El reverso imperial: a propósito de Mike Davis

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Son las cosas de un blog. Hace ya varios meses que tengo guardado un breve texto del historiador británico  Keith Thomas a propósito de la historia. Como quiera que ya no era cuestión de actualidad,   lo había dejado en remojo a la espera de que pudiera serme de ayuda en un momento de apuro. Hasta tres entregas tenía previstas, entregas que me habrían de servir de desahogo cuando otras urgencias previsibles se enseñorearan de mi tiempo. Y no va poder ser y lo lamento, pues la traducción ha sido reservada para una edición en papel que aparecerá en un próximo número de la revista valenciana Pasajes. Allí, pues, cito a los interesados. Mientras tanto, sin embargo, no les dejaré en ayunas y les remitiré a la versión original que apareció en el TLS de 11 de octubre de 2006.

Y ya que he mencionado a  Keith Thomas, les diré que entre las cosas que exponía he retenido dos en relación a una lectura que acabo de terminar.  Por un lado, indicaba que una característica de las obras actuales es que acostumbran a incluir ilustraciones, fenómeno bien extraño unos años atrás. Por otro, afirmaba que casi todos los asuntos y temas históricos que ahora mismo están de moda deben su fama a preocupaciones no esencialmente académicas. En cuanto a esta última apreciación, es una evidencia, y no nueva. El ejemplo es esa lectura que mencionaba, la traducción del libro de Mike Davis Los holocaustos en la era victoriana tardía (PUV, 2006).

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Vayamos a esta última apreciación de Thomas. Este volumen    tuvo cierto  eco cuando apareció en las librerías británicas. En cambio, cuando la misma editorial (Verso) lo presentó   en Nueva York,  recibió un sinfín de laudatorias bendiciones, la más importante de las cuales fue la del Nobel Amartya Sen en el  Times de Nueva York con el título de “Apocalypse Then”.  Quizá su demoledora denuncia   del imperio británico haya sido apreciada de modo distinto en los USA, aunque la lección moral que se extrae no es la de  acusar a la colonización británica sino a cualquiera de ellas, o quizá en tierras americanas haya mayor sensibilidad por las cuestiones ecológicas, pues de eso trata en parte el libro. Acaso, como señalaba   Mark Curtis (Web of Deceit: Britain’s Real Role in the World. Londres, Vintage, 2003) el sistema dominante de pensamiento en el Reino Unido  esté basado en el concepto de “benevolencia básica”: “The ideological system promotes one key concept that underpins everything else: the idea of Britain’s basic benevolence. Mainstream reporting and analysis usually actively promotes, or at least does not challenge, the idea that Britain promotes high principles – democracy, peace, human rights and development – in its foreign policy. Criticism of foreign policies is certainly possible, and normal, but within narrow limits which show “exceptions” to, or “mistakes” in, promoting the rule of basic benevolence. Government statements on its always noble intentions are invariably taken seriously and rarely even challenged, let alone ridiculed. These assumptions and ways of reporting are very deep-rooted”.

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Ahora bien, nos dice el combativo Curtis: “I also tell the story of several long-forgotten past British interventions revealed in now declassified documents – in Iran, Malaya, British Guiana and Kenya. These interventions were much more brutal than usually believed and make exceedingly worrying reading – in Kenya alone, 150,000 Africans died as a result of British policy in the 1950s. These interventions reveal a contempt for grand ethical principles that has passed easily from Conservative to Labour and from the colonial era to the present”. Y, claro está, no hablemos de épocas anteriores, de tiempos realmente imperiales .

 Y ¿qué decir del primero de los comentarios de Keith Thomas? Pues que sí, que  efectivamente Mike Davis también incluye fotografías para ilustrar el texto. Ahora bien, no porque sea cierta la afirmación de Thomas de una mayor preocupación por la cultura visual. Simplemente están ahí para hacer más evidente la catástrofe de la que habla, la hambruna que asoló muchos países en el último tercio del XIX, y de ese modo llevar su acusación al extremo, hacerla insoportable. Esa es su voluntad y su propósito, en torno a una tesis central: el Tercer Mundo nació entonces, cuando las potencias coloniales intensificaron su dominio, algo que fue posible por las terribles consecuencias de aquel desastre. Pero, además, ese cataclismo lo fue porque aquellas economías habían sido integradas violentamente en el mercado mundial. De lo contrario, habrían sufrido, pero es de suponer que habrían superado la crisis, como lo habían hecho en otras ocasiones.  En fin, mucho podría añadir sobre este libro, pero les hago el favor de dejarles inédita la lectura. Lo recomiendo vivamente, excepto para espíritus sensibles que no quieran sentir herida su sensibilidad occidental.  

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Añadamos, como se ha dicho en otros lares,  que Mike Davis enseñó teoría urbana en el Southern California Institute of Architecture y ahora ha vuelto a su profesión de historiador en la Universidad de California (Irvine), con un constante trabajo que le ha  ascendido a los altares del intelectualismo crítico anglosajón. Una buena muestra de la importancia y difusión de su obra puede encontrarse, en cuanto a lo primero,  en el sitio R.U.T. (Radical Urban Theory) de Internet. Por lo demás, su trabajo en el comité editorial de la New Left Review  le ha permitido participar activamente en los debates que en esta revista se forjaron hasta configurar lo que hoy conocemos con el nombre de posmodernismo. De todo ello, de su condición de académico y de historiador, dan buena cuenta sus diversos artículos (en esa revista o en El Viejo Topo o en Ecología Política o en Le Monde Diplomatique) y sus variados libros: Control urbano: la ecología del miedo. Más allá de Blade Runner (Barcelona, Virus, 2001); Ciudad de cuarzo. Excavando el futuro de Los Ángeles (Madrid, Lengua de trapo, 2003); El monstruo llama a nuestra puerta. La amenaza global de la gripe aviar (Barcelona, El Viejo Topo, 2006); Ciudades muertas: ecología, catástrofe y revuelta (Madrid, Traficantes de Sueños, 2006) y Planeta de ciudades miseria (de próxima aparición al parecer en Akal).

Como se ve y también se ha comentado, volúmenes como esos le han convertido en el promotor del recrudecimiento de las visiones negativas sobre la metrópolis de finales del siglo XX, una visión que aseguran que sigue el hilo sociológico de la corriente crítica que Georg Simmel inauguró en el Berlín de comienzos del siglo XX, luego continuada  por  la Escuela de Chicago   al otro lado del Atlántico.

Para mayor abundamiento: Entrevista; y una  anterior.

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