Las cintas del watergate: sociología de la profesión histórica

A principios  de febrero, el respetado New York Times publicó un artículo que recogía las acusaciones hechas a Stanley I. Kutler, el respetado historiador que editó las  transcripciones del Watergate en 1997 (Abuse of Power: The New Nixon Tapes).  Kutler habría edulcorado el papel de uno de los actores centrales de la trama, el consejero John W. Dean III. En realidad, esas imputaciones esconderían visiones alternativas sobre el papel desempeñado por Dean. Y la rivalidad habría aflorado con un artículo que otro historiador, Peter Klingman, ha remitido a la American Historical Review, la cual ha acabado por rechazarlo. Para Robert Schneider, uno de sus responsables, el artículo tiene interés, pero su objeto es demasiado concreto.

El transfondo.

En 1991, Len Colodny publica un libro (Silent Coup), del que es coautor,  en el que señala que  es Dean, y no Nixon, quien estuvo detrás del asunto Watergate, lo cual le valió una demanda del susodicho Dean, que acabó con acuerdo económico pero creó dos bandos enfrentados. Pasados los años, revisando Abuse of Power, Colodny advierte  que Kutler ha  cometido ciertos errores de transcripción. Además, uno de sus colaboradores,  el citado Klingman, recopila  por entonces las cintas en un archivo:   The Nixon Era Center.

El pasado verano, cierto autor le pide a Kutler permiso para citar sus transcipciones, a  lo cual éste se niega. Así que tiene que acudir a oir las cintas a los National Archives, pero Kutler le demanda  creyendo que ha  usado sus textos sin permiso. Con la mosca tras la oreja, Colodny empieza a decir que, en realidad, todo es fruto de los errores de Kutler, más numerosos de los que él y Klingman habían creído, sobre todo en lo tocante  a Dean III. Kutler se defiende diciendo  que, en efecto, podía haber algún error de transcripción, pero que en ningún caso minimiza el papel desempeñado por Dean.  Así que Colodny llama a Klingman y éste, en lugar de acudir a la prensa, decide que es hora de presentar el asunto a la Academia.  Es decir, se pone a escribir un artículo para la American Historical Review, lo acaba en diciembre y lo remite el pasado enero con el resultado conocido.

Mientras cada uno está a lo suyo, aparece en escena otro investigador del Watergate que le pide a Colodny si puede reseñar el libro que ha escrito, en el que se citan las transcripciones de Kutler. Por supuesto, Colodny se echa las manos a la cabeza y le dice a su desconcertado colega que ese volumen no es fiable. Éste, que conoce a un periodista del Times, le dice que quizá ese periódico esté interesado en la controversia, y…

Como ha dicho Rick Shenkman, de quien he extraído el relato anterior,  Stanley Kutler, un héroe para los historiadores por haber conseguido sacar a la luz las  cintas de Watergate, ha visto cómo  su profesionalidad era puesta en tela de juicio en uno de los más venerados  foros de la crítica. De  modo que las sospechas de unos cuantos han acabado convirtiéndose en un importante debate público.

The Watergate Transcript Controversy

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