Blogs y lectura en tiempos de pantalla: Chartier

Como siempre, leo con interés las declaraciones de Roger Chartier. En este caso, a Jesús Alejo para el mexicano Milenio:


En esta ocasión, Chartier cita el ejemplo   de los blogs, que   en Francia ya comienzan a sustituir y a competir de manera firme con los suplementos literarios, por la facilidad de su lectura.

“Hay escritores que abren su blog y presentan las etapas de la construcción del libro o publican documentos que acompañan la creación estética. Lo ideal sería publicar en forma impresa y después hacerlo en su forma electrónica, como una manera de coexistencia, de articulación, pensada por el escritor mismo.”

Lo mismo sucede en el asunto de los periódicos: hoy día viven una crisis los periódicos en forma impresa, pero las lecturas diferentes, las posibilidades de una edición impresa y una electrónica del mismo medio, resultaría positivo, porque no se lee de la misma manera, ni con la misma temporalidad.

“Los artículos, aunque se supone son los mismos, su sentido es diferente cuando está ubicado dentro de una página en la que debe coexistir con columnas, crónicas, editoriales, publicidad, a cuando se lee a partir del orden enciclopédico o temático de la versión electrónica.

“Cada una tiene sus ventajas y límites. El caso es encontrarlas mediante su puesta en marcha.”

Roger Chartier (Lyon, Francia, 1945) no es pesimista acerca del futuro del libro como objeto, aunque matiza cuando se trata de su concepto como historia. Para la obra creativa, asegura, cualquier forma es posible: puede estar en un rollo, como en la antigüedad, o en un objeto, pero “si sólo se entiende el libro como una materialidad que permite o impide alguna relación con la cultura escrita y con el texto de la obra, el problema es diferente”.

Mientras en el libro-objeto, la relación con la obra es inmediata y construye la globalidad, en el libro electrónico los fragmentos no necesitan estar relacionados con una totalidad, pueden estar aislados de la construcción global en la cual fue puesto por su autor.

“Puede darse una mutación esencial y el libro, como obra, puede existir en todas formas, pero el libro como materialidad, tal como lo conocemos, obliga a usos que son diferentes frente a la pantalla.”

“Hasta ahora no está en peligro el objeto, nunca habíamos publicado tantos libros y hay librerías que se abren, editores que multiplican las ediciones: en el metro de París, por ejemplo, la gente lee revista, diarios o libros en forma impresa.”

Con todo ello, Roger Chartier advierte de la importancia de dejar de construir una especie de “edad de oro” de la cultura impresa, como si en el siglo XIX todo el mundo hubiese tenido un libro entre sus manos.

Y también alerta acerca de la necesidad de estar atentos a otros problemas: se publican más libros, sí, pero al mismo tiempo se redujo el núcleo de los compradores de libros, porque sus antiguos compradores han redistribuido sus gastos de diversión hacia el turismo o el cine, y han reducido sus compras.

“Eso no significa que se lean menos libros, sino que en el público de lectores se ha reducido”, finaliza Chartier, y eso también es un peligro.

“El mundo electrónico es también un mundo de lo escrito, porque permite la multiplicación de la lectura”, dice Roger Chartier, para quien las encuestas de lectura sólo se refieren a “ese acto noble, que sirve para hacer pensar o introducir a una forma legítima de diversión”, mientras la lectura como práctica es discriminada: la gente lee los carteles, los papeles, los web site.

En la actualidad, las editoriales buscan el éxito por cualquier parte, y a la novela la gente le es fiel y no sólo entre los más letrados. “Qué las hace resistir a los problemas, no lo sé, cómo va a resistir dentro de las generaciones nuevas, tampoco lo sé”.

“Quizá debemos pensar en la imagen dentro de la pantalla electrónica, en una nueva forma de cómics, como aquella alianza que se inventó hacia fines del siglo XIX con la misma preocupación: la gente se alejaba de una lectura más clásica, más austera e introducía la imagen con el fin de atraer a los lectores.”

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