¿Qué haría Jefferson? Karl Polanyi lo dejó escrito

En el inicio de la temporada editorial, la corporación norteamericana de historiadores parece coincidir en un volumen: The Hemingses of Monticello: An American Family, obra de  la profesora de leyes Annette Gordon-Reed (Norton). La autora y el libro han sido elogiados en la NYRB, señalando que presenta Monticello como lo que es, una encarnación real y metafórica de su creador: Thomas Jefferson. Completa de ese modo, por otra parte, su volumen de 1997 Thomas Jefferson and Sally Hemings: An American Controversy, (University of Virginia Press), que cosechó tanto éxito como polémica suscitó. En esta ocasión, por ejemplo, las alabanzas han continuado en el Post,  en The New Yorker, en  Slate y la propia autora se ha referido a su obra en TheRoot y en diversas entrevistas que ha concedido. Además, el pasado 23 de septiembre lo presentó en la Library of Congress, en una lectura pública que hizo en el Thomas Jefferson Building.

Aunque el volumen trata de la vida familiar del político americano y de sus relaciones con la esclava Sally Hemings, algunos se han empeñado en leer entre líneas y han sacado provecho para explicar el tema del día: el marasmo financiero. En Dissent, se preguntan qué haría hoy Jefferson. se afirma que la regulación de las corporaciones en nada contradiría los principios jeffersonianos y que más bien lo que los ofende es fortificar la conspiración de los ricos y poderosos, dejando a la gente corriente sin protección. El asunto es tan candente y los debates en las Cámaras tan descarnados que los comentaristas están rescatando todo tipo de libros sobre los principios del liberalismo o, en su caso, del conservadurismo para entender lo que ocurre.

Se recupera así el volumen editado por Charles Dunn,  The Future of Conservatism: Conflict and Consensus in the Post-Reagan Era (ISI Books, 2007); Conservatism in America: Making Sense of the American Right, de  Paul Edward Gottfried (Palgrave Macmillan, 2007); Radicals for Capitalism: A Freewheeling History of the Modern American Libertarian Movement, de  Brian Doherty (Public Affairs, 2007);  y se presta atención a Bad for Democracy: How the Presidency Undermines the Power of the People (University of Minnesota Press, 2008), de Dana D. Nelson;  a Anarchism/Minarchism: Is a Government Part of a Free Country?, editado por   Roderick T. Long y Tibor R. Machan (Ashgate, 2008); o a The Private Abuse of the Public Interest: Market Myths and Policy Muddles, de Lawrence Brown y Lawrence Jacobs (University of Chicago Press, 2008); o a The Anti-Intellectual Presidency: The Decline of Presidential Rhetoric from George Washington to George W. Bush, de Elvin Lim (Oxford University Press, 2008). Y, por supuesto, Tom Wolfe ha incidido de nuevo en esta hoguera de vanidades, que ahora titula Greenwich Time.

Ahora bien, lo que más me ha llamado la atención ha sido el artículo aparecido en openDemocracy a propósito de la actualidad de Karl Polanyi, testo que  aquí ha adaptado  y traducido parcialmente  La Vanguardia.: “El libro de Polanyi proporciona un relato absorbente, aunque algo digresivo, del modo en que funcionan los mercados modernos y, en particular, de su inestabilidad estructural y sus inexorables vaivenes y oscilaciones. Poniendo en duda la idea de que había algo “natural” o universal en el mercado moderno y sin dedicar tiempo a las elucubraciones sobre una “mano oculta”, Polanyi hizo hincapié en las bases culturales y políticas de los mercados. Puso de manifiesto que lo que había dado lugar a ese complejo fenómeno, generador a la vez de riqueza y de inestabilidad y pobreza, era el resultado concreto de la sociedad industrial moderna. Escribiendo como escribía durante las secuelas de la Gran Depresión, en la década de 1930, que desembocó en el estallido de la guerra, su conclusión era un producto de la opinión liberal del momento, bien fundada, abierta y socialdemócrata: los mercados, entidades humanas y contingentes, deben ser regulados y gestionados por los estados. No hay nada parecido a una “mano oculta”. Un mercado “puro” y sin restricciones no puede ni debe existir”.

Es un autor que conozco bien y no puedo por menos de felicitar al articulista, Fred Halliday, que en el original recomienda además a la desaparecida economista Susan Strange (y  su Dinero loco). Por supuesto, para quienes no conozcan a este pensador centroeuropeo, nada mejor que la estimulante lectura que supone La Gran Transformación (La Piqueta y sobre todo FCE, que lo ha reeditado varias veces ), título que acaba de copiar Karen Amstrong, pero que pertenece con todo derecho a Polanyi desde 1944, año curiosamente en el que nació esta famosa especialista en religión comparada.

Por cierto, dos apostillas. Existe en Canadá (donde falleció en 1964) un Karl Polanyi Institute of Political Economy,   en cuyo consejo directivo están, entre otros, su hija (Kari Polanyi-Levitt) y Oswaldo Sunkel.  Por otra parte, conviene precisar que Polanyi nunca ha dejado de suscitar interés y curiosidad, de modo que la bibliografía sobre su obra es abundante. Lo último: New Perspectives on the Place of Economy in Society,  editado por Mark Harvey, Ronnie Ramlogan y Sally Randles (manchester University Press, 2008).

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