Elecciones USA. Lo que hacen algunos de aquellos historiadores

Leído en History News Network (George Mason University’s)

Más de cincuenta historiadores  han firmado una declaración de apoyo a la candidatura de Barack Obama. Pero no son los únicos historiadores que han  mostrado su temprano  apoyo a  un candidato presidencial. Hace algunas semanas, el historiador Sean Wilentz (de Princeton, célebre por su análisis crítico de  Bush)  anunció en una entrevista con un blogger que  es forofo de Hillary Clinton. (¿Por qué? Porque “está en la mejor posición para ser  presidenta”).

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Varios historiadores han ido más allá de meras declaraciones de ayuda. A principios de 2007   el historiador del Oriente Medio  Daniel  Pipes fue nombrado  consejero de campaña de Rudolph Giuliani. El celebérrimo historiador Niall Ferguson, de Harvard,  parece que desempeña  un papel significativo en la campaña de John McCain, según dicen. Samantha Power, de Harvard, ha estado asesorando en la campaña de Obama. Hace algunas semanas,  el profesor de derecho y  blogger Eugene Volokh, que  a menudo juega un importante papel en ciertas   ediciones de obras históricas (como una especie de control armamentístico), se unió  a Lawyers for Fred Coalition, un grupo que apoya  a Fred Thompson.

Las declaraciones de Obama ha atraído la atención de bloggers y de otros lugares de internet. Tanto en Inside Higher Ed como en el Chronicle of Higher Education han aparecido  historias sobre “Historians for Obama“,  como ocurre con dos  bloggers prominentes: MyDD, uno de los blogs liberales originales en  Internet, y Andrew Sullivan en su su blog en Atlantic Monthly.

Por su parte, los historiadores con un sesgo libertario  han salido en favor de Ron Paul en el blog Liberty and Power.

Mientras  todo eso sucedía,  la biblioteca pública de Nueva York anunció que ha comprado los papeles del último Artur  Schlesinger Jr., que devino una celebridad de Camelot gracias a su relación con el  presidente John F. Kennedy.

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    6 Respuestas a “Elecciones USA. Lo que hacen algunos de aquellos historiadores

    1. La campaña electoral en Estados Unidos aún no ha empezado, pero más de uno ya se ha decantado claramente. Además de los historiadores citados aquí, encontré hace unos dias la visión de un intelectual, que lejos de mantenerse al margen, también ha querido decir la suya, en este caso, su opinión sobre Obama y ese deseo de este precandidato, de mostrarse como la encarnación del sueño americano (el “self-made man”). Me refiero a Mario Vargas Llosa:

      http://independent.typepad.com/elindependent/2007/07/obama-y-el-sueo.html

    2. ¿Cómo vamos a sorprendernos después de que los “Grandes Hermanos” cuenten con “historiadores” de esa naturaleza, reducidos a meros “re-escribientes” del pasado y “retocadores” de fotos capaces de borrar al usuario del gorro de piel y dejar el buen gorro (Kundera dixit)?

    3. No more coments after mine?
      Me gustaría la opinión de quien pone en primer lugar a la historia acerca del artículo anti-Gould que publiqué en mi blog. Sabrás que es un paleontólogo con más bombo que sustancia, según yo pienso, que hizo más propaganda ideológica (“historicista”, pero hasta esto de boquilla).
      Ya me dirás (puede ser por email si prefieres)
      Un saludo.

    4. No coments after?
      Me gustaría la opinión de quien pone en primer lugar a la historia acerca del artículo anti-Gould que publiqué en mi blog. Sabrás que es un paleontólogo con más bombo que sustancia, según yo pienso, que hizo más propaganda ideológica (“historicista”, pero hasta esto de boquilla).
      Ya me dirás (puede ser por email si prefieres)
      Un saludo.

    5. No more coments?
      Me gustaría la opinión de quien pone en primer lugar a la historia acerca del artículo anti-Gould que publiqué en mi blog. Sabrás que es un paleontólogo con más bombo que sustancia, según yo pienso, que hizo más propaganda ideológica (“historicista”, pero hasta esto de boquilla).
      Ya me dirás (puede ser por email si prefieres)
      Un saludo.

    6. No soy un especialista en temas de biología, pero Jay Gould me merece todos los respetos. Su obra ha de entenderse en el debate entre darwinistas y creacionistas, que ahora vemos llegar aquí, pero que fue muy intensa en su país durante los últimos años de su vida (falleció en 2002, creo). Recordemos, por ejemplo, que cuando el Estado de Arkansas aprobó que la literalidad bíblica tuviera el mismo valor académico que el darwinismo, Gould fue el testigo que presentó la Unión Americana por las Libertades Civiles, que había recurrido el texto por inconstitucional.
      Ahora bien, Gould no era un darwinista ordotoxo y muchos de los que sí lo eran le atacaron de forma despiadada (con cierta envidia por su éxito). Sus planteamientos del equilibrio puntuado no sólo desmienten el diseño inteligente de unos sino la linealidad y el gradualismo de los otros, optando por un modelo no uniforme, ramificado, con muchas concomitancia con la evolución cultural.
      Otra cosa es que haya conseguido difundir bien sus ideas. Entiendo que sí, por lo general, porque publicó muchísima obra divulgativa y de todo hay. Pero su producción no es sólo ésta. Podríamos decir que su obra capital la publicó de forma póstuma (La estructura de la teoría de la evolución), un mamotreto de mil quinientas páginas muy distinto de sus otros textos sobre nalgas, pandas, dientes de gallina y brontosauros.

      Era, por lo demás, un judío agnóstico, una pertenencia que le hacía comportarse de manera deliciosa. Se cuenta que en el coro al que pertenecía no dejaba indiferente a nadie. Cuando, por ejemplo, ensayaban “El Mesías” de Händel y llegaban a la estrofa aquella de “caiga su sangre sobre nosotros y nuestros hijos” (la escena de Pilatos, Barrabás y Jesús), detenía la sesión para dejar constancia de que esa frase resultaba incómoda para losjudíos. Dicho eso, retomaba los cánticos como si nada.
      En fin, recuerdo lo que dijo en una entrevista a El País en enero de 2000: “Esta es una época conservadora y creo que a los conservadores les resulta tentador decir: “¿Por qué reclaman el cambio o la igualdad cuando lo que tenemos ahora refleja el estado natural de la naturaleza humana?”. Además, creo que, a veces, en la actualidad, utilizamos mal a Darwin a la hora de intentar aliviar nuestra decepción ante algunos de nuestros peores rasgos. O sea que, si no nos gusta nuestra agresividad o nuestro sexismo, podemos intentar disculparlo diciendo: “Bueno, estamos hechos así. No podemos evitarlo”.

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