Blogs y crítica literaria. Elitismo vs. democracia

            Respetados convecinos: Esta bitácora lleva ya en antena varios meses, con sus semanas y días correspondientes. Y he pensado que quizá fuera llegado el momento de detenerse y de reflexionar. Porque, vamos a ver: ¿cuál es la finalidad de esta recurrente presencia en el ciberespacio, de dónde venimos, a dónde vamos, a cómo va el pollo, cuánto ha subido el euribor? La respuesta a éstas y otras preguntas me ha llevado a concluir que quizá me merezca un descanso, ya sea temporal o definitivo. Y es que, a decir verdad, son muchos los inconvenientes  que me causa esta escritura. Así pues, estoy pensando en darle el finiquito por la vía rápida. Al fin y al cabo, no he obtenido ninguna plusvalía y, por la misma razón, tampoco he de abonar indemnización.  La defunción  sería expeditiva e indolora, sin necesidad de esquela ni cortejo.            

Y en estas disquisiciones me hallaba esta mañana cuando, al poco, suena el timbre de la entrada y al abrir la puerta me encuentro con Snop. He   dudando unos segundos entre  utilizar mi centelleante navaja de Albacete o blandir el pasmoso cuchillo jamonero, pero he decidido fulminarle con mi silencio. ¡Es que han sido semanas de abandono despótico, de mutismo sepulcral!  Ustedes no pueden entenderlo, pero lo habrán notado, porque la calidad de esta bitácora ha sufrido un empeoramiento pavoroso. Sin las remesas de mi corresponsal, todo ha sido  un quiero y no puedo. Pero, a la postre y como siempre, he acabado cediendo. ¿Qué quieren? No hay que rechazar la mano que te alimenta. Eso sí, antes ha tenido que escuchar la lista de agravios que he ido confeccionando durante este tiempo, hasta un total de diecisiete páginas a un espacio y por las dos caras. Un ratito, muy poco para tan enorme desplante.           

Con los reproches aclarados, he llevado  la conversación a aquella decisión mía de liquidar este escaparate cultural.  Le he expuesto mi indefensión, basada no sólo en la falta de tiempo, en esas horas que he de hurtar a otros acuciantes menesteres, sino en su abandono. Porque ésta es otra, Snop no ha tenido reparos en anunciarme que no seguirá nutriéndome de contenidos. Y es lo que yo digo, no tengo opinión, soy un eco, y si no hay voz que me llegue no puedo hacerla resonar. Él opina lo contrario, cree que estas semanas han sido la prueba, la demostración de que puedo separarme e intentarlo por mí mismo. Y el resto ha sido toda una perorata, con su esnobismo habitual, dándoselas de viajado y leído. Puaf!  Me limito a traducirles sus palabras.   

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Los blogs tendrán defectos, no voy a negarlo, pero es de lo poco que nos queda, sobre todo si hablamos de literatura, de pensamiento, de cultura. No sé si lo sabes, pero el día dos  de mayo el New York Times publicó un texto (Are Book Reviewers Out of Print?) a propósito de lo que parece ser una tendencia inexorable: los periódicos americanos están suprimiendo la sección de crítica literaria o, al menos, reduciendo el número de páginas, mientras que los blogs que se dedican al asunto crecen como hongos.  Es, relataba la prestigiosa periodista Motoko Rich en dicho diario, una inevitable transición hacia un paisaje literario nuevo y más democrático. Y eso me ha hecho pensar: en la pérdida de la orientación y del sentido que dan los suplementos, a pesar de los intereses comerciales, y en si no nos llevará a un relativismo absoluto y en lo que pensaría C.S. Lewis de todo esto, por ejemplo.  Desde luego, la cosa no será fácil, ni para lectores ni mucho menos para los autores en general.  “Like anything new, it’s difficult for authors and agents to understand when we say, ‘I’m sorry, you’re not going to be in The New York Times or The Chicago Tribune, but you are going to be at curledup.com”. Son palabras textuales de Trish Todd, uno de los ejecutivos de la editorial Simon & Schuster, que concluye resignado: “but we think that’s the wave of the future”. Claro que todos no lo ven del mismo modo.    

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Por eso mismo, Richard Ford, un escritor con un Pulitzer a sus espaldas, deplora esa deriva: “I think the reviewing function as it is thoroughly taken up by newspapers is vital, in the same way that literature itself is vital”.  Así que Ford y un centenar  largo de escritores han redactado un manifiesto en favor de Teresa Weaver bajo el paraguas del National Book Critics Circle. Puede que el nombre de esa persona  no les diga nada, porque realmente sólo es un símbolo. Resulta que  The Atlanta Journal-Constitution ha decidido eliminar un puesto de trabajo, el de responsable de la sección de libros, y resulta que lo ocupa Teresa Weaver. Esta publicación local dice que la sustituirá reproduciendo lo que digan los grandes de la prensa nacional y con lo que les llegue de las agencias: “We will continue to use freelancers, established news services and our staff to provide stories about books of interest to our readers and the local literary community”. Y eso es lo que asusta a algunos, que cunda el ejemplo. Y lo que excita a otros. “One of the troubles with mainstream print criticism is that people can be too polite”, ha comentado  David L. Ulin, el responsable literario de Los Angeles Times, añadiendo:  “I feel like an aspect of the gloves-off nature of blogs is something that we could all learn from, not in an irresponsible way, but in a wear-your-likes-and-dislikes-on-your-sleeves kind of way”. Y ejemplos de la vitalidad de la blogosfera no faltan: Bookslut.com, The Elegant Variation (marksarvas.blogs.com/elegvar/), maudnewton.com, Beatrice.com o the Syntax of Things (syntaxofthings.typepad.com), entre otros que podríamos recomendar.        

    

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Y, por azares del destino, la polémica ha continuado precisamente en Los Angeles Times, con un artículo firmado por Richard Schickel, reputado crítico cinematográfico en Time y reseñista de libros en el Times californiano: Not everybody’s a critic. Chirría, dice, la afirmación según la cual no es tan malo que desaparezcan esos suplementos en los periódicos.   De hecho, Schickel se pregunta si esa transición apuntada traerá algo bueno, si realmente vamos hacia un paisaje literario nuevo y más democrático: ”Anyone? Did I read that right?”.  Para él, la cosa está muy clara: nada hace pensar que iríamos a mejor en tal supuesto. Francamente: “Criticism — and its humble cousin, reviewing — is not a democratic activity. It is, or should be, an elite enterprise, ideally undertaken by individuals who bring something to the party beyond their hasty, instinctive opinions of a book (or any other cultural object). It is work that requires disciplined taste, historical and theoretical knowledge and a fairly deep”. sense of the author’s (or filmmaker’s or painter’s) entire body of work, among other qualities”. Y acto seguido, Schickel trae a colación al gran Charles-Augustin Sainte-Beuve, a Edmund Wilson, el mejor crítico que ha habido jamás en tierras americanas, e incluso al mismísimo George Orwell.            

En fin, concluye este crítico, un paisaje literario democrático de este tipo sería, sin duda, un auténtico erial, sin refencias, sin estándares, sin mapas, sin oasis de inteligencia o placer. Y eso no lo puede proporcionar la dichosa blogosfera: “I don’t think it’s impossible for bloggers to write intelligent reviews. I do think, however, that a simple “love” of reading (or movie-going or whatever) is an insufficient qualification for the job. That way often leads to cultishness (see the currently inflated reputations of Philip K. Dick or Cornell Woolrich, both easy reads for lazy, word-addicted minds)”.  

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Y aquí le he dicho a Snop que se dejará de enjundias. Estoy como empecé y, además, no se si no sé añade otra razón para promover el suicidio de esta bitácora. ¿Qué hacemos aquí?             

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