Stefan Collini analiza a E.H. Carr

Stefan Collini pasa por ser un crítico feroz de los Cultural Studies (véase su  “Grievance Studies: How not to do Cultural Criticism”, en su recopilación de artículos periodísticos English Pasts. Essays in History and Culture, Oxford, Oxford University Press, 1999,   págs. 252-268). Es bien conocido por ello, además de por sus trabajos de historia intelectual, y por  la larga polémica que sobre el particular mantuvo hace años con otro crítico, Francis Mulhern (Culture/Metaculture, Routledge, 2000) en la New Left Review.

Sirva lo anterior como breve preámbulo para dar cuenta de que Collini acaba de publicar Common Reading: Critics, historians, publics (OUP), que incluye una amplia reflexión sobre el historiador  E. H. Carr.

El volumen ha sido bien recibido y, por ejemplo, fue seleccionado como libro de la semana por The Times Higher Education, donde se recogía una frase que Terry Eagleton le dedicó a propósito de su volumen Absent Minds y que resulta significativa para comprender su posición: “Collini has the air of the genial but apolitical don, with little sense of the power and oppression that underlie social relations; for him, society is just a delightfully diverse set of positions and opinions, with nothing as vulgar as a dominant power in view”. Digo esto porque entrte los historiadores que aparecen en Common reading, y no muy bien parados, están E.P. Thompson y Perry Anderson.

Pero decíamos que analiza a Carr y como prueba de ello está el largo artículo que ha aparecido en The Times Literary Supplement como avance y difusión de ese Common reading: “E. H. Carr: historian of the future. An intellectual, a realist and an optimist, Carr respected power over all illusions of liberal morality”. Así empieza:

“La carrera de E.H. Carr (1892-1982) proporciona una singular, y a menudo desconcertante,  ilustración de las tensiones y paradojas que supone  ser uno de los principales intelectuales de la Gran Bretaña del siglo XX.   Mediante ese pequeño libro titulado  ¿Qué es la historia?  probablemente hizo tanto como cualquier otra  figura para dar forma a una serie de reflexiones  sobre la naturaleza del conocimiento histórico en la segunda mitad del siglo, especialmente entre estudiantes de instituto y  universitarios, y más si tenemos en cuenta que  no se había  formado como historiador ni fue nombrado nunca como profesor de la materia. Fue el principal fundador británico  de lo que acabaría convertiéndose en  escuela dominante, la “realista”,  en el estudio de las relaciones internacionales. Además, en la última parte de su larga y productiva vida  desacreditó la disciplina y marcó  distancias respecto a ella. Durante la guerra fría,  mantuvo un aislamiento intelectual y político,  defendiendo los logros de la revolución rusa y de la Unión Soviética, aunque en buena medida se antuvo indiferente a la teoría marxista.

Hay paradojas comparables si hablamos de la manera en la que Carr desempeñó sus variados papeles. Algunos de sus textos más notables  tomaron  la forma de artículos de fondo para la reconocible voz  de la opinión establecida de mediados de  siglo, The Times, del cual fue Assistant Editor entre 1941 y 1946; con todo, sus contribuciones fueron denunciadas regularmente por  políticos y  administradores en el poder, que las vieron como peligroso subversivo de la política nacional. En los años 60 y  70 lo proclamaron como una especie de  líder perdido de la izquierda intelectual, aunque desdeñaba el “análisis abstracto de los textos marxistas” que  caracterizaba a su parecer a la New Left Review de aquella época, prefiriendo publicar sus propias opiniones en el mucho más convencional Times Literary Supplement.

Carr era un escritor enérgico,  con  talento y  gusto para la polémica, aunque mucha de su escritura más influyente se publicó de forma  anónima (de todos modos, su profesión de escritor era a menudo conocida o ampliamente sospechada). Había también cierta calidad paradójica en muchas de sus opiniones características y de sus sensibilidades intelectuales. Defendió de forma vigorosa el progreso, contra todas las formas de conservadurismo y de nostalgia, aunque no fue de ninguna manera un liberal. (…)”

En fin, aquí lo dejo, porque tampoco es que haya nada realmente nuevo. Al menos nada fundamental que no estuviera en el volumen de Jonathan Haslam The Vices of Integrity The Vices of Integrity: E H Carr 1892-1982 (Verso, 2000) o en el editado por Michael Cox,  E.H. Carr: a critical appraisal (Palgrave, 2000).

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