El bosque de la información

El periodista y escritor Enzo Molino analiza la última obra de Furio Colombo en La Rivista dei Libri  (la particular edición italiana de NYRB) de febrero de 2008
Furio Colombo, Post giornalismo. Notizie sulla fine delle notizie.  Roma, Editori Riuniti, 142 páginas, 10 euros.  

No es habitual que cuando vemos un libro de ensayo el título de la colección, el del volumen, incluso el eventual subtítulo y todos los paratextos respeten con suficiente aproximación el contenido.  Tampoco lo es que la ilustración de la cubierta sea igualmente fiel. En este caso, una vieja máquina de escribir  asoma por la parte inferior de la portada, mostrando así un instrumento prácticamente obsoleto. Hoy en día, en la era del   postgiornalismo analizada por Furio Colombo, es el ordenador el que mejor representa simbólicamente la profesión y la condición del periodista.  A ello se añade   el prefijo  “post”, que aparece en el título con una intención  ambigua, entre lúdica y dramática, hasta el punto de poderse leer de forma catastrofista como  una condición “postuma”.

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El argumento del libro queda especificado en el subtítulo (Notizie sulla fine delle notizie) y consiste en una indagación a través de las cadenas televisivas y los papeles impresos que constituyen ese bosque de   información en el que Caperucita, la abuelita  y el Lobo intercambian sus roles a placer según sopla el viento de sus intereses. Una tríada, además, gobernada por Silvio Berlusconi, cuyo poder y atractivo reside en su potencia económica y mediática, en la capacidad de controlar el juego cambiando las reglas y confundiendo las pistas, con la complacencia de amigos y cómplices diversos. Un performer en suma.

Furio Colombo ha hecho bien al escoger la afirmación (24 septiembre de 2007) de un  gran anchor man americano, Dan Rather, y estamparla en la cubierta: “Llega el momento en que uno debe dar la cara y reconocer que la democracia no podrá sobrevivir si los medios sufren continuamente interferencias e intimidaciones por parte del poder político y el mundo de las altas finanzas. Y ha hecho bien porque equivale   a la mentalidad de quien ha escrito  Post giornalismo (para una colección que se llama La vera storia y que dirige el magistrado Mario Almerighi), y se corresponde con un curriculum bien conocido: experiencia académica e industrial; trabajos en la prensa y en la televisión;    una escritura narrativa, ensayística, periodística; la pasión civil…   

Todo anclado en sólidos cimientos, los de una ética irrenunciable que, en las páginas del libro, se mezcla con el recuerdo de algunas plumas ejemplares del periodisto italiano antes de la era post: Mario Pannunzio  y Paolo Murialdi. Lo que indica Colombo, por eso mismo, no es novedad en su trayectoria: “los países de hoy pertenencen a quien controla la comunicación”; “no sólo los estudiosos, sino el público en general, están advirtiendo que viven en la Era de la Comunicación”, la cual “se ha transformado en una industria pesada”, tanto que “cualquier ciudadano del mundo deviene miembro de un nuevo proletariado, sobre el cual se dejan caer las bombas de un inmenso material informativo“. “Quien recibe el mensaje parece tener una libertad residual:  la de leerlo de forma diferente”   y en esta diversidad radica la esperanza  de seres humanos con “una cierta libertad frente al fenómeno total de la Comunicación”.   

No es un objetivo fácil de conseguir y no sirven soluciones del tipo de “ocupar la sede de la radiotelevisión” pública o “la sede del ministerio” correspondiente. Serían un acontecimiento informativo de primer orden, pero no permitirían ganar “la batalla  por la supervivencia del hombre en la Era de la Comunicación”. Así que se necesitarán “soluciones de guerrilla”, poniéndose frente al televisor, la radio, el periódico y la pantalla cinematográfica. 

Ocurre que la batalla que nos ocupa no se “gana allí de donde parte la Comunicación, sino a donde llega”.  Estar en el punto de llegada significa ilustrarse y hacer comprender a cuantos podamos qué mensajes recibimos y los intereses que hay tras las noticias que estos emisores eligen transmitir.    Es “una acción para empujar a   la audiencia a que controle el mensaje y sus múltiples posibilidades de interpretación”, en un “combate  de guerrilla cultural puerta a puerta”, en el papel de agentes de la “Recepción crítica”.   

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Post giornalismo es un libro que convendría leer en las facultades, pero tambien en los talleres de escritura,  por el ritmo de su prosa y por la documentación que emplea. Es un manual de resistencia, que puede enseñar a los periodistas, a los que leen, a los que escuchan , a los que miran, y que puede evitar la deriva post,   mostrando un panorama glocal – global y local – donde aparecen líderes como Berlusconi, Bush, Blair o Putin y los “hombres de servicio”, los servicios secretos, la industria de la moda,  comisiones parlamentarias, los talk show, los magazine y esos montajes ejemplares que permiten la presencia obsesiva e impúdica de algunos políticos… Sujetos y objetos activos que muestran las condiciones en las que ha prosperado el posperiodismo, con los hechos desprovistos de contenido: sólo importa  la noticia.

El libro se cierra con una ferviente invitación a los politicos a que renuncien a la exhibición televisiva,  sobre todo a ciertos talk show,   liberando a los telespectadores antes de que sea demasiado tarde, antes de que la crisis de credibilidad de la   clase política sea irremediable. Un ejercicio que recuerda la empresa de   Lisistrata y las mujeres atenienses: rechazaron a sus maridos mientras no pusieran fin a las guerras continuas.   Aquellas esposas vencieron, pero quizá a Furio Colombo, una especie de nuevo Aristofanes mediático, le sea difícil obtener el mismo resultado. Es de apreciar su fe, su esperanza y la utopía de su   radicalismo liberal porque  fe, esperanza y utopía son en él cualidades de la imaginación que no se sustraen a las características de una bien armada ingenuidad. La mejor conclusión es la idea de democracia que  Colombo toma de Giovanni Sartori.  “La democrazia non sólo es un voto, sino el conjunto de condiciones jurídicas, culturales y psicológicas que consienten y nutren la vida democrática”.  Post giornalismo es una contribución decisiva a esta idea de democracia.      

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