La historia transnacional: Ian Tyrrell

Poco nos llega de lo que hacen nuestros colegas en las antípodas. Así que, para los curiosos impenitentes, les voy a recomenendar el blog de Ian Tyrrell, profesor de historia en la University of New South Wales, de Sydney, donde imparte docencia sobre historia americana, historia ambiental e historiografía. Además, ha sido hasta hace un par de años presidente de la Australian and New Zealand American Studies Association y acaba de volver de una estancia en la parisina École des Hautes Études en Sciences Sociales. Pero, sobre todo, es un pionero de la llamada transnational history. ¿Que qué es eso? Pues el propio Tyrrell nos lo explica en una entrada de su blog, resumiendo uno de los textos que presentó en París.

El término, nos dice, es relativamente nuevo. De hecho, se puso de moda en los noventa asociado a los estudios sobre la historia americana. La historia transnacional, según la definían David Thelen, Thomas Bender y otros, se refiere al movimiento de la gente, las ideas, las tecnologías y las instituciones a través de las fronteras nacionales y se aplica al período posterior a la aparición del estado-nación (desde la independencia americana), aunque su origen se podría situar en el tratado de Westfalia de 1648.

Ahora bien, para aclarar el asunto y evitar algunos malentendidos, Tyrrell nos propone un poco de genealogía.

En 1992, el Journal of American History dedicó una edición especial a la “internacionalización” de la historia americana. El editor, Thelen, organizó además un seminario en 1998 sobre esas miradas transnacionales en el Institute for Social History de Amsterdam y al año siguiente publicó los resultados en otro número especial titulado “Beyond the Nation”. Mientras tanto, la Organization of American Historians había iniciado, junto con Thomas Bender y la New York University, otro proyecto para internacionalizar la historia americana. Se organizaron unas conferencias La Pietra, en Florencia, de las que surgió el volumen Rethinking American History in A Global Age (2002), Este libro se convirtió en la introducción estándar a esta nueva práctica. De todos modos, bien pronto se dejó atrás su estrecha vinculación a la historia americana, abarcando muchos otros aspectos, sobre todo en lo referente al estudios de los comportamientos migratorios y las diásporas étnicas, como la china.

Aun no siendo lo mismo, la nueva historia transnacional fue relacionada con la globalización, la historia mundial y la historia comparada. La globalización se rechaza generalmente debido a sus lazos con la teoría de la modernización, su focalización en la actividad unidireccional, en la homogeneización del mundo, etc. Pero se reconoce que la perspectiva global debe ser parte de la historia transnacional. La historia transnacional es algo más amplio, que abarca la historia global porque los E.E.U.U. desde sus inicios, estaban globalmente conectados, con unoscomerciantes que visitaban todas las áreas importantes del mundo y con unos misioneros que aspiraban a la conversión global del mundo al cristianismo y con otros viajeros que les siguieron al poco . Las relaciones transculturales o interculturales eran términos posibles, en competencia, pero quienes participaron en las conferencias de La Pietra los consideraban demasiado genéricos y vagos. El concepto de historia transnacional permitió aquellos estudiosos reconocer la importancia de la nación al tiempo que contextualizaban su crecimiento. Además, quienes abogaban por lo transnacional distinguían generalmente su trabajo del de la historia comparada. Sin embargo, una y otra vez, tuvieron que reconocer que la historia comparada podía complementar las miradas transnacionales, aunque éstas no fueran exactamente la misma cosa, sobre todo porque al comparar la historia de dos o más paísesse tendía a tratar las fronteras nacionales como algo dado. En cambio, según la nueva visión, uno debe ser consciente que qué lo que constituye los espacios, las instituciones y las tradiciones nacionales han cambiado con el tiempo. La historia transnacional intenta contextualizar esos desarrollos nacionales, explicando la nación en términos de sus influencias internacionales.

Fue entre 1989-1991 cuando la idea de historia transnacional empezó a convertirse en un programa de investigación específico. Aunque se asociara a un artículo que escribí en la American Historical Review (1991), la idea había sido sugerida en 1989 por Akira Iriye defendiendo un examen no sólo del nacionalismo sino del “internacionalismo” y sugiriendo el estudio de una explícita “historia cultural transnacional” que complementara los desarrollos meramente nacionales.

Las causas del nuevo movimiento eran a la vez intelectuales y políticas. Ante todo, el deseo de sintetizar la fragmentación académica sufrida por historia social, especialmente en el área de la historia diplomática, que había quedado marginada de la historia social, perdiendo el contacto con esa práctica. Las nuevas aproximaciones en historia internacional insistieron en la perspectiva cultural de la investigación diplomática. Al mismo tiempo, los historiadores sociales, particularmente los que trabajaban en los movimientos reformistas y en la historia de mujeres, se movían más allá del marco de la referencia nacional para estudiar el papel de las organizaciones no gubernamentales y los movimientos reformistas individuales y su influencia en las acciones del estado-nación. Hubo otra influencia política e intelectual más genérica: el impacto de la vambiante situación histórica mundial. El derrumbe de la Unión Soviética y la emergencia de la nueva globalización llevaron a los historiadores a preguntarse por la eficacia de los estados-nación como marco para el análisis.

Aunque el proyecto de investigación era relativamente nuevo, el término “transnacional” ya había sido utilizado en el discurso histórico y sociológico. Fue utilizado en ciencia política, por ejemplo, para describir las actividades de las corporaciones multinacionales y los sindicatos internacionales en los años 70. Robert Keohane y Joseph Nye editaron un ejemplo temprano e interesante de este género, Transnational Relations and World Politics (pero este trabajo se centraba en las instituciones formales del Estado, sin incorporar la nueva historia social, y carecía de perspectivas históricas que mostraran la trayectoria de los movimientos transnacionales, con la excepción del interesante trabajo de Alexander Field). Cierto uso provenía del campo del derecho, donde el juez y académico americano Philip Jessup utilizaba el término y desarrollaba el campo de la “ley transnacional” en los años 50 en respuesta al crecimiento de nuevas instituciones supranacionales, sobre todo las agencias de la ONU. Los orígenes del propio término “transnacional” se pueden rastrear por lo menos hasta 1916 en un ensayo seminal aparecido en los Estados Unidos y escrito por el intelectual radical Randolph Bourne, titulado “Transnational América”. Sin embargo, los historiadores han tratado el término de manera diferente , puesto que el uso de Bourne era una invitación al multiculturalismo americano y en cierto modo una invocación al exceptionalism americano. Los historiadores han producido una más amplia tradición de escritura histórica transnacional, la cual puede ser identificada con el movimiento transnacional actual o con la propuesta intelectual de Randolph Bourne.

En un sentido lato, buena parte de lo que entendemos por la escuela de Annales también propuso una suerte de historia transnacional,  aunque no en términos estrictos, porque se impulsaba  una historia cultural y regional antes que  nacional en una era en la que todavía prevalecía la regla dinástica. A la reunión de Oslo del Congreso Internacional de Ciencias Históricas de 1928, la alocución de Bloch   se ocupó aparentemente de historia comparada, pero también hizo alusión al transnacionalismo moderno, demostración cómo las apxomimaciones transnacionales y comparadas podían combinarse. Era más probable que la historia comparada  ofreciera explicaciones fructíferas, señaló  Bloch, cuando invocó “un estudio paralelo de las sociedades que son  vecinas y contemporáneas, que ejercen una influencia mutua constante, expuestas en su desarrollo  a la acción de las mismas causas profundas aunque sea porque están cercanas y son contemporáneas, y que deben  su existencia en parte al menos a un origen común”.  Donde existen tales condiciones, se pueden distinguir diferencias sustanciales  dentro de patrones comunes y las hipótesis se presentan más para  explicar las diferencias observadas que en los casos en lo que lo primero son las desemejanzas radicales. El trabajo que Bloch y  Febvre emprendieron en   Annales inició formas de historia transcultural y de historia regional muy influidas por la geografía. El ejemplo más famoso fue el de Fernand Braudel, cuyo Mediterráneo (1949) se ocupaba de las  influencias geográficas, económicas y demográficas. Dentro de este marco, las influencias políticas, especialmente el papel de los gobernantes europeos, eran lla parte efímera.

Aunque los historiadores americanos se acercaron  a Annales en los años 60 y comenzaron a pensar en términos de  historia transnacional en los 70  -como se ve en el trabajo de Laurence Veysey, e incluso  el término efue usado por David Pinkney (apoyando la historia europea) y  Carl Degler (críticamente)–.  es verdad que   los historiadores americanos fueron reacios a la hora de conectar   con el trabajo de otras disciplinas que desarrollaron ideas sobre el análisis transnacional. Y eso ha continuado, con el desarrollo delas  perspectivas transnacionales en historia mundial, en sociología y en campos tales como la historia china,  todavía arrinconada por parte de los historiadores americanos y no comparada con  el ejemplo americano. Una diferencia con el trabajo hecho en otros campos  en esas décadas anteriores fue que la  semilla cayó sobre tierra pedregosa. Hoy en día, el campo de la historia transnacional (y  los actuales desarrollos  en sociología y antropología) tiene una clara perspectiva de   transformación académica   porque se conjuga bien  con los cambios percibidos en la economía mundial y en el orden social asociados a la globalización.

……

Transnacional es un término muy amplio, pero  abarca  menos que el monstruo destructor determinista y unidireccional de la globalización, o que las generalidades  terminologicas de lo  “transfronterizo”,  que podría referirse a  fronteras internas del estado-nación, como los municipios.  El propósito de la etiqueta transnacional es de hecho más concreto: centrarse en la relación entre la nación y los factores que la trascienden.

Se dice a menudo que la nación implica soberanía e identidad. Por tanto, la dimensión transnacional es menos importante o no lo es  en absoluto. Con todo, es una idea completamente desencaminada mesurar estas relaciones como algo a ser sopesado. Enfrentar los factores  externos  con los  internos en la historia americana es una fórmula errónea, especialmente para el siglo XIX,  cuando el estado era relativamente débil y el comercio, el  capital  y el trabajo fluían libremente. Incluso cuando el estado-nación llegó a ser vital, eso  mismo se produjo transnacionalmente. Es decir, el contexto global de la seguridad, de la competencia económica  y del cambio demográfico significa que los límites de la nación tuvieron que ser construidos. No existieron aisladamente.    Las identidades nacionales se han definido contra otras identidades, incluyendo fenómenos transnacionales que afectan a la nación mientras se construye. Esta fabricación transnacional de la nación a través de una variedad de fronteras, desde  los controles de inmigración a la cuarentena por razones sanitarias o  los proyectos de memoria  nacional,  ha tenido un peso decisivo sólo en épocas muy   recientes  -en el caso americano, como tantos  otros, sobre todo entre 1880 y 1940. La historia transnacional  denaturaliza   la nación, de modo que  es un tema aplicable a otras historiografías, aunque  la americana   haya encabezado  este programa de investigación.

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2 Respuestas a “La historia transnacional: Ian Tyrrell

  1. Hablando de antípodas y de historia transnacional me ha venida a la cabeza la trascendencia que en el análisis de la conformación de los respectivos relatos nacionales, en países como Argentina, tiene el fenómeno migratorio, y con ello los nombres de Fernando Devoto y de la revista Estudios Migratorios Latinoamericanos. Y, además, me he acordado que a finales de agosto, de este mismo año, tienen lugar en Leiden el XV Congreso de la AHILA. Para que te hagas una idea del peso de la agenda transnacional, el primero de los seminarios aprobados, con la presencia de Mario Cerutti, tratará de “La Europa del Sur y América latina (1957-2008) Inversión, transferencia tecnológica y desarrollo empresarial”. El encuentro lleva el título genérico de 1808-2008: Crisis y Problemas en el Mundo Atlántico, y quien esté interesado pude encontrar más información en http://www.ahila.nl/
    Un abrazo

  2. Pingback: Las otras historias de Sanjay Subrahmanyam: entrevista « Clionauta: Blog de Historia·

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