¿Cómo interpretar lo que está sucediendo en Irak?

Andrew Arato

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En conexión con el texto sobre la paranoia americana, les presento hoy a Andrew Arato, profesor de teoría política en la New School de Nueva York. Entre nosotros quizá no sea muy conocido, pero tampoco se puede afirmar lo contrario. Se han publicado artículos suyos en revistas tales como La Política (1998) e Isegoría (1996) y se puede leer su obra fundamental sobre el concepto de sociedad civil (Jean Cohen y Andrew Arato, Sociedad civil y teoría política, FCE, México, 2000). En ese sentido, Arato   considera  la sociedad civil como el espacio de profundización   de la democracia, por lo que     debe ampliarse reduciendo las funciones burocratizadas del Estado y estructurando nuevas áreas de vida social en forma de organizaciones de participación voluntaria. De ahí que haya sido muy leído entre los impulsores y defensores de los nuevos movimientos sociales como plataformas   críticas frente a  las políticas y la acción del Estado. Ahora bien, como se ha destacado, en esta lectura habermasiana hay cierta ambigüedad frente al hecho de la desigualdad económica, frente a   la relación entre esa sociedad y la economía.   

Pero no traemos hoy aquí a Arato por estos asuntos, sino por sus reflexiones sobre Irak (The Occupation of Iraq and the Difficult Transition from Dictatorship)  y porque eso nos permite introducir una interesante publicación italiana titulada Una Città: mensile di interviste. Pues bien, una de sus últimas entrevistas es a Arato y versa sobre el asunto de la guerra iraquí. Les hago un resumen.

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¿Cómo interpretar lo que está sucediendo en Irak?  (…) Desde el punto de vista político, el problema principal de los Estados Unidos es que incluso cuando   se hacen cosas justas,   se hacen tan   tarde que no consiguen sus propósitos.  Sería bien distinto si se hubieran hecho a su debido tiempo. Si, por ejemplo, se hubiera intentado   construir antes una alianza regional con otros países, como Arabia Saudita e Irán, habría sido una elección muy inteligente e importante, incluso con vistas a la cuestión israelo-palestina. Pero ahora que el conflicto entre sunis y chiís se ha agravado, convirtiéndose en parte del conflicto entre Arabia Saudita e Irán, es demasiado tarde. Así pues, en un momento en el que sería conveniente intentar negociar, nos encontramos con una guerrilla que ninguno de los   países   parece  en condiciones de detener.  Es   cierto que Arabia Saudita tuvo su  responsabilidad  en el inicio de  este conflicto,     armando a los grupos fundamentalistas sunís en esta última fase y en la anterior, haciendolo por razones de autodefensa, pero  ¿cómo detener el fundamentalismo paquistaní, las células de Al Qaeda en Mesopotamia y todos estos grupos armados excéntricos, unidos por una la ideología pero sin una única organización? 

¿Qué entiende usted al decir que se hacen cosas justas en el momento equivocado?   No quiero decir que todo   todas las elecciones justas se hayan realizado en el momento erróneo, pero visto desde sus  efectos parece   un desprovisto: se nos moviliza regularmente a posteriori, sobre la base de los errores cometidos, para ponerles remedio. Pero éste es el comportamiento típico de un niño, no el modo en el que debería actuar un Gobierno. Una actitud responsable significa   prever los problemas. Y era posible. Mucho se había escrito con con anterioridad sobre lo que  habría sido necesario hacer: preparar una estrategia   en relación con los sunís y en general con los países de la región (…). Estas cosas no se hicieron entonces, y ahora es tarde para intentar recuperarse.  (…) La situación parece irremediablemente  comprometida. No digo que Irak esté perdido: ese pueblo   tiene las energías necesarias para retomar su rumbo  sobre nuevas bases, con un nuevo     árbitro. Ciertamente, la ocupación  americana ha fallado. 

¿Hay aún una salida estratégica posible?  

Es necesario salir y cuanto más pronto mejor.  Ciertamente, no podemos   dejar el país en la improvisación, pero en cualquier caso nos debemos ir. Será lo mejor para los iraquíes,    incluso para los americanos. Obviamente no para estos estrategas de nuestra administración para los cuales la retirada equivale a admitir un error de campeonato. Asumir la conciencia de una derrota implicará un cambio significativo, una nueva idea de internacionalismo, una nueva actitud hacia el mundo entero, un adiós al sueño de la hegemonía. En resumen, será un golpe duro: lo saben incluso   los demócratas  y son conscientes de  que la retirada de las tropas es una elección muy dolorosa. Pero, atención, es una decisión muy difícil para la élite, no para la población: los americanos no tienen ningún interés en el Imperio, de modo que no harán una tragedia de ello. Para una parte de la clase dirigente y los ideólogos   será, por el contrario, un verdadero choque al tener que reconsiderar el papel de su País en el mundo. Pero no hay alternativa. No solamente, la retirada será seguramente más dramática que la de Vietnam, porque entonces los Estados Unidos hicieron marcha atrás ante los chinos, ante la Unión Soviética. Se hizo con vistas a un sistema de grandes potencias, y de algún modo aquella derrota formaba parte del juego, era  aceptable. Pero, ¿qué ocurre ahora? Hoy   la retirada lo es  ante un conflicto de fuerzas desiguales y  descentralizado: una enorme pérdida de    prestigio, un deshonor para América. El mensaje que se envía del mundo es que la gran ventaja, la enorme superioridad militar y tecnológica de los Estados Unidos, ya no cuenta para nada; que ser una superpotencia no significa nada, que pueden ser batidos   en un conflicto asimétrico y que eso puede producirse en cualquier parte. Porque precisamente los enemigos   no están ya en la Unión Soviética o China, sino más bien en la guerrilla en Irak, un enemigo  que no combate como los Estados Unidos. Además, nuestro enemigo es cada vez más hábil. (…)  Los viejos métodos del imperio, las grandes masacres, no son posibles hoy, y en consecuencia nunca conseguiremos superarlos. En resumen, ya no hay   superpotencias en el mundo. (…) 

Ha habido miles de muertos.  ¿Cómo ha reaccionado la población americana?  

Como dije, al pueblo americano no le importa  el mito de la gran potencia que abandera victorias por todo el mundo. Hablamos de una población cada vez más preocupada por su seguridad, por poder llevar una vida decente, con un sistema sanitario decente. Esto es lo que quieren, no combatir en guerras… La gente empieza a odiar todo esto. (…)  En resumen, la gente sabe que está  pagando un precio muy alto y probablemente para nada. Todo esto pesa mucho sobre la opinión pública. (…)  En   próximos meses, podemos imaginar dos escenarios: o la nueva estrategia no funciona, y los demócratas se refuerzan y consiguen retirar los fondos para la guerra (lo pueden hacer sin la firma del presidente,   simplemente no aprobando el presupuesto y esto lo puede  hacer incluso una de las dos Cámaras), o la nueva estrategia funciona, y entonces veremos los resultados en las elecciones presidenciales. En cualquier caso es cuestión de poco tiempo. Si va mal, en  tres o  cuatro meses   habrá realmente un desastre y se retirarán los fondos.  

Sobre la marcha de la guerra se juega el destino se los candidatos a la Presidencia…

En efecto.  Si las nuevas estrategias  no dan resultado, eso será desastroso para todo el Partido Republicano (…). Si la guerra se alarga hasta las elecciones del 2008, la ventaja para los demócratas podría ser realmente enorme. Sin embargo, si el Congreso comienza a recortar   fondos para la guerra, esto favorecerá a los candidatos demócratas más radicales, como Obama y Edwards, a diferencia  de Hillary Clinton, que se presentó como demasiado pro guerra como  para de extraer   beneficios de esa configuración política; podría aún formar parte de ella, pero no en absoluto   liberarla (…) Si la estrategia de “salir” no funciona, o empeora las cosas, Hillary puede decir adiós a su veleidad presidencial. Por otro lado, como quedó de manifiesto  en la batalla entre McCain y Giuliani. McCain promovía el aumento de   tropas y hoy ha sido superado por Giuliani y, aunque es un candidato atípico para el Partido Republicano,   ahora va en cabeza. (…)  La verdad es que Giuliani es casi liberal, según  las normas americanas, y en consecuencia sería un candidato extraño para los republicanos. (…)  

Pero puede haber  sorpresas…  

Teóricamente sí, pero son pocos los que tienen   oportunidad de llegar a la Presidencia.   Para hacerlo necesitan  mucho dinero; la campaña electoral es increíblemente costosa en América, (…)  En cualquier caso, en el bando republicano son básicamente   tres: McCain, Giuliani y Romney, de los otros nombres nos podemos olvidar tranquilamente. Entre los demócratas, los que tienen alguna oportunidad, por   razones muy diferentes, son  Hillary Clinton, Edwards y Obama. Hillary Clinton tiene la organización, Edwards   el programa, un programa para muchos populista, y Obama tiene el carisma y la inteligencia; tres perfiles muy diferentes. El sentido común dice que vencerá quien tiene la organización. Hillary   tiene incluso el dinero, y además cuenta con  la ingeniería política de Clinton, que tiene un talento político excepcional en este campo, algo de lo que ella también está dotada. Éste es la ventaja de Hillary, que, sin embargo, como dije, tiene el problema de la guerra; si no tuviera el voto negativo de la guerra habría sido invulnerable. Tiene   otro problema, una clase de negatividad, que a muchos no agrada, lo que llamaríamos el  “woman factor”. Segolene tiene el mismo problema… 

¿Qué debemos esperar  con relación a Irán?  

En los Estados Unidos hay aún componentes favorables a una guerra y algunos europeos son suficientemente  estúpidos como para dar su apoyo. Francamente es difícil captar la estrategia de Blair y cuál será su plan sobre irán. Si piensa   encontrarse con una reedición de las Malvinas, es que no se entera de nada.  . La verdad es que los americanos son incapaces de llevar una guerra terrestre. Como máximo podrían   bombardear…  (…)  Si, en efecto, los Estados Unidos aumentan las presiones sobre  Irán no harán más que  reforzar los elementos más radicales del país. Creo que se  debe cambiar radicalmente el enfoque y aceptar   negociar. Son necesarios compromisos regionales,  un nuevo equilibrio. Irán no es   un país fundamentalista y es   capaz de negociar. Paradójicamente hoy son los Estados Unidos los que se han convertido en  un país de fundamentalistas.   Éste es el problema: ven enemigos por doquier y no aceptan ninguna negociación… Irán, para no proseguir su plan nuclear, exige  poder estar tranquilo con respecto a  Israel. Israel tiene la bomba e Irán teme que se dirija  contra ellos. Y, en consecuencia, quieren garantías de que no será usada. Tal garantía sólo pueden ofrecerla los Estados Unidos. (…) Hay otra consideración que debemos hacer. Irán prosigue con su plan porque, visto lo ocurrido en Irak, la lección que han aprendido es que  -si te atacan detodos modos–  lo mejor es armase. Se ha atacado a Saddam y no tenía   armas nucleares. Corea las tenía y no fue atacada. En resumen, sea como fuere, tenerlas   es definitivamente mejor que no tenerlas. La alternativa es la negociación y el acuerdo  internacional y creo que Irán estaría dispuesto a ir por ese camino, porque ya no es el país de Khomeini, hoy es un lugar diverso…  

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