poder, y si hubiera una crisis política en su seno por la cuestión nuclear o por el futuro de las relaciones con los Estados Unidos, entonces los iraníes podrían verse tentados a entrar en el debate a su manera.

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