Los mejores libros del año (2008)

best-of-2008Con el año a punto de finalizar, se cumple una de las costumbres navideñas. Ni el turrón, ni el besugo, ni la pierna de cordero o el pavo, ni siquiera las uvas. Las inevitables listas de los mejores libros de año. Como  a todo no podemos llegar, ni esta bitácora se ocupa de otros ramos, iremos a lo más sustancioso en cuanto a la historia y sus aledaños se refiere. Se obviará, como es habitual, nuestro entorno más cercano. Lo cual, en este caso, está más justificado si cabe. Por ejemplo, en el   número del pasado 17 de diciembre del interesante suplemento cultural de La Vanguardia (Cultura/s) se revisan y recomiendan  algunos de los mejores títulos del año. Pues bien, en el apartado de no ficción no aparece ningún libro de historia, ni producido aquí ni traducido. Y algo parecido ocurre, por ejemplo, en Babelia, donde en el apartado “ensayo” aparecen dos volúmenes de la casa (Taurus): Sobre el olvidado siglo XX, de Tony Judt , y Vida y tiempo de Manuel Azaña 1880-1940, de  Santos Juliá.

O es simple desprecio o tenemos una profesión invisible. Cada uno que opte por lo que mejor le acomode. Así pues, ya que aquí nada podemos encontrar, vayamos a otros parajes.

Empecemos con el británico TLS y sus “Books of the Year 2008”, a cargo de un selecto grupo de críticos,  escritores y pensadores (repásenlos).  La ficción predomina, pero hay de todo, incluso los volúmenes de Obama, a quien por cierto Esprit dedica su último número, y no faltan tampoco los libros de historia. Ell filólofo Tom Holland arrima el ascua a su sardina y cita dos obras que le son muy cercanas, como latinista que es:  la obra de James J. O’Donnell, Provost de la Georgetown University, titulada The Ruin of the Roman Empire: A new history (Ecco) y el volumen del reputado profesor oxoniense  Robin Lane Fox,  Travelling Heroes: Greeks and their myths in the epic age of Homer (Allen Lane). El polifacético Clive James se decanta por dos obras sobre el mundo de las Rusias:  el del popular  Simon Sebag Montefiore,  The Court of the Red Tsar (Weidenfeld and Nicolson), sobre el zar Stalin, y  The Whisperers (Penguin), del inevitable Orlando Figes, de la que ya hemos hablado aquí. Por otra parte, en los aledaños está la elección de Roman Williams, que incluye A Secular Age (Belknap), del ya clásico filósofo   Charles Taylor, y la obra de Dai Smith que también ha pasado por este blog, Raymond Williams: A warrior’s tale (Parthian.

En Francia, han sido Lire y Le Point los que han mostrado sus cartas. Este último periódico ofrece veinte títulos, con poca historia. Se puede entender como tal el volumen Un traître, del periodista Dominique Jamet (Flammarion), en el que relata la trayectoria   de Jacques Vasseur, responsable de la Gestapo de Angers de 1942 a 1944, el último francés condenado a muerte por colaboracionista.  Lo mismo se puede decir del segundo volumen de la biografía de Hugo, acargo de Jean-Marc Hovasse (Victor Hugo, tome II. Pendant l’exil : 1851-1864. Fayard). Biografía es también el Paul Valéry de Michel Jarrety (Fayard) . Hay otros libros interesantes, pero la cosa está tan apurada que, desoyendo el amor patrio, el único libro de historia que aparece en el listado de Le Point es la traducción que propone Jean-Pierre Ricard del historiador militar norteamericano Victor Davis Hanson, La guerre du Péloponnèse (Flammarion) .

sand La revista Lire, asociada con  L’Express, lo pone más fácil. También se seleccionan dos decenas de volúmenes, pero lo hacen por secciones, de modo que a nuestra disciplina le corresponde un título, que resulta ser otra traducción: Comment le peuple juif fut inventé, el provocador volumen del historiador  Shlomo Sand (Fayard), que desbanca así a otro libro semejante que es citado en el podio elaborado por Le PointIl était un pays. Une vie en Palestine, del filósofo palestino  Sari Nusseibeh (JC Lattès) . No obstante, lo peor son los nominados en casa Lire, no ya el Louis XIII del historiador y polítólogo  Jean-Christian Petitfils (Perrin), sino el polémico Aristote au mont Saint-Michel (Seuil), de Sylvain Gouguenheim, volumen que ya hemos tratado aquí al derecho y al revés.

suffering Ahora bien, la palma se la llevan como siempre los amigos del otro lado del Atlántico, sobre todo el New York Times. Dada la medida de su mercado, su lista recoge los cien volúmenes más notables del año, aunque también han hecho otra con los diez mejores, que es donde nos vamos a quedar. Su selección es bastante ortodoxa, con cinco libros de literatura y otros tantos de la denominada nonfiction, entre los cual aparece un único título de historia: Republic of Suffering. Death and the American Civil War (Alfred A. Knopf). El volumen se debe a  Drew Gilpin Faust,  President de Harvard, y explora el legado mortal de un conflicto en el que, en cuatro años, murieron   620.000 americanos uniformados. Un trama generado por  “a newly centralized nation-state” , dice Faust, que estableció el “sacrifice and its memorialization as the ground on which North and South would ultimately reunite”. En todo caso, la elección no hace sino confirmar el justificado interés por los títulos que analizan las primeras décadas de la historia americana. De hecho, entre aquel centenar de libros notables hay varios sobre ese período, incluyendo al ya comentado The Hemingses of Monticello: An American Family, y sin olvidar que el verdadero libro del año ha sido, como hemos explicado aquí, el  Team of Rivals de Doris Kearns Goodwin.

Y, para terminar, vayamos a la competencia, al capitalino Post, que se limita a recoger las obras que sus críticos han juzgado más positivamente a lo largo del año, con un total de trece títulos de historia, muchos de los cuales son también sobre el siglo XIX: American Transcendentalism, de Philip F. Gura (Hill and Wang), una suerte de historia intelectual del período 1830 to 1850; Capitol Men, de Philip Dray (Houghton Mifflin), centrado en los primeros afroamericanos del Congreso; The Day Freedom Died, de Charles Lane (Henry Holt), que analiza el mayor acto terrorista durante la Reconstruction (la denominada masacre de Colfax, de 1873, en el contecto de las acciones del Ku Klux Klan);  Lincoln and Douglas, de Allen C. Guelzo (Simon & Schuster), sobre aquella legendaria campaña electoral; Sarah Johnson’s Mount Vernon, de Scott E. Casper (Hill and Wang), una visión del reverso de los padres fundadores, que estudia el trabajo de los esclavos en aquella heredad; el ya citado This Republic of Suffering, de Drew Gilpin Faust (Knopf); Throes of Democracy, de Walter A. McDougall (Harper), un análisis sobre el carácter americano que se centra en la American Civil War Era (1829-1877) ;   y Waking Giant, de David S. Reynolds (Harper), sobre la era jacksoniana.

vermeer_l Luego están los que exceden ese período cronológico: American-Made, de Nick Taylor (Bantam), sobre la Gran Depresión;  Defying Dixie, de Glenda Elizabeth Gilmore (Norton), cuyo subtítulo dice abordar las raíces radicales de los derechos civiles (1919-1950);  el célebre Hitler, the Germans, and the Final Solution, de Ian Kershaw (Yale); Prague in Danger, de Peter Demetz (FSG), que se centra en los años de la ocupación alemana (1939-1945); , y Vermeer’s Hat, de Timothy Brook (Bloomsbury),un interesantísimo estudio sobre la globalización del siglo XVII en el que analiza, utilizando referentes pictóricos, las relaciones sociales y económicas entre los holandeses y la China, que describe en términos de transculturación (“the process by which habits and things move from one culture to another so thoroughly that they become part of it and in turn change the culture into which they have moved”).

Y eso no es todo, porque en apartados distintos al de “historia”, aparecen volúmenes como los del citado  Orlando Figes, el de Benny Morris (1948), el de Niall Ferguson (The Ascent of Money) y algunos más.

En fin, si aluien se ha quedado con ganas, puede acudir a Publishers Weekly, The Atlantic, New Statesman, The Economist, The Financial Times, The Telegraph, seguir el selecto The Year in review en The New Yorker o repasar el reducido grupo de volúmenes galardonados con el National Book Awards, entre los que figura el ya reiterado  This Republic of Suffering.   

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9 Respuestas a “Los mejores libros del año (2008)

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  3. He visto las declaraciones del “provocador” Shlomo Sand del que extraje esto para su juicio desde el punto de vista histórico que es objeto de este blog:

    “Sostengo que eso es una “invención”, de la misma manera que no creo que hubiera un pueblo francés hace 250 años. La mayoría que vivía en el reino francés no sabían que eran franceses, incluso no lo sabían en la primera mitad del siglo XIX.”

    Y me pregunto: dado que los franceses son considerados pueblo aunque sea mucho después de “hace 250 años”, no sería lógico considerar a los judíos pueblo aunque sea después de su mítica, como es siempre, “invención”?

    No me atrevo a afirmarlo, pero tal vez la “provocación” seudorigurosa sea bastante mercantilista… Sinceramente, me gustaría tu opinión como historiador tanto del primer asunto como del segundo (sin duda, muy en relación con la transformación capitalista del libro en objeto de intercambio apuntado por Roger Chartier que dicho también de paso me parece tan esclarecedor sobre este tema).

    Un saludo.

  4. La ventaja de Israel es que es una sociedad democrática, lo cual permite que se puedan expresar opiniones como las de Sand. No veo ese tono mercantilista. Cierto que todos los pueblos inventan su historia y que, por tanto, eso no puede servir para explicar comportamientos concretos. Lo que Sand señala es precisamente el reverso. Es decir, que Israel olvida deliberadamente esa constatación, con las consecuencias que de ello se derivan. Como el derecho al retorno que ofrece a unos y rechaza para los árabes, o la ocupación de un territorio ajeno sobre un supuesto derecho bíblico a la tierra de los ancestros (inventado, diría Sand). En fin, es sobre ese mito de la nación eterna, y cómo se ha construido, sobre el que ha trabajado Sand, en la senda de Ranger, Hobsbawm, Ernest Gellner o Benedict Anderson. Por supuesto, esa mirada y las fuentes que utiliza se pueden discutir, como hizo el profesor Israel Bartal en Haaretz (http://www.haaretz.co.il/hasen/spages/999386.html), pero no se puden obviar.

  5. Gracias por la respuesta. Sólo una aclaración: decía “mercantilista” sin duda vituperando la intencionalidad del autor que tal vez pudiera pretender conseguir resultados de ventas por encima de resultados elucitatorios. Pero debo reconocer que lo deduje del reportaje que le hacen y puede ser una extrapolación insuficientemente sólida. Y una cosa más: no creo que se pueda decir “Israel” como un bloque o como una “naturaleza” “rechaza para los árabes”, sin embargo se puede decir que el “islamismos” (y no “el mundo árabe” que tampoco es un bloque) SÍ RECHAZA a los judíos y… a todos los que no comulgan exactamente con la sharia (ni siquiera aquellos que son considerados “herejes” los unos para los otros, como lo que enfrenta a sunies y chiies, etc.).
    Gracias, Pons, de nuevo también por toda la buena información que aportas en este blog.

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