Me gusta el fútbol (1)

A propósito de las cosas que hemos estado comentando, sobre las relaciones entre el Norte y el Sur, por decirlo así, y sobre el colonialismo y otras cosas, no me resisto a ofrecerles un texto bastante singular. No procede de ningún pensador, ni es ninguna novedad editorial, tampoco es una noticia de primer plano. Simplemente, es una entrevista a un futbolista, pero no a uno cualquiera, sino a uno que no contesta con aquello de “el fútbol es así” y que no tiene reparos en responder a preguntas puntillosas, aunque ello suponga marcar su imagen pública.  Se trata de Lilian Thuram, un deportista de esos a los que se califica de    “trotamundos”, aunque su trayectoria se circunscribe a tres países mediterráneos, su Francia, Italia y, finalmente, españa, donde ahora juega alistado en el F.C. Barcelona.

La entrevista en cuestión apareció en el número 2 (febrero) de 2007 en la revista Esprit, aprovechando que la esta publicación dedicó un monográfico al tema “Antilles: la République ignorée“.  Vamos, pues, a ello.

Une histoire à transmettre

Entrevista con  Lilian Thuram

Esprit: ¿Cómo descubrió la historia de las Antillas? ¿Se hablaba del asunto de la esclavitud en su familia?

Lilian Thuram: No se hablaba, ni en casa, ni en la escuela. Cuando dejé las Antillas y   llegué aquí, descubrí todas las connotaciones negativas vinculadas al hecho de ser negro. En la escuela  oí hablar de  “Negros” por primera vez con respecto a la trata negrera y a la esclavitud. Y, sin embargo, África tiene  una historia previa al  inicio de aquel comercio triangular… Comprendí progresivamente hasta qué punto la “idea de raza” había marcado la historia francesa y la europea. Para comprender hoy las tensiones de la sociedad francesa, las incomprensiones, el racismo, las discriminaciones, es necesario tener en cuenta el peso del pasado, de esta herencia de prejuicios y teorías raciales. Soy antillano  y, en consecuencia, obviamente muy sensible a la historia de la esclavitud. Intento informarme sobre este tema. Extrañamente, en Francia,   a menudo parece como si la esclavitud sólo fuera cosa de antillanos o   “Negros”, como si no formara parte de la historia de Francia. Pero si no reconocemos la historia de Francia, no podemos comprender lo que pasa hoy. La clasificación de las razas establecida por Gobineau, por ejemplo, data de mediados del siglo XIX: no está tan lejos, está aún   muy cerca de nosotros. En su Essai sur l’inégalité des races humaines, los “Negros” se conciben como  inferiores. Lo recordemos o no, esta idea de la inferioridad – de la que no es el único teórico europeo – marcó a la sociedad francesa y sigue favoreciendo las actitudes discriminatorias. Los jóvenes antillanos, cuyas familias son francesas al fin y al cabo, no pueden ser tratados así en su propio país. Francia pudo creer que se podía pasar   página, que era de la historia antigua.

Esprit: En las Antillas, la herencia de la esclavitud está terriblemente presente. Es una presencia inconsciente. Es lo que Patrick Chamoiseau llama la “memoria oscura”. [Añadamos que es un término recurrente en las reflexiones de este literato. Por ejemplo: «De la mémoire obscure à la mémoire consciente”, en  Serge Chalons et al., De l’esclavage aux réparations, Paris, Karthala, 2000]

LT: Es necesario educar para poder comprender lo que es inconsciente. Pero eso supone   aceptar una visión más compleja de la historia de Francia: Napoleón es también el que restablece la esclavitud en las colonias. La “grandeur ” de Francia tiene también otra vertiente: la colonización, la trata, la esclavitud. Pero estoy convencido de que la mayoría de la gente tiene buena voluntad,  a condición de que se les expliquen esas  cosas.

Esprit: ¿Un cambio del discurso oficial, los programas escolares, eso le parece importante?

LT: Es fundamental, porque eso pasa por la autoridad. Es necesario que estos discursos  abandonen la lógica de jerarquía de las razas,   que hemos heredado y que   aún hoy se filtran, aunque  a menudo sea de manera inconsciente. Por ejemplo, no es necesario ocultarse tras la palabra “discriminación”. Para mí, la discriminación – en el empleo, en el alojamiento – es un comportamiento racista, eso es todo. Si nos indignamos porque    antes de   Rosa Parks los Negros    en los Estados Unidos no podían ir en la parte delantera de un autobús,    deberíamos indignarnos porque hoy   una persona tenga dificultades en encontrar un trabajo o un alojamiento por el hecho de ser “negra”. La sociedad no debería aceptar eso. Hay   mucha ignorancia. Algunas personas no se dan cuenta de la importancia de las discriminaciones: no la han visto o no se les ha hablado de ello. Comprendo que haya este desfase, pero no podemos aceptar que la cosa se quede así. Se me pregunta a veces por qué hablo de la esclavitud: “¡Pasó hace tanto   tiempo!”.  Pues, no. Los prejuicios esclavistas persisten, incluso después de cuatro generaciones. El padre de mi bisabuelo nació esclavo: en una historia familiar, me toca muy de cerca. A escala de la historia humana, fue ayer. No se puede hacer como si la injusticia que vivieron no hubiera existido.

Esprit: Usted   habla del llamado  “l’affaire Confiant“, que toma el nombre del escritor martiniqués que redactó un  texto muy duro con  los judíos. ¿Cómo concibe  el hecho que esta   percepción surgiera    de   gentes que estaban contra la denegación de la esclavitud, puesto que Confiant  es un militante a favor de  la memoria de la esclavitud? ¿Eso le  desestabiliza?  [Digamos que el breve texto del politólogo y novelista martiniqués  Raphaël Confiant apareció en la revista  Antilla, núm. 1224, de 6 diciembre de 2006, págs.  53-54, en respuesta a una crónica del profesor Pierre Pinalie, también originario de Martinica. Decía, entre otras cosas: “Nous sommes en colère, oui, très en colère, contre ceux qui victimes de l’Inquisition-Pogrom-Rafle-du-Vel-D’hiv-Chambres-à-gaz se définissent aujourd’hui comme Occidentaux, se réclament de la civilisation occidentale et massacrent en toute impunité les Palestiniens. Cette colère provient en fait d’une immense déception”]

LT: Debo reconocer que eso no me desestabiliza. Desgraciadamente, cuando se intenta hacerse entender, y uno no tiene la práctica, se puede tomar a veces el mal camino. Se   dice que se habla demasiado del exterminio    de los judíos mientras que no se habla bastante de la esclavitud. Es un camino muy corto, y muy peligroso. Por otra parte, hay quien    impugna  que la esclavitud sea un crimen contra la humanidad. La esclavitud y la Shoah forman parte de la historia. Son hechos innegables y no comprendo que se pueda negar la gravedad del uno o del  otro. Lo que es grave, es que estos discursos proceden de hombres que deberían educar a la sociedad. Eso nos lleva hacia una confrontación y nos hunde. ¿Por qué oponer las dos memorias? Es el mismo discurso: la superioridad de una raza con relación a otra, el hecho de disponer de los otros como se quiera. En cuanto que se pone en duda la humanidad de los otros y   se los considera como inferiores, estamos ante la misma lógica. No nos dejemos llevar  hacia una confrontación de culturas. Francia tiene aquí un papel fundamental que jugar. La población francesa está muy   mezclada   y si no hacemos una reflexión inteligente para crear una cohesión nacional en torno a principios bien establecidos, también nosotros nos dejaremos llevar   hacia una confrontación. Si reclamo que hay que transmitir esta historia, es porque considero que es la mejor forma de  vivir juntos.

Esprit: Entonces, ¿es en ese contexto en el que hay que entender su afirmación: “no soy negro, soy francés”?

LT: Respondía a un   político que criticaba el número de “Negros” en el equipo nacional de fútbol. Le recordaba simplemente que el criterio para seleccionar   no es ser “blancos” o “negros”, sino ser “franceses”, y que somos franceses, por si había alguna duda. Un pintor que me aprecia, Chéri Samba, tiene pintado un cuadro donde ha inscurito: “Soy pintor.  Nunca he visto un hombre blanco, nunca he visto un hombre negro”.

Esprit: Pero no cree  que su fórmula molestó un poco a algunos de sus “compatriotas” de las Antillas, que habrían preferido oírle decir: ¿”soy guadalupeño”? ¿No entendieron algunos esa frase como uno manera   de marcar distancias con su identidad guadalupeña en favor de su identidad francesa?

LT: No me planteo estas cuestiones de identidad. Encerrarse en una identidad es limitarse. La identidad es una buena cosa si es una fuerza para abrirse a los otros.

Esprit: Algunos les responderán que cuando a uno se le trata de   “negro” necesita acogerse a algo.

LT: Pues no, porque    jugar a ese juego es darles la razón a los racistas. Hablo a veces de los “Blancos” para hacer comprender lo absurdo  de todo eso. ¿Por qué integrar esas categorías, por qué pensar y hablar con las palabras de los racistas?

Esprit: Ha escrito un prólogo para la novela Banlieue noire, de Thomté Ryam, que cuenta la historia de un joven futbolista de suburbio que no logra salir adelante   con el deporte. “Esa habría podido ser mi propia historia”,  escribe, y también: “No existirá de verdad la “República” hasta que el más grande regateador de la calle pueda también   ser un día   ingeniero, o jefe de una empresa  o sindicalista – y que sea normal para todo el mundo”.  Utiliza  el deporte para hablar de todos estos problemas, algo que   pocos deportistas hacen. ¿Cómo, a partir del deporte, a partir del equipo francés de fútbol, se puede   mover todo eso? Continuará…….

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Una respuesta a “Me gusta el fútbol (1)

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