Borgerlighet (o “bourgeoisie”, eso que llaman “middle class”)

Ha sido el destino. En época posmoderna y en tiempos en que sólo parece preocupar el siglo XX, la revista sueca Fronesis (su número 24) se atreve con un tema muy querido: la burguesía.

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 Como no podía ser de otro modo, la publicación aborda ese concepto desde una perspectiva polifónica: la mirada política (el   burgués conservador), la sociológica (la clase media)  y, claro está, la económica (el empresario y el capitalista). Dada la importancia del asunto,  la introducción corre a cargo de Henrik Gundenäs, Johan Lindgren, Dalia Mukhtar-Landgren y  Magnus Wennerhag (“Una burguesía sin contornos”), casi el consejo editorial al completo. A ellos les sigue la gran figura alemana sobre el asunto,   el especialista más reputado en historia conceptual: Jürgen Kocka. Éste aborda una preocupación ya conocida entre nosotros, sobre todo gracias al libro editado por Josep M. Fradera i Jesús Millán (Las burguesías europeas del siglo XIX, Valencia, PUV, 2000): la imprecisión conceptual del término en las distintas lenguas europeas, analizando también el declive  de una cultura burguesa reconocible.  

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Según Kocka, la clase media ha asumido el control la cultura burguesa  y ha universalizado sus ideales. Lo que  eran   privilegios de las clases altas – el derecho al sufragio, a una educación elevada, a viajar, etc. –  esta ahora a disposición de todos. Una vez han desaparecido sus límites, la cultura de la clase media ha llegado a ser algo casi imposible de distinguir.  

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Tras el inteligente estudio de Kocka, los editores han tenido la feliz idea de recuperar textos clásicos, conformando un apartado    que recupera ciertas maneras de ver   el desarrollo del capitalismo. Se  ofrecen así  tres textos datados en diversos períodos del  siglo XX: “El burgués”, de Werner Sombart, fechado en 1913;  “El estado autoritario”, de Max Horkheimer,  de 1940; y “El nuevo espíritu del capitalismo”, de Luc Boltanski y Ève Chiapello,   que procede de su libro de 1999 Le nouvel esprit du capitalime (Editions Gallimard).

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En este último caso, los autores se centran en uno de los conceptos más polémicos de los últimos años, el de “clase creativa” (Richard Florida), según el cual las sociedades que prosperan son las que tienen y cuidan las tres tes (talento, tecnología y tolerancia). Por lo demás, según Florida, esta clase trabaja sin cesar, pero de otro modo (formas inmateriales que son también trabajo productivo),  y no ve ninguna contradicción entre las virtudes burguesas (ética del trabajo y la organización) y la diversión.

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Sobre eso mismo, pero con una mirada pesimista, se extiende el geografo americano Jamie Peck (“La creatividad fija”). Peck pretende demostrar de qué modo    las políticas contemporáneas de  desarrollo urbano tienen como objetivo   atraer a esta nueva clase media urbana y móvil. La planificación a largo plazo y la redistribución se han abandonado, en la creencia de que pertenecen a  un modelo anticuado, un modelo keynesiano. El resultado, a su parecer, es la gentrification (un palabro que remite a la compra de espacios degradados para su remoción, pasando a estar de moda, cosa que conduce a la expulsión o desplazamiento de los antiguos negocios y de los habitantes menos pudientes). De ese modo, dice Peck, con esta creatividad fija, el arte, la cultura  y la tolerancia se reducen a  factores económicos y la clase creativa se convierte en patrón por el que debe guiarse el resto de grupos sociales.  

Por lo demás, la revista ofrece otros textos: del historiador Orsi Husz (“Economía privada y crisis de identidad de la burguesía,   1920-1970”), de la socióloga Stephanie Lawler (Sujetos repugnantes: la creación de las identidades burguesas”), del historiador económico Martin Gustavsson (La tranquila pequeña burguesía y la ruidosa middle-class”), de Rickard Andersson  (“De los bohemios improductivos a los emprendedores creativos”), de la multifacética  Kimberly DeFazio  (Urbanismo transnacional e imperativos del capital”),  la historiadora urbana  Camilla Elmhorn  (“Élites urbanas y  nigración femenina”)   y del germanista Jakob Norberg (“No coffee”).  

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