Peter Gay: el modernismo

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Los amantes de la historia cultural están de enhorabuena. Lo están porque acaba de aparecer un nuevo libro de un magnífico oficiante del ramo. Peter Gay  ha publicado en noviembre The Lure of Heresy: From Baudelaire to Beckett and Beyond (W.W. Norton, 610 págs, 35$). 

Como siempre, Gay recupera la mirada freudiana para penetrar en lo más profundo del modernismo, que presenta a través de sus diferentes manifestaciones: literatura, música y danza, pintura y escultura, arquitectura y cine.  Todo ello definido por un  doble rasgo: “primero, la atracción de la herejía, que empuja a que las acciones (de los artistas) desafíen  la sensibilidad convencional; segundo, un compromiso con los principios de la introspección”.   Con todo, la parte nuclear del trabajo de Gay se centra en la verbalización de todo eso, en la escritura, en la literatura. En Leopold Bloom, por ejemplo,  uno de los héroes del registro abierto por Baudelaire:

 “Puede que sea un  humilde agente publicitario con  esposa y amantes, pero tiene cierta formación — Molly desde luego la aprecia –, así como  valor y curiosidad  propias. Y estas cualidades le hacen un compañero moral y emocional digno para Stephen Dedalus. …. Pero, para  Joyce, Ulises es más que eso:  es el ser humano completo en literatura…  es hijo, padre, amante, amigo, guerrero,  compañero de armas, una persona con sabiduría y un buen hombre en el trato. Joyce, en busca de la subjetividad desinteresada, hace desfilar antes  sus lectores una de las invenciones trascendentes de la literatura modernista. Su Bloom, como  abota de forma ocasional, es Cualquiera (Everyman)… ”

O en el diálogo imaginado, cómo no, entre Freud y Kafka:

” El veredicto de Freud sobre el animal humano, era severo”, nos dice. “A su juicio, el conflicto se construye en la historia del desarrollo de todo niño,  incluso en el mejor. Pero Freud,   de principios pesimistas, creía que los psicoanalistas podrían aliviar algunas fijaciones y ensanchar el alcance de la racionalidad. …. Por su parte,  Kafka habría tomado este severo realismo  sólo como  otro caso de  autoengaño, algo  demasiado humano. Incómodamente cercano a la desesperación del nihilista, entendió la vida  misma como una villanía. El conflicto entre el  firme desconsuelo de Kafka y la actitud de otros escritores modernistas no podía ser mayor. Recuerdo la última palabra del  “Ulises,” la más positiva en en lenguaje, que Joyce concedió a Molly Bloom: `Sí´.  La última palabra de Kafka en todas sus formas fue `No´”.

En cambio, Gay es poco compasivo con otros autores, léase Beckett o Eliot, y tampoco lo es con las pasadas veleidades totalitarias ni, en otro sentido,  con la tecnología del entretenimiento que nos invade. “No es, como los críticos culturales conservadores han mantenido, que la cultura se haga comercial: siempre ha mostrado ese ángulo, incluso entre los griegos clásicos y los romanos. Pero la sofisticación de los intercambios culturales,  la facilidad y  la velocidad de las comunicaciones que  interesan particularmente a las clases medias, ha animado un tipo de compromisos que no hacen sino favorecer la marginalización de las vanguardias futuras. Vivimos en una edad de comedias musicales”.

Pero no todo es condenable. Gay comienza su capítulo final relatando  de nuevo el “entusiamo” que sentió hace algunos años al contemplar el magnífico museo   Guggenheim de Frank Gehry en Bilbao. Contrasta, por un lado,  la relación estrecha del arquitecto de Los Ángeles con sus clientes y otros artistas con, por otro,  la condescendencia y el desprecio que los grandes  modernistas sentían hacia aquéllos para quienes trabajaron. En Bilbao, Gay encontró no sólo integridad estética sino un modernismo “agradable”.

En todo caso, concluye, aunque el héroe haya muerto, no hay que derramar muchas lágrimas. El modernismo, esa revolución artística que empezó con el poeta Charles Baudelaire y concluyó hace unas décadas con Warhol, disfrutó de una larga y placentera vida. RIP.

Críticas:

Bookforum:Gay has an expansive definition of modernism, and as his book progresses, it becomes more and more a study of the fate of high culture in the twentieth century. In his effort to survey every field of activity, Gay perhaps spreads himself thin, but his overview provides a good starting point for a finer scrutiny of modernism’s emblematic works. So download Moses und Aron for your iPod, pick up that copy of Ulysses you’ve been meaning to read, and get to work”.

The Independent: “Gay’s prose is erudite and lucid, his range of example wide. Even its subsidiary thesis, that not only Modernism’s currency but art’s in general was devalued by the advent of Pop and Conceptualism in the 1960s is leavened by a final chapter in which Gay evinces a qualified hope for the future of this recumbent movement. Whether it lies with Frank Gehry and Gabriel García Márquez is open to debate; but so is a good deal else in this absorbing, occasionally maddening book”.

The Guardian: “I am happy to allow him this self-indulgent detour. After all, many hundreds of pages before, he remarks in his account of Baudelaire that Modernism began ‘not with a whimper but a thrill’. Isms are dispensable. If a work of art excites us, the thrill makes it modern“.

Los Angeles Times: “Peter Gay is perhaps our leading historian of culture and ideas, and in “Modernism: The Lure of Heresy: From Baudelaire to Beckett and Beyond,” he sets himself an interesting — personally felt — task. It is not, as he writes in his introduction, to give a comprehensive history of the movement. Rather, Gay undertakes a reconstruction of modernism’s origins in the lives and work of various seminal artists — Charles Baudelaire, Oscar Wilde, Claude Monet, Paul Cézanne, their supporters and friends. Then he moves through a series of essay-like chapters devoted to modernism’s workings in each of the arts — painting, sculpture, literature, music, dance, architecture and so on“.

New York Times: “A graceful writer, he leads the reader on a pleasant ramble through a well-traveled landscape, pointing right and left to the prominent features along the way and, like a superbly informed guide, offers his thoughts and comments. From seminal figures like Baudelaire and Flaubert, he moves right along to the Impressionists and then, taking the various art forms in turn, advances chronologically through the great debacle wrought by fascism and World War II before wrapping up with such postwar phenomena as Abstract Expressionism and Pop Art”.

Como leve contrapunto, The Spectator: “There are some contentious omissions — Man Ray, Borges, Boulez, Bacon and Gertrude Stein are altogether invisible, while Webern, Rilke and Brecht are barely mentioned. The dubious concept of post-modernism is not addressed, and significant art forms such as opera and photography get less than their due. In other respects this is a sound floorplan, and one could recommend the book wholeheartedly to a bright A-level student or undergraduate in search of a broader picture“.

N.B: Ha ocurrido lo de otras veces. Una entrada compuesta hace algunas semanas, y demorada en exceso, ha perdido parte de su utilidad. Lo digo porque el volumen ha aparecido también en castellano. Marta Pino lo ha traducido para Paidós, que ofrece 592 páginas por 40 euros. Una cifra nada despreciable, aunque Amazon vende  la versión original por 20 dólares, que vienen a ser unos 14 €. 

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Una respuesta a “Peter Gay: el modernismo

  1. 19 de junio de 2008

    A quien pueda interesar:

    Disfruté mucho su lectura de este artículo sobre Peter Gay por la pertinencia del tema modernista en la historia de las ideas, aunque todavía no me he leído el libro. Sin embargo, dada a la traducción que se ha hecho muy reciente del libro por Marta Pino, yo quiero mencionar, amigo columnista, que hace ya cuatro años el políglota y filósofo puertorriqueño Esteban Tollinchi, publicó una joya histórica, literaria y filosófica titulada “Los trabajos de la belleza modernista, 1848-1945…”, Editorial de la UPR, 2004.

    Tanto la pertinencia de las ideas expuestas, como lo abarcador del libro, este ejemplar fue escrito en idioma Español desde el Caribe hispano. Lo planteo porque el idioma del libro de Peter Gay es inglés, y en nuestro idioma ya tenemos un libro pensado por uno de los nuestros.

    Gracias por permitirme escribirle, sería grato un intercambio serio de ideas.

    Respetuosamente,

    Ricardo J. Currás

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