Sinatra: a nuestra manera

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Éste era uno de mis temores más fundados y no es que no estuviera avisado. No sé quién lo dijo, pero la cosa estaba clara: hubo una vez un cantante llamado Frank Sinatra,  pero ahora es sólo un texto.

Así que los amigos de la cultural theory se pusieron manos a la obra y montaron en 1998, año de su muerte, una verbena u homenaje académico en la insigne Hofstra University. Contaban para ello con el Hofstra Cultural Center, un organismo que trabaja alrededor de una gran reunión anual en la que se aborda un asunto relevante. En realidad, lo que hacen es organizar conferencias monográficas sobre una figura histórica ilustre (Einstein, James Joyce, Trotsky, Stalin, Goethe, George Sand, Van Gogh, C. G. Jung, Tchaikovsky o Sarah Bernhardt) o sobre un asunto concreto (Heritage: An Appraisal of the Harlem Renaissance; Bamboo and Oak: The Impact of East Asia on American Society and Culture; and Avant-Garde Art and Literature), sin olvidar una sección dedicada a los presidentes americanos.

En esta ocasión, el programa tenía un título atractivo, “Frank Sinatra: The Man, The Music, The Legend”, pero la procesión iba por dentro. Tres días, con sus tardes y sus noches, repletos de discursos especulativos sobre la música de Sinatra   (“Hanging on a String of Dreams: Delirium and Discontent in Sinatra’s Love Songs”); sobre cómo se representaba a sí mismo  (“Frank Sinatra’s Second Self: The Transformation of His Personality into His Art”),    a su país (“Frank Sinatra: An Artist Whose Creative Expression Amplified the Whispers of the American Collective Unconscious”) y a algunos otros (“Frank Sinatra and Belgium”); su sentido étnico (“I Get No Kick From Assimilation, Or ‘My’ Frank Sinatra Problem”) y racial (“Doing It ‘His’ Way? Frank Sinatra, Black Music and the Performance of Whiteness”); su estilo (“Frank Sinatra and the Endgame of Cool”); sus imitadores (“Dick Haymes: Sinatra Stand-in, Or the Real Thing?”); su significado filosófico (“‘All of Me’: The Cartesian Soul of Frank Sinatra”); sus películas (“Do You Take Sinners Here? How the Films of Frank Sinatra Brought Catholicism Into America’s Pop Culture Mainstream”); su posición política  (“Frank Sinatra and the American Presidency”); y, para acabarlo de rematar, sobre su relación con la arquitectura (“Playing the Big Room: Frank Sinatra, The Fountainbleau, and the Architecture of Inclusion”). Como sseñalaría quien ustedes ya saben, El mundo es un pañuelo.

Dicen que “la voz” se removió en su tumba y se oyó la  estrofa de My Way que dice aquello de: 

“To think I did all that;
And may I say – not in a shy way,
No, oh no not me,
I did it my way” 
 

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Pues bien, casi diez años después, ya tenemos aquí el resultado impreso de aquellos interesantísimos debates: Frank Sinatra: The Man, the Music, the Legend, que no es un libro de los que uno esperaría en un tema como éste, sino efectivamente una colección de sesudos ensayos. Los textos han sido  editados por Jeanne Fuchs (del Departamento de lenguas y literatura comparada en Hofstra)  y  Ruth Prigozy (profesora del de inglés) y los ha publicado a primeros de junio la University of Rochester Press. 

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En su día, la célebre revista Rolling Stone dedicó un breve párrafo al congreso, augurando una fuerte ráfaga de vientos calurosos procedentes del campus de Long Island. Entre esas rachas, destacaba la de la especialista que esperaba demostrar que Sinatra y Dickens eran casi almas gemelas.   Se trataba de Patricia Vinci, que aseguraba: “got famous at twenty-four, both were slim with intense blue eyes, always fashionably dressed and … both had fans that would swoon and claw at them in public”. A lo que los redactores de Rolling Stone  contestaban: “It’s an interesting argument, but until Vinci demonstrates that Dickens spent his time hanging out with fellas named Johnny Eggs and Vinnie Pyro, we’re not biting …”            

En fin, no hay que tomarse las cosas a la tremenda, como estos periodistas de la farándula. Dígase lo que se diga, si hay alguien que merezca un lugar entre los mitos de la Pop Culture ese es Frank Sinatra, y así debe ser estudiado.

P.D.: Para lectores hispanos y oyentes del cardenal Cañizares: Colaboro con el MAL… (vade retro)

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