La vida bohemia (rescatada por Robert Darnton)

En sus incesantes búsquedas de material bibliográfico y documental sobre la Francia de finales del XVIII y principios del XIX, Robert Darnton se topó con un texto casi desconocido de 1790: Les bohêmiens, de Anne Gédéon La Fite de Pelleport, más conocido como marqués de Pelleport.  Se trata de una novela política, más bien libertina, que el historiador norteamericano trata como libelo, en consonancia con los textos que estudió en Edición y Subversión. Literatura clandestina en el Antiguo Régimen (Madrid, Turner, 2003). A raiz de lo anterior, se publicó una nueva versión en neerlandés del volumen de Pelleport, con una introducción  de Darnton, prólogo que presentó en una conferencia impartida en el verano de 2006 en la Koninklijke Bibliotheek, la Bilioteca Nacional holandesa, de La Haya: Bohemians before Bohemianism. No me pregunten el por qué de esa elección neerlandesa, porque ahora mismo lo desconozco.

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Al parecer, la University of Pennsylvania Press está preparando una edición inglesa y, mientras tanto, Darnton ha presentado su introducción en la New York Review of Books de principios de abril: Finding a Lost Prince of Bohemia. Aunque el texto es delicioso, como suelen ser los suyos, es asimismo largo y costoso de traducir, al menos si se desea respetar la escritura de Darnton. Por eso, sólo reproduzco los primeros párrafos:

 “Lo bohemio pertenece a la Belle Époque. Puccini le dio forma musical  y lo fijó firmemente en el París de finales del siglo XIX. Pero   La Bohème,   representada por primera vez en   1896, miraba hacia  una era anterior, hacia el París pre-Haussmann de las Scènes de la vie de Bohème de Henry Murger,  volumen publicado en 1848. Murger insistió en una serie de temas retomando  el París de las Illusions perdues    de   Balzac (publicado en 1837), y a su vez la imaginación de Balzac se enraizaba en el Antiguo Régimen,  donde empezó todo. ¿Pero cómo comenzó? Los primeros Bohemios habitaron un paisaje cultural rico, que nunca se ha explorado.

En el siglo XVIII, el término Bohémiens se refería generalmente a los habitantes de Bohemia o, por   extensión, a los gitanos (Romany), pero había comenzado a adquirir un significado figurado, relativo a vagabundos que vivían de su ingenio. Muchos fingieron ser hombres de letras. De hecho, antes de 1789, Francia había desarrollado una enorme población de  autores indigentes -sólo los poetas sumaban 672, según una estimación de la época. La mayor parte   vivían en París sin tener donde caerse muertos, sobreviviendo como mejor podían con chapuzas  y migajas que les daban sus patrocinadores. Aunque sus caminos se cruzaran con grisettes, como Manon Lescaut, no había nada de romántico u operístico en sus vidas. Vivieron como el sobrino de Rameau, no como Rameau. Su mundo estaba delimitado  por Grub Street.

Por supuesto, Grub Street, como expresión y como entorno, se refiere a Londres. La propia calle, que recorría un distrito miserable e infestado de criminales, el de Cripplegate, había atraído a escritores de poca monta desde épocas isabelinas. Ya en el siglo XVIII, éstos se habían trasladado a otros barrios, pero Grub Street se había convertido en un importante entorno en la imaginación literaria, y fue celebrada en muchas obras literarias -no sólo el Grub-Street Journal sino  obras maestras  como The Dunciad de Alexander Pope y The Beggar’s Opera de John Gay.

¿Existió algo comparable en París? Ciertamente: París tenía una población incluso más grande de escritorzuelos, pero estaban dispersos por las buhardillas de la ciudad, sin una   vecindad concreta, y nunca dramatizaron o satirizaron su posición en  trabajos que capturaran la imaginación de la posteridad. En verdad, el Neveu de Rameau de Diderot, el Pauvre Diable de Voltaire y partes de las  Confessions de Rousseau  evocaron la vida de Grub Street, París, y la cultura  Scriblerian de París impregna trabajos menos conocidos como el Tableau de Paris de Mercier. Con todo, ningun escritor   antes de Balzac y  Murger  le dio vida a  La Bohème, es decir, nadie que sepamos, excepto el autor olvidado de una obra maestra perdida (…)”

Esa obra perdida, por supuesto, es la de Pelleport.

Y aquí les dejo, pidiendo disculpas por esa somera traducción, que ni siquiera ha castellanizado libros archiconocidos y que debería estar anotada comme il faut. El consejo: no se pierdan la versión inglesa.

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Una respuesta a “La vida bohemia (rescatada por Robert Darnton)

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