Eso que llamamos sexo

Eso que llamamos sexo   

Estimados amigos: ahora que por fin se ha publicado entre nosotros la divertida y lisonjera historia cultural del pene (el título es glorioso: Con mentalidad propia), me ha dado por darle  vueltas a la cosa del sexo. Y no digo físicamente, que es algo siempre recomendable y placentero, sino textualmente. Así que he me echado a las manos el último número de la revista Glänta, que es una tidskrift, o sea que se publica allá en la península escandinava, más concretamente en tierras suecas.  Ya se sabe que las de aquel lejano país hicieron soñar a muchos especimenes de la Celtiberia hispana, cosa que no viene al caso en absoluto.

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Lo cierto es que la  postrera entrega de Glänta lleva un curioso articulo de Lilian Munk Rösing, profesora de la Universidad de Copenhague.   El texto empieza ofreciendo todo un repertorio de preguntas. El sexo, dice por ejemplo, “¿es algo que tienes o algo que eres?”, “¿es algo determinado biológicamente o una construcción cultural?”, “¿es cosa femenina plantarse un vestido y pintarse los labios, y masculina hacerse el nudo de la corbata?”,  “¿lo dictan las hormonas?”, ¿la categoría de humanidad pasa por desatender  las de hombre y mujer, o es al contrario?”, ¿es el sexo una carga o una posibilidad?”, etc… En cualquier caso, el título lo dice todo: “¿El sexo es una buena idea?”.  Pero no se preocupen, los conceptos de sexo y género se dan la mano en este caso para dar una respuesta afirmativa.     

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El resto, en general, se dedica a tratar uno de los temas que han sido escogidos como motivo de la Documenta 12 de este próximo verano. De hecho, la publicación rotula este número con el siguiente título: Människans mått, es decir,  (Anything but) bare life, o sea, todo menos una vida vacía. En efecto, la bare life es uno de los asuntos que pone sobre la mesa en Kassel el amigo Robert Buergel. Y nunca mejor dicho lo de la mesa, porque el único artista español invitado a esta cita quinquenal es Ferran Adrià. Bruegel lo tiene claro: “La comida apela y desafía también a la inteligencia. En las reacciones críticas del mundo del arte hacia Ferran Adrià hay un poco de celos porque hoy no hay nadie en España, de esa generación, que se pueda comparar con su nivel de inteligencia formal. Por otro lado, cuando  volvemos a la noción de modernidad en Occidente hay una barrera estricta, un control de lo que se puede considerar arte y lo que no. Parece un regreso a las antiguas categorías de arte autónomo y artes decorativas. Catherine David invitó a un artista tailandés que cocinaba en la Documenta 10. A nadie le importó. Si es alguien de Tailandia o India, no importa. Pero si es alguien de nuestra santa Europa, es un problema, porque es un reto, un desafío”. 

Yo, la verdad sea dicha, estoy en un sin vivir. Para un verano que decido dedicarme a las artes y me encuentro con la Bienal de Venecia, la quinquenal Documenta de Kassel y los decenales Proyectos escultóricos de Münster.  A mi lado, el asno de Buridán tenía un coeficiente intelectual estratosférico, así que me temo lo peor. Lo que yo les diga…

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