Herodoto y Michel de Certeau

La NYRB del 15 de mayo resulta, como de costumbre interesante. Para los amantes de la historia, y para quienes se complacen es saber cómo se escribe, hay un artículo del clasicista Peter Green sobre Herodoto, más bien sobre dos volúmenes del pasado año que lo muestran y analizan: The Landmark Herodotus: The Histories (Pantheon, 2007), editado por Robert B. Strassler e introducido por Rosalind Thomas y A Commentary on Herodotus, Books I–IV (OUP, 2007), a cargo de David Asheri, Alan Lloyd, y Aldo Corcella, editado por Oswyn Murray y Alfonso Moreno, con una contribución de Maria Brosius.

Green señala que esta presencia es un signo de los tiempos, del triunfo de Herodoto sobre Tucídides y de su eco en las corrientes historiográficas más recientes. El amplio uso de la antropología como herramienta de investigación sería sólo el caso más obvio. Las observaciones de Herodoto sobre diversas costumbres y culturas -que de hecho ocupan la mayor parte de la primera mitad de sus Historias, examinando las varias regiones del imperio persa – harían de él un antropólogo innovador. Los motivos personales (en oposición a lo abstracto) y la influencia de las mujeres en los asuntos oficiales están más escondidas. La nueva comprensión de la transmisión oral proporciona una respuesta satisfactoria a quienes despacharon sus anécdotas como meras disgresiones para agradar al público y vierte nueva luz sobre su fundada y cuidadosa distinción entre lo visto (opsis) y el rumor (akoê). Así, muchos de los persas, a pesar de pertenecer a ese Otro Bárbaro, desfilan con honor y dignidad en sus páginas, incluso durante la narrativa final de la invasión de Jerjes. Esa curiosidad insaciable y abierta a lo desconocido, incluyendo a sus enemigos (no demonizados), hizo que Plutarco le incluyera entre los filobárcaros, pero hoy juega a su favor (cf. Alan Griffiths y Sara Forsdyke, The Cambridge Companion to Herodotus, editado por C. Dewald y J. Marincola, CUP, 2006, págs. 134, 225).

Sin embargo, además de recuperar a Herodoto, tenemos la fortuna de que en ese mismo número Natalie Zemon Davis repase la vida y la obra de Michel de Certeau, retomando algunas de las afirmaciones que aparecen en el excelente volumen de entrevistas con Denis Crouzet (Pasión por la historia, PUV, 2006).

Poco cabe añadir, en todo caso que es una magnífica ocasión para acercarse a la obra de un pensador inclasificable que, no obstante, se declaró siempre historiador. Un escritor difícil atento a mirar las cosas desde dentro, desde los de abajo, desde la vida cotidiana, desde la perspectiva de las mujeres, etnografiando las relaciones humanas y las prácticas espirituales, etc. Un autor inclasificable atento al otro, alguien que acuñó el término “heterologías” (discursos sobre el otro) para describir las disciplinas con las que nos examinamos respecto a la otredad: la historia y la etnografía, por ejemplo. Ambas podrían ser ” ciencias del otro” si se enfrentaran a las asunciones a menudo desfiguradas que traemos a nuestra comprensión desde diversas épocas y diferentes lugares, pero parece que estemos condenados a separar el saber que produce ese discurso del cuerpo silenciado que lo nutre. Por eso escribió sobre las instituciones centralizadoras del pasado, para demostrar cómo se definieron, excluyendo voces y creencias divergentes o tragándoselas, es decir, haciendo legible (creando un espacio de lenguaje) lo que no puede comprender y excluye o violenta.

En fin, no es de extrañar que Zemon Davis, ferviente admiradora, le rinda un cumplido homenaje.

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