La colaboración palestina con el sionismo

Leyendo hace unos días  Israel’s New War Ethic,  el artículo del siempre interesante Neve Gordon para The Nation, me vino a la mente su reseña de hace meses del libro de Hillel Cohen que publicó el pasado año la University of California Press: Army of Shadows: Palestinian Collaboration with Zionism, 1917-1948. La recensión vale la pena (Shadowplays, marzo de 2008) , como también la de Benny Morris (The Tangled Truth The New Republic, mayo de 2008)

armyofshadows

Hillel Cohen  pertenece al Harry S. Truman Institute for the Advancement of Peace de la Hebrew University of Jerusalem, donde enseña historia, y es un autor bastante prolífico.  Su volumen más reciente es algo así como “La plaza del mercado esta vacía” (“Kikar Hashuk Reka,” Ivrit Press), sobre Jerusalén este,  y el primero fue “Hanifkadim Hanokhahim” (2000), un volumen sobre los palestinos expulsados de sus casass en 1948, pero  que se quedaron Israel. Entre medias, aparecieron “Aravim Tovim” (que viene a ser Los árabes buenos, de  2006), donde examinaba la colaboración árabe-israelí hasta 1967 y “Tzava Hatzelalim” (20049) que es el único traducido al inglés: el citado Army of Shadows.

Quizá el título les recuerde a algunos la película homónima de  Jean-Pierre Melville, protagonizada por Lino Ventura, pero en esta ocasión no es la resistencia francesa la protagonista, sino el complejo fenómeno de la colaboración entre los árabes palestinos y el movimiento sionista durante el mandato británico sobre aquella región.  Un tema que en su momento provocó una sentida polémica a ambos lados, pues el libro presenta tres perspectivas: la  del nacionalismo palestino, que trató a estos “colaboradores” de traidores y los persiguió; la del movimiento sionista,  los utilizaba  para socavar la sociedad palestina desde dentro, al tiempo que los traicionaba;  y la de los propios colaboradores, que tenían una visión alternativa de nacionalismo palestino.

Cohen señala que la búsqueda de apoyo entre los árabes de Palestina fue una novedad para el mvimiento sionista. Al principio, cuando Palestina era parte del Imperio Otomano, el movimiento puso su mayor empeño en la diplomacia,  fruto de lo cual fue la Declaración Balfour. la cuestión de las relaciones futuras con los habitantes árabes del país quedaba al margen.  Sólo tras  la conquista británica de 1917,   líderes sionistas ermpezaron a abordar este desafío. El resultado fue un ambicioso programa para obtener una amplia cooperación de los árabes palestinos con la empresa sionista. Cuando en 1919 Chaim Weizmann firmó un acuerdo sobre Palestina con el emir Faysal, uno de los líderes de la movimiento nacional árabe, quedó reforzada la idea de que los árabes tendrían que consentir una patria sionista entre  ellos.

Pero, al mismo tiempo, los nacionalistas árabes palestinos, algunos de los cuales se habían opuesto al  sionismo  a finales del período otomano, comenzaron a reorganizarse. Su  posición había quedado muy reforzada porque el principio de autodeterminación de los pueblos de la región había  sido aceptado por la comunidad internacional. Además, la Declaración Balfour y la aspiración de  los sionistas de  establecer un estado judío acrecentaron los temores de los árabes en general. Ambas ccosas  intensificaron los sentimientos nacionalistas. La oposición al  programa sionista  encontró su expresión en el establecimiento, a partir de 1918, de   asociaciones musulmano-cristianas. Esto fue seguido de manifestaciones antibritánicas y antisionistas  y de ataques a los  judíos en abril de 1920
y mayo de 1921.

El movimiento sionista desarrolló una estrategia como respuesta a este proceso, con el objetivo de socavar desde dentro la formación  de un nacionalismo palestino. Los medios utilizados fueron determinados personajes políticos árabes  y los colaboradores. Implicaron a numerosos activistas sionistas a todos los niveles implicados. El núcleo del movimiento fue un arabista del Zionist Executive,  Chaim Margaliot Kalvarisky, un veterano comprador de tierras para la Jewish Colonization Associatio,  que estaba bien reelacionado con los árabes. Por encima de él, su superior jerárquico era el coronel  Frederick Kisch, un oficial de inteligencia británico retirado,  al frente de la política sionista del Zionist Executive en Palestina. El presidente del movimiento sionista, el Dr. Chaim Weizmann, también participó en los contactos. Éste reividicaba, al menos de cara al exterior, que la inmigración judía sólo traería beneficios para los residentes árabes  en el país.  reyeron que podían comprar a  los líderes árabes locales. Y lo que es más importante, se negaron a reconocer la autenticidad del nacionalismo árabe en  Palestina. Los telegramas enviados al gobierno británico por opositores árabes formaban parte de esa estrategia.

weizmann

Durante su visita a Palestina en la primavera de 1920, Weizmann celebró una serie de  reuniones con distintos palestinos. Al parecer, el encuentro alentó el optimismo. Tomó café con jeques beduinos en  Beit She’an  y fue recibido solemnemente en Abu-Ghosh, cerca de Jerusalén. En Nablús,  el anterior alcalde, Haidar Tuqan, se comprometió a difundir el sionismo por todo el altiplano de Samaria. Los  encuentros de Weizmann fueron organizados por miembros de la oficina de  inteligencia de la Asamblea electa, el organismo responsable de la inteligencia y las actividades políticas dentro de la población árabe. Al término de su visita, Weizmann pidió a la oficina  la elaboración de un plan global para contrarrestar la oposición árabe al sionismo. Su propuesta fue la siguiente:

1. Trabajarse un acuerdo con Haidar Tuqan. Tuqan, que había sido alcalde de Nablus  al final del período otomano y había representado a la ciudad en el Parlamento otomano después de 1912, recibió 1.000 llibras del líder sionista. A cambio,  se comprometió a organizar una petición en favor de los sionistas en la región de Nablús y abrir un club cultural y político prosionista  en la ciudad.
2. Crear  una alianza con los influyentes  emires de la zona oriental del Jordán, de acuerdo con el supuesto de que se mostrarían reacios a apoyar un movimiento nacional dirigido por las elites urbanas y, por tanto, a ser aliados naturales  de los sionistas.
3. Establecer  una alianza con los jeques beduinos en el sur de Palestina,  con el fin de cortar las conexiones que ya existían  entre ellos y los activistas nacionalistas.
4. Comprar  periódicos hostiles al sionismo, con el fin de garantizar una política editorial prosionista. Esta táctica se basaba  en la fe en el poder de la palabra escrita y en el supuesto de que la presentación del caso sionista  podría prevenir la propagación del nacionalismo palestino al  público en general.
5. Organizar y promover  las relaciones de amistad con los árabes,  así como la apertura de  clubes para el efecto.
6. Provocar la disensión entre cristianos y musulmanes.

Este es un documento clave. En 1920, los judíos eran  un poco más de una décima parte de la población del país, pero los principios que establece el documento se han mantenido ncomo base para la relación entre ambos pueblos hasta el día de hoy. Aboga por tres estrategias. La primera era el apoyo a las fuerzas de la oposición entre el público árabe con el objeto de crear liderazgo  alternativo.  El segundo era profundizar las fisuras en la sociedad palestina con la separación de los beduinos del resto de la población,  y  fomentando  los conflictos entre cristianos y musulmanes (y drusos). La estrategia final era el desarrollo de una máquina de propaganda a través de la prensa y de determinados escritores, que proclamarían las ventajas que obtendrrían  los árabes de Palestina si no se oponían al sionismo.

El plan se basaba  en la presunción de que no había un auténtico movimiento nacional árabe en Palestina. En cierto modo, era cierto, pero quienes  lo promovían  se empeñaban en negar lo que ocurría ante sus narices.  Así, por ejemplo, el Dr. Nissim Maloul, secretario para asuntos para asuntos árabes en el Consejo Nacional, órgano rector de la comunidad judía en Palestina, callificó una furiosa manifestación dee la que fue testigo en Jaffa  en febrero de 1920 como una “manipulada demostración nacionalista”. Señaló que la mayoría de de los participantes eran fellahin, agricultores árabes pobres,  “cuyas ropas y apariencia  indican que no saben por qué razón están ahí”.  En el Congreso Sionista celebrado un año después, el líder laborista Berl Katznelson utilizó términos similares. Estas personas optaron por creer que esa oposición sería derrotada con el   crecimiento económico que acompañaría al asentamiento judío. Esa fe se vio reforzada cuando consiguieron reclutar colaboradores, cuya propia existencia y  alistamiento serrvía  como prueba de que su  percepción era correcta. Kalvarisky organizó a los colaboradores en los marcos de política nacional. La primera iniciativa fue la creación de las Muslim National Associations, a las que siguieron los partidos de agricultores.  Los miembros de las asociaciones no eran necesariamente nacionalistas, y los miembros de los partidos de agricultores  no eran necesariamente los agricultores.

(…)

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En fin, para Cohen Cohen  los árabes se vieron en una encrucijada. Hubo quienes apoyaron la idea de  Hajj Amin al-Husayni de que toda Palestina debía seguir siendo árabe y que los sionistas tenían que combatidos. Era una concepción similar a la que expresó en 1911  un profesor de matemáticas llamado  Mustafa Effendi Tamr:  “Estáis vendiendo la propiedad de vuestros padres y abuelos por una miseria a  gente que no tendrá piedad de vosotros, a quienes  trabajarán para expulsaros  y borrar la memoria de vuestras vidas,  dispersándoos entre las naciones. Es  un crimen por el que vuestros nombres quedarán registrados  en la historia, una negra mancha, una deshonra  de la que se hará cargo vuestra descendencia, y que no quedará borrada ni siquiera con el paso de los años y de las épocas”.  Y hubo quienes sostuvieron  el “discurso de lo posible”,  el de quienes vieron en los sionistas un adversario demasiado poderoso para ser derrotado  y  en consecuencia, optaron por confiar en la coexistencia.

Como señala Neve Gordon relacionando este libro con el más reciente (Aravim Tovim), Cohen acaba por hacer  una historia de la resistencia palestina dentro de Israel, ya que la colaboración, a la postre, está firmemente ligada a la existencia de la resistencia. La primera generación de palestinos no mantuvieron la cabeza baja  y, a través de su resistencia, consiguieron algunas cosas. Una de ellas fue su capacidad para ocultar y defender a miles de refugiados palestinos que, tras la guerra de 1948, se infiltraron de nuevo en Israel. A pesar de las oportunidades que tuvieron de entregar a esos “infiltrados” y de la labor  de cientos o miles de colaboradores, alrededor de 20.000 refugiados, que en aquel momento constituían aproximadamente el 15 por ciento de la población palestina en Israel, lograron asentarse y, en última instancia,  obttuvieron la ciudadanía.   El segundo logro implicaba la creación de numerosos consejos municipales palestinos, a pesar de la oposición de  los Comités de Asuntos Árabes, que se esforzaron en evitarlos. La tercera tiene que ver con la memoria colectiva palestina. El Ministerio israelí de Educación, junto con los servicios de seguridad israelíes, trataron de socavar el nacionalismo palestino impidiendo el desarrollo y la difusión de un programa nacional de narrativa histórica. Los programas escolares se han limitado a una interpretación sionista de los acontecimientos, mientras que cualquier forma de expresión nacionalista palestina fue reprimida enérgicamente. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos del Estado, Cohen muestra su permanencia, que esa historia nacional  no se ha borrado.

Teniendo en cuenta, concluye Gordon,  el destacado papel de la resistencia en ese volumen, no sólo no es sorprendente que la primera generación de  palestinos que participaron en esas actividades en la década de 1950 y 60 se enorgullezca de leer el libro, sino que tampoco lo es que insista en que lo lea la generación precedente. Si el libro funciona es, entre otras razones, porque muchos palestinos   lo leen  como un manual para comprender la situación actual en Gaza y Cisjordania. En este sentido, Aravim Tovim no puede separarse de Army of Shadows. Ambos libros describen los métodos y las tácticas utilizadas por los organismos de seguridad de Israel para penetrar, fragmentar y controlar  la sociedad palestina a través de la producción de una profunda desconfianza. A su vez, ambos volúmenes proporcionan los antecedentes necesarios para comprender cómo Israel explota de manera efectiva las condiciones existentes con el fin de reclutar colaboradores.

Entrevista en Haaretz el 14/6/2007

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5 Respuestas a “La colaboración palestina con el sionismo

  1. Es de agradecer tan buena información que como toda la de estas caracterásticas ayuda a deshacer las visiones maniqueas que alimentan los cada vez más habituales slogans.

  2. moltes gràcies per aquest article i per les obres que ens descobreixes.
    La col.laboració es una de les pitjors coses que han fet els israelians amb els palestins i es una cara bastant desconeguda, com el procés d’assimilació i discriminació dels palestins a dins israel.

    salut!

  3. Cuidado con los falsos amigos … lo digo por lo de “demostration”, que es una manifestación…de esas con pancartas y gritos

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