Edward Said perdura, sus críticos renacen

Parecen malos tiempos para el discurso que nos legó Edward Said. Su integridad moral y la honrosa lucha por los derechos de su pueblo no se discute, pero sus ideas se ven contaminadas por la deriva del presente, tan dado a la confusión interesada. Es significativa, por ejemplo, la reseña que aparece el siete de mayo en el TLS a propósito de dos obras que analizan al autor palestino: Reading Orientalism: Said and the Unsaid, de Daniel Martín Varisco (University of Washington Press, 2007) y Defending the West: A Critique of Edward Said’s Orientalism, del conocido como Ibn Warraq (Prometheus Books, 2007)

Martín Varisco es un antropólogo especializado en la agricultura yemení, de modo que su punto de partida parece ser reprochar que Said no hubiera tenido en cuenta los discursos de la etnología, la sociología o la psicología para armar sus ideas. Pero ese no es el problema fundamental de Orientalismo, lo es estar lleno de trucos retóricos:

“Before teasing out the meaning of this passage, it is important to look at Said’s rhetorical style. Beyond the working definitions outlined at the start, this distinction here is what he “really” means, the heart of the matter. Notice how this passage sidesteps a totalizing sense by qualifying “unconscious” with “almost”, “found” with “almost exclusively”, and “unanimity, stability, and durability” with “more or less”. This trope of the adverbial caveat dangled like catnip before the reader allows Said to speak in round numbers, so to speak, rather than giving what might be called a statistical, and thus potentially falsifiable, sense to his argument. As a result, any exceptions pointed out by a critic are pre-mitigated. The caveats appear to flow from cautious scholarship, but the latent intent is that of a polemicist.”

Y habría cosas peores, como su uso incorrecto o parcial de los autores clásicos que cita.

Pero, si eso les parece crítico (pero dentro de los cauces habituales), más lo es Ibn Warraq, pseudónimo de un antiguo musulmán que ha de ocultar su verdadero nombre por razón de su abandono confesional. Más aún, haber leído Orientalismo sería uno de los motivos por los que el autor habría abrazado Occidente, su cultura, su racionalidad y su objetividad, cosas todas ellas que Said habría asaltado sin compasión. Y lo habría hecho de mala manera, con lecturas erróneas de textos inocentes y desconociendo los principales hechos históricos: Said no dominaba la cronología de la expansión árabe ni la de los imperios occidentales. En fin, el ataque llega al punto que el autor de la reseña, Robert Irwin, se ve en la necesidad de defender al desaparecido Said. Pero eso es en el Times londinense, porque en otros lugares el volumen de Warraq ha sido la excusa perfecta para decir “basta”. De hecho, David Pryce-Jones tituló su reseña en The New Criterion con esas mismas palabras: “Enough Said“. Del autor palestino dice que “was an outstanding example of an intellectual who condemned the West root and branch while taking every advantage of the privileges and rewards it has to offer. In its dishonesty and exercise of double standards, his was truly a cautionary tale of our times”. Por oposición:

Defending the West might seem a specialist book with a narrow focus on someone who made a spectacle of himself by absorbing uncritically the Third Worldism of his day, a lost soul who perhaps ought to be pitied rather than exposed. That would be quite wrong. The purpose here is to reinvigorate the humane and universal values without which there is no civilization worth the name. Ibn Warraq is anxious because these are bad times for the West: its culture is in decay, its achievements denigrated, its citizens everywhere demoralized, and therefore in a weak position to defend themselves against militant and mindless Islamism. It is a source of hope, and some sort of historic milestone as well, that a Muslim by birth should now be the free spirit calling on the West to be true to itself.

Edward Said, con sus muchos errores, no necesita defensa académica, pero por si acaso les dejo con un par de párrafos que cierran el prefacio de 2003 a su Orientalismo:

Los terribles conflictos que pastorean a los pueblos con consignas tan falsamente unificadoras como “América”, “Occidente” o “Islam” e inventan identidades colectivas para una enorme cantidad de individuos que en realidad son bastante diversos, no deben permanecer en la potencia que ahora mantienen y debemos oponernos a ellos. Aún contamos con habilidades interpretativas racionales que son un legado de la educación humanista, no piedad sentimental que clama por que retornemos a los valores tradicionales o a los clásicos, sino una práctica activa del discurso racional, secular, en el mundo. El mundo secular es el de la historia como la construyen los seres humanos. El pensamiento crítico no se somete al llamamiento a filas para marchar contra uno u otro enemigo aprobado como tal. En vez de un choque de civilizaciones manufacturado, necesitamos concentrarnos en el lento trabajo de reunir culturas que se traslapen, para que se presten unas a otras, viviendo juntas en formas mucho más interesantes de lo que permite cualquier modo compendiado o no auténtico de entendimiento. Pero este tipo de percepción ampliada requiere tiempo, paciencia e indagación escéptica, y el respaldo que otorga la fe en las comunidades de interpretación, algo difícil de mantener en un mundo que demanda acción y reacción instantáneas.

El humanismo se centra en la individualidad humana y la intuición subjetiva, no en ideas recibidas o autoridades aprobadas. Los textos deben leerse como producidos y vividos en el ámbito histórico de todas las posibles formas del mundo. Pero esto no excluye el poder. Por el contrario, he tratado de mostrar las insinuaciones, las imbricaciones del poder inclusive en el más recóndito de los estudios.

A la vista de las anteriores críticas, nos podríamos preguntar si  acaso vuelve esa forma de comprensión y de dominación que Said tildó de orientalista. Lo dudo, pero lo que sí puedo mencionar es la exposición que la Tate londinense acaba de abrir para este verano (4 de junio-31 de agosto) con el título de The Lure of the East. A ella se ha referido hace unos días Àngel Duarte en su Tinglado, blog que les recomiento.

Así pues, la Tate ofrece puro lujo asiático para pensar social y culturalmente el poder del imperio: “British Orientalist Painting will explore the responses of British artists to the cultures and landscapes of the Near and Middle East between 1780 and 1930, offering vital historical and cultural perspectives on the challenging questions of the ‘Orient’ and its representation in British art”. 

N.B.: Le Monde se ocupó también de Said no hace mucho. La razón en este caso es la tardía traduccion francesa de sus Reflexiones sobre el exilio (Debate, 2005)

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2 Respuestas a “Edward Said perdura, sus críticos renacen

  1. Los límites del análisis de Said eran palmarios. Lo mismo que su capacidad para, con todo, iluminar no pocos de los rincones oscuros de construcciones intelectuales de tanto significado político como la orientalización de “Oriente”. La beatificación a la que, a menudo, procedemos con autores y obras seminales acaba facilitando los análisis corrosivos -y no menos parciales que los que acompañan a la subida a los altares- de la posterioridad. Por lo demás, a menudo obviamos en la lectura de las obras la trascendencia de las biografías de los autores. En Orientalismo las dos cosas eran una. En Warraq, al que reconozco no haber leído, por el momento, parece pesar, también, como una losa la experiencia.
    Por cierto, gracias por la inmerecida referencia al Tinglado

  2. Totalmente de acuerdo. En cuanto a Warraq, un iconoclasta al que quizá he tratado con demasiada ligereza, digamos que esta crítica procede de un texto suyo de hace años (“Debunking Edward Said: Edward Said and the Saidists”), que se puede leer en el Center for Inquiry (http://www.centerforinquiry.net/isis), dedicado a promover la secularización dela sociedad islámica.

    Como curiosidad, añadamos que en Europa lo publicó en 2003 al menos la revista Cogito, que es turca (http://www.ykykultur.com.tr/cogito/37/sonsayi.html)

    En castellano tenemos: Por qué no soy musulmán. Barcelona, Ediciones del Bronce, 2003.

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