La historia: materia transversal

A finales del pasado septiembre se publicó en los USA un breve informe sobre la situación de la historia en la llamada “Liberal Education”: The History Major and Undergraduate Liberal Education: Report of the National History Center Working Group to the Teagle Foundation,  Stanley N. Katz and James Grossman, co-chairs (with the assistance of Tracy Steffes)

Recordemos que la “Liberal Education”  tiene que ver con la educación universitaria de pregrado,  el college, durante la cual los alumnos estudian diferentes disciplinas que no necesariamente tienen que ver con el posgrado que realizarán y que les dará la competencia profesional deseada. Así pues, tratar este asunto, y más con la modificación de nuestros planes de estudio, resulta  muy interesante. Vayamos a la conclusión que extraen los citados autores:

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Conclusion:

Nuestras conversaciones con colegas y las (ciertamente no sistemáticas) encuestas han señalado el considerable orgullo que sienten  los historiadores al participar en la empresa de la educación liberal. Esta confianza en la centralidad de nuestra disciplina para el aprendizaje liberal no es injustificada, ni es la simple satisfacción de  contribucir a ese plan de estudios. Las reuniones que hemos mantenido con los jefes de departamento  nos han recordado hasta qué punto los historiadores se toman en serio lo que significa la educación liberal, pero también cómo buscan formas de hacerla más eficaz. Aún queda mucho por hacer para mejorar la calidad de la enseñanza de la historia, tanto para formar historiadores como para la educación liberal. Hemos identificado numerosos desafíos y posibilidades que merecen una cuidadosa atención y exigen mucha más investigación. Necesitamos saber más sobre  los supuestos que manejan    los historiadores a propósito del conocimiento previo de los métodos (adquiridos con su educación anterior) por parte de los estudiantes que desean estudiar la carrera de historia. La extraordinaria expansión de la AP de historia en el bachillerato ofrece entre otras cosas una oportunidad, porque la estandarización de la AP nos proporciona mejor información sobre cómo preparar esa prueba. Tenemos que ser más cuidadosos a la hora de situar a  la historia en relación con las otras disciplinas, y en relación con el “giro histórico” en humanidades y en otras disciplinas de las ciencias sociales. Tenemos que repensar la naturaleza de los cursos de historia para quienes no van a cursar esa carrera, y el papel de la historia como disciplina de servicio, ya que con frecuencia se exige uno o más cursos de historia a todos los estudiantes de artes liberales. De hecho, en muchas instituciones, la mayoría  de estudiantes matriculados en los cursos de historia provienen de  otros campos.

[Recordemos que AP significa Advanced Placement test: una prueba de nivel para los alumnos de secundaria orientada a no tener que cursas ciertas asignaturas en la Universidad. Acudamos a la wikipedia: The Advanced Placement Program is a program that offers college level courses at high schools across the United States and Canada. According to the Good Schools Guide International, it is “usually much more rigorous than the general course offerings”]

La secuenciación de la historia  merece una cierta reflexión. Aunque con la posible excepción de la elite de las instituciones de educación superior, es casi imposible imponer  la periodización  para una población estudiantil transitoria en medio de un debilitamiento de la capacidad institucional para sostener una completa gama de ofertas de cursos. La regulación de los créditos  también genera  limitaciones (…)

Sin duda, necesitarnos  hacer un mejor uso de la tecnología de la información en nuestra enseñanza y en las oportunidades para el aprendizaje de los estudiantes, y tenemos la ventaja de que historiadores como Edward Ayers y el difunto Roy Rosenzweig (y los Centros que han creado) nos han mostrado cómo empezar. El aprendizaje liberal del siglo XXI debe incluir un énfasis en cómo cribar la información, en la capacidad de trabajar con ingentes  cantidades de datos y referencias para identificar lo que es útil y fiable. Tenemos que insistir más en la investigación y la escritura como componentes críticos del aprendizaje del estudiante. El núcleo, la habilidad subyacente del aprendizaje liberal, es el pensamiento y la expresión analíticos, y ésta es una habilidad que sóo se adquiere con la práctica.

Tenemos que seguir examinando tanto la función de estudiar fuera como el potencial de la historia como  forma de educación experimental que se lleva a cabo tanto fuera como dentro de las aulas. Esto significa un compromiso para explorar la forma de vincular lo global con lo local en nuestra construcción de la carrera de historia. Parte del gancho de la historia   a este respecto es  su compromiso cada vez mayor con la historia pública, que en el contexto pedagógico en general  significa obtener ventaja de los recursos locales y las exploraciones de la cultura local. Esto significa en parte  formar a los estudiantes para organizar y presentar la historia para el público en general (en los archivos, sociedades históricas o del Gobierno, lugares históricos, por ejemplo). Eso también demuestra la materialidad de la historia, la presencia del pasado en el medio físico que  ancla  la experiencia cotidiana. En ambos casos, la práctica de la historia en lugares públicos, y el reconocimiento de los aspectos históricos de la cultura, nos enseñan que la democracia requiere un público históricamente cultivado. La historia, después de todo, es básica para la cultura cívica, y el historiador profesional necesita estar a la altura de la responsabilidad de examinar y dar forma a esa cultura. Por  tanto, la preparación de los graduados de historia para cargos públicos de responsabilidad en la sociedad debería ser uno de los objetivos de la enseñanza de la historia. Cada departamento, en la construcción de la carrera, puede exigir aquellas habilidades  que vayan más allá de la disposición general del aprendizaje liberal.

La cuestión de lo que deseamos que sea el aprendizaje liberal y el de la historia propiamente dicha debe  ser revisada por las  facultades de historia regularmente, y alentamos a los colegios y universidades a que  proporcionen los recursos necesarios para dicha reflexión y revisión. La discusión de los resultados del aprendizaje   alienta a los profesores a pensar cuidadosamente acerca de las competencias históricas y sobre los objetivos del aprendizaje liberal a la hora de  diseñar e  impartir cursos. Además, estas conversaciones alentarán a que los miembros del profesorado se sitúen a sí mismos en el contexto de una amplia visión de la educación liberal en la universidad. Estas discusiones en los departamentos deben ser complementadas con debates con colegas de otros departamentos (incluyendo las bibliotecas y los centros de nuevas tecnologías) y con la administración universitaria acerca de los objetivos del aprendizaje liberal. Esperamos que la administración universitaria sepa alentar estos debates transdisciplinares, iniciándolos y  encontrando formas de ofrecer recompensas institucionales (o, al menos, eliminar los desincentivos) para el profesorado que contribuya a la educación liberal más allá  de su departamento.

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Una respuesta a “La historia: materia transversal

  1. No cabe duda de que la Historia está siendo por así decirlo ‘atacada’ dentro del currículo y que hay muchas personas que la consideran una disciplina obsoleta. Corremos el riesgo de que la historia pierda peso específico y que acabe convirtiéndose en una de las ‘marías’ sin un auténtico valor académico de peso.

    Por esto pienso que todos los amantes de la historia hemos de ser bastante activos en su promoción.

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