Vidas desarregladas: los médicos y las pacientes

Según parece, el volumen reciente que mayores elogios concita es la última obra de Lisa Appignanesi, puesto a la venta a mediados de febrero con el título de  Mad, Bad and Sad: A History of Women and the Mind Doctors from 1800 to the Present (Virago). Appignanesi tiene un notable historial como   novelista y estudiosa de las  ideas. De ascendencia polaca y ciudadanía canadiense, quizá alguien la recuerde por Los muertos perdidos (Península, 2007), la única de sus novelas vertida al castellano. En esa obra nos ofrece una crónica autobiográfica sobre el periplo de su propia familia, la huida de unos judíos polacos de la barbarie europea. Pero quizá sea tanto o más conocida por su estudio sobre Simone de Beauvoir o por su   Freud’s Women,   que   escribió con John Forrester, en el que abordaba el asunto que  se explora con mayor profundidad en Mad, Bad and Sad: el desconcierto y el lugar, a menudo inquietante, de las mujeres en la comprensión y el tratamiento de la aflicción mental. Un libro que, por ejemplo, la escritora Salley Vickers ha calificado en The Guardian como soberbio, ambicioso y, además, bien escrito y entretenido.  La prosa de Appignanesi, nos dice, es lúcida y modesta, libre  de la jerga habitual en este género. Es un libro largo pero nunca aburrido, que nos deja con la sensación de querer más. Un volumen, añadiría por mi parte, que también tiene algo de autobiográfico, al menos en el sentido de que la madre de Lisa Appignanesi también sufrió el drama de la demencia.  

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La obra  tiene dos objetivos confesos (sigo a Vickers): hacer un examen histórico de la evolución del “mind doctoring”; y   considerar si hay algo que distinga la mente femenina de la del varón –y si    es social  o   inherente a la psique femenina lo que hace que cada sexo  sea  tratado  de forma distinta.  Así,   el núcleo del libro contiene una investigación feminista, pero realizada sin estridencia -de hecho, con un equilibrio que admite  evidencias contradictorias y otorga el peso   debido al hecho de que todos los informes están culturalmente influenciados y son parciales. De la forma más elocuente posible, Appignanesi intenta exhumar e iluminar las presunciones ocultas que combinan salud moral y mental, y confunden afecto y sentimientos naturales con patología. ¿Es  la locura mala o triste? ¿Es la tristeza locura, o la locura mera tristeza? ¿Es peor estar enojado o triste? ¿O es mejor ser simplemente malo?

 Las evidencias citadas en el libro son numerosas, extraídas  de documentos históricos, muchos de ellos literarios. El libro comienza con uno de los casos más famosos de la historia literaria de la aberración mental: el comportamiento repentino, violento y extraño de Mary Lamb (hermana del conocido Charles Lamb, con quien escribió los Tales from Shakespeare)  que la llevó a apuñalar fatalmente a  su madre en 1796. Esta historia es un paradigma para el conjunto  del libro: Mary, la hija intelectualmente precoz y emocionalmente descuidada de una madre lisiada que favoreció a su primogénito, un hermano menor brillante pero frágil  –ese Charles, una persona propensa a la  melancolía- devino el principal sostén   de su acorralada familia gracias a  su trabajo como modista. Un trabajo duro, que la llevaba a un agotamiento físico extremo, junto con una historia de privación emocional,  parecen haber provocado un   matricidio poco acorde con el carácter que los conocidos le atribuían a Mary. 

La historia del ” sereno” y ” sensible”   arrebato asesino de Mary – con todo, enteramente comprensible – y su eventual regreso a la comunidad resultan instructivos. Gracias a la rápida acción de Charles, fue confinada en una institución, que sirvió como protección inmediata y, dado  que se   diagnosticó su locura, como salvaguardia contra cualquier castigo judicial. Como precisa Appignanesi, el caso fue tratado con una clemencia que en épocas   posteriores, incluida la nuestra, no habría tenido lugar.   De ese modo, Mary retomó una vida de equilibrio desigual. Vivió al cuidado de su alcohólico  hermano y tuvo un trabajo creativo fuera del hospital, cuando su estado aconsejaba la salida, lo cual le permitió imaginar  un objetivo más allá de los límites de la costura. 

Tres factores parecen especialmente relevantes en la crisis inicial de Maria y su recuperación tentativa. El grado de tensión que soportaba,   causado por sus responsabilidades y largas horas del trabajo ingrato; el trato despectivo que   había recibido desde niñez por parte de su madre; y la intervención crucial de su hermano. Que quien la atormentaba, a su vez víctima de su  “locura”, desapareciera    -por su propia acción- y que ella recibiera la atención y la preocupación de su querido hermano pudo haber sido suficiente para restaurar su ” cordura”, aunque temporalmente. Parece probable  que el daño inflingido en  la niñez fuera el factor principal de su malestar. Durante el resto de su vida quedó sujeta   a agitados “desarreglos”, y ella y su hermano tuvieron siempre a mano una camisa de. Hay una ilustración conmovedora de ellos llorando cuando van caminando hacia    la institución donde Maria iba a  ser confinada, llevando con ellos las prendas de vestir que  allí se requerían. 

Appignanesi describe las numerosas e impactantes brutalidades a las que se sometía a quienes eran señalados como insanos. Es especialmente escalofriante cuando aborda las técnicas de la alimentación forzosa, que llevaban a la pérdida de dientes y, con frecuencia, a mandíbulas rotas. Hay ejemplos terribles de los asaltos quirúrgicos realizados en nombre de la curación. Un  diabólico “cuidador”, el Superintendente   Henry Cotton   del asilo estatal  de Trenton en los E.E.U.U,  “realizó una obscena campaña de   cirugía de amígdalas,   estómago, colon y   útero de los pacientes [del psiquiátrico femenino], además de arrancarles los  dientes. En el proceso,   mutiló y mató a miles”.  
Pero   Mary Lamb no es el único caso donde la amabilidad y el escape de las presiones del mundo probaron ser modestamente eficaces. La propia Maria   ofrece este sabio consejo a un amigo cuya madre se ha convertido en  demente: ” Dedica todo tu empeño  a estar seguro de que la tratan con dulzura… que es algo a lo que  la gente en su estado es con frecuencia susceptible”.  Uno de sus médicos prescribió una terapia eficaz consistente en agua, paz y guardar cama. 

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Uno de los placeres del texto de Appignanesi es su   voluntad de contemplar la posibilidad de que tales simples reconstituyentes pudieran ser efectivos.  El dicho según el cual  ” la naturaleza cura y el médico cobra” no es   simple cinismo. La disposición de un asilo seguro, a salvo de tensiones cotidianas, la calma y la amabilidad pueden ser mejores remedios, en última instancia, que las drogas o la intervención humana especializada. Un hecho sobresale claramente a través del libro: el trato y  la atención   sensible de otra alma humana es la única característica constante en cualquier tratamiento acertado. Y hay también el reconocimiento, hostil a nuestra forma de ver las cosas, de que ” las curaciones raramente son absolutas o para siempre”. 

Appignanesi también subraya que el desarraigado  y el trastornado fueron socialmente más aceptables cuando aún no se habían convertido en objetos  médicos, pues eso obligó a estigmatizarlos.   Y con este cambio ocurre el extraño y bien documentado fenómeno del acuerdo, reconocido o tratado raramente   entonces, entre cualquier teoría   dominante y la naturaleza de los síntomas manifestados. Así tenemos la superabundancia de parálisis histérica a fines  del siglo diecinueve y   principios del veinte, una condición inusual hoy  pero habitual para   Freud y sus contemporáneos; en los sesenta, con el profeta Laing, los estados mentales conflictivos   fueron representados como un aumento de “voces” incorpóreas ; más recientemente, ha habido   múltiples personalidades remiten  su origen a los abusos sexuales (aunque Appignanesi presenta  casos históricos donde nunca fue un factor); y ahora estamos sitiados por  los desordenes de   atención de nuestros niños, una plaga para profesores y a padres distraídos. 

El ejemplo   de Mary  Lamb es solamente una entre muchas historias crueles y fascinantes. La última parte del libro contiene de forma clara  y comprensiva un recuento   de las   principales contribuciones psicológicas del siglo pasado. Pero el latido del libro está en las arrolladoras lecturas   de las vidas desordenadas de Théroigne de Méricourt (el revolucionario francés rescatado por el Marqués De Sade de una tertulia de mujeres chillonas), de Alice James (hermana de Henry y de William), de Virginia Woolf, de Sabina Spielrein (paciente de Jung, amante y analista temprana), de Zelda Fitzgerald, de Sylvia Plath, de Virginia Woolf,  de Lucia Joyce, de Jane Fonda y de Marilyn Monroe. Appignanesi resiste la tentación de darle un toque  romántico a la locura, pero  ejemplos  como éstos demuestran una correlación entre un talento inusual, o sensibilidad, y  susceptibilidad a  desestabilizarse. 

El caso de Celia Branden es particularmente fascinante. La experiencia de Branden, la  corrección física que padeció siendo niña, se convirtió en la fantasía  demoníaca predominante en  sus preferencias sexuales posteriores (el libro demuestra por qué la amabilidad cariñosa para con los niños es esencial para el bienestar del individuo adulto  y para el de la sociedad). Branden proporcionó sus   propias   confesiones, muy   inteligentes, revelando una perspicacia freudiana. Ella había leído y comprendido a  Freud   y podía aplicar sus teorías incluso aunque, confinada con sus propios demonios sexuales,   nunca recibió las ventajas potenciales de esa “cura oral”.  

Por supuesto, no sólo aparecen están célebres mujeres desordenadas. También aparece Philippe Pinel (1745-1826), encargado de los manicomios del París revolucionario, con el hospital de   Salpêtrière como bandera,  donde pudo clasificar la alienación mental en cuatro tipos: manía, melancolía, demencia e imbecilidad.  Y aparece Sigmund Freud cuando es un joven neurólogo que estudia en París y sigue las técnicas de Jean-Martin Charcot, en particular el uso del hipnotismo para tratar esa enfermedad tan femenina, la “histeria”.  Y está el Freíd que vuelve a Viena e idea su “talking cure”, su terapia oral. Y Jung  y Lacan y, por supuesto, la anti-psiquiatría de R.D. Laing.  

Muchos estudios anteriores han enfatizado a menudo los aspectos misóginos   y coactivos de estos médicos, de sus diagnósticos   y   tratamientos. En cambio, Appignanesi modera la perspectiva, acentuando las complejidades de esa relación terapéutica recíproca y colusoria, la gama de emociones experimentadas por ambos lados, el médico y la paciente, así como  la benevolencia de muchos doctores. Sugiere incluso que las pacientes  tuvieron sus propios y sutiles métodos para obtener ciertas ventajas dentro de esa relación.  De todos modos, ¿por qué centrarse en pacientes femeninas? ¿No supone eso   repetir las viejas ideas sobre las  mujeres como seres más frágiles?   Appignanesi ofrece varias respuestas, que habremos de leerle y explorar. Digamos de entrada que las estadísticas contemporáneas acentúan la mayor propensión de las mujeres  a sufrir   tristeza o locura, pero el balance histórico de esa  enfermedad femenina   incluye muy a menudo a mujeres oprimidas  que luchan por articular su cólera y que son tildadas  de neuróticas  o algo peor.  

Appignanesi es demasiado cauta para intentar establecer ninguna  teoría sobre el lugar de la feminidad en la historia de la enfermedad mental, pero   insinúa que, por   educación y por razones genéticas de procreación, las mujeres   generalmente se adaptan mejor. Son mejores a la hora  de captar las pistas, tanto sobre lo que se les pregunta como sobre lo que es aceptable. Imagina, entonces, que las mujeres pueden concebir y entregar cualquier estrategia que dé  a sus supuestos descontentos   la forma necesaria para que quepan en  las teorías que existen  en la conciencia colectiva. Appignanesi no es una feminista  pero el libro   sugiere que las mujeres son a menudo  los heraldos dramáticos, incluso trágicos,  de las nuevas y radicales teorías de los varones.     

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