T. E. Lawrence

Hablando de palestinos e israelíes he recordado un artículo de este verano escrito por el historiador revisionista Benny Morris. El objeto era comentar dos recientes libros: Lawrence and Aaronsohn – T.E. Lawrence, Aaron Aaronsohn, and the Seeds of the Arab-Israeli Conflict, de Ronald Florence (Viking) y  Aaronsohn’s Maps – the Untold Story of the Man Who Might have Created Peace in the Middle East, de Patricia Goldstone (Harcourt).

Decían Morris que todas las guerras, desagradables y sucias como son, siempre dejan tras de sí misterios de mayor o menor fuste. Si, por ejemplo, nos situamos en la I Guerra Mundial, uno de ellos es la identidad que se esconde tras las iniciales S.A., a quien Lawrende dedicó Los sietes pilares de la sabiduría. Se decía que la persona homenajeada era Sarah Aaronsohn, una de las impulsoras de la red de espionaje que respondía al acrónimo de NILI (Netzakh Yisrael Lo Yishaker, algo así como “La Eternidad de Israel no es ninguna mentira”, una frase entresacada del Libro de Samuel) . Nadie puede asegurar que Lawrence y Sarah se conocieran, pero sí está acreditado que su camino se cruzó en varias ocasiones con Aaron,  hermano de ésta y miembro también del NILI.  Eran muy distintos: Aaron era alto, una especie de hombretón de estilo prusiano, alguien con los pies en la tierra y persona sistemática; Lawrence era más bien escuálido y bajo,   inconstante y depresivo.  Y, a pesar de ello, vivieron vidas paralelas, muy parecidas en muchos aspectos.

lawrence.jpg

 Ahora bien, Morris cree que hay mucho de artificial en unir las vidas de estas personas y creer que Aaron era S.A. Por eso considera que el libro de Florence, ún siendo razonable y ameno, peca de libresco, con muy poca documentación de archivo y mucha lectura previa, entre la que, no obstante,  no está la geografía, pues comete bastantes errores  en lo referente al territorio palestino.

 aaron.jpg

Por su parte, el volumen de Goldstone es para echarse a temblar: “is an appalling book. The prose is overheated, occasionally hysterical and ungrammatical. Often, the author meanders into gossip. (Aaronsohn is repeatedly described as ogling this or that hotel chambermaid. Who cares?)”. Es decir, un texto horroroso y una prosa histérica. Así pues, se puede decir más alto, pero no más claro. Y no digamos  qué juicio le merece el análisis histórico: manipulador. Y cita un pasaje como prueba: “The maximum boundary for which he [Aaronsohn] fought before his death in 1919 became the basis for all subsequent Zionist territorial demands … up to the present day. It is, in fact, the rock on which the 1990s peace process initiated by Bill Clinton foundered. Aaron’s maps make it possible to understand why Israel and Syria cannot agree on the Golan Heights [and] how their disagreement led to war with Iraq [?!?]” − and so on”.

 En cualquier caso, yo no me los voy a comprar…

Anuncios