¡A ver cómo damos las clases!

El pasado 16 de noviembre se publicó una breve nota en el Brandeis University’s Community Newspaper. La verdad es que nada parecía indicar que tal boletín incluyera algo sustancial, más allá de las vicisitudes de la vida académica de esa universidad americana. Ahora bien, una vez leído su contenido, he de reconocer que es impresionante: 

“Estimado Editor,

Me apenó  leer que la administración está asignando apparatchiks humanos para supervisar las aulas de la Brandeis con el fin de asegurarse  que reina en ellas un vocabulario corecto  y la ortodoxia política. Seguramente, la administración sabe que la tecnología de la vigilancia autoritaria ha avanzado mucho y que ha superado los métodos primitivos empleados por personajes tales como J. Edgard  Hoover y Erich Honeker.

Un ordenador portátil y una webcam pueden hacer el trabajo de forma más barata y eficiente. Basta con  situar una unidad por clase en la parte posterior del aula, que después puede conectarse a la unidad central del sistema  situada en Bernstein-Marcus. Esta sencilla elección no sólo  proporcionaría un registro audiovisual exacto de la conversación punible  entre profesores y  estudiantes, sino que la vigilancia en tiempo real permitiría que la administración enviara agentes al aula para detener inmediatamente  la elocución de  palabras o ideas prohibidas.

– Profesor Thomas Doherty (AMST)”.

En fin, repasen el citado boletín y verán. Los que quieran más, los que deseen saber toda la historia, la puedan leer, por ejemplo, en Inside Higher Ed. Allí se relata que todo empezó en una clase sobre Latin American politics que imparte el veterano profesor de ciencia política Donald Hindley. Al susodicho caballero, hablando del racismo que sufren los inmigrantes, se le ocurrió decir: “Cuando los mexicanos llegan al norte como  inmigrantes ilegales, se les llama espaldas mojadas (wetbacks)”. Un par de estudiantes decidieron pedir audiencia ante el responsable del departamento y le expresaron “su seria preocupación y se quejaron sobre las cosas que habían sido dichas por el profesor Donald Hindley en clase y,  en el caso de uno de los estudiantes, dirijiéndose directamente a él”. Y se armó la  gorda.

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