Blogging (4)

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Traduciendo la mirada de Karen Carr sobre la condición actual, podríamos decir que el blogger es un individuo “who lives in self-conscious confrontation with a meaningless world, refusing either to deny or succumb to its power”. Con todo,   no resulta   un gesto heroico. El Blogging no está lejos del aburrimiento, ni es extraño a un cierto vacío existencial. Carr comenta atinadamente que “for many postmodernists, the presence of nihilism evokes not terror but a yawn”.  Comparada con los siglos anteriores, su crisis de valores  ha disminuido. Si los bloggers son clasificados como nihilistas,  eso simplemente significa que dejaron creer en los   medios.  “The global always-on, always-linked, always-immediate public conversation”   aceleró la fragmentación del paisaje de los medios. Kline y Burnstein discrepan en este punto (no son nada nihilistas).   “Rather than seeing the proliferation of specialty blogs as an indicator of the fragmentation of our society, we should see this trend as providing a way for citizen-experts to emerge and to bring together global constituencies in many disparate fields”. 

Vistos desde   una perspectiva política de clase, determinados bloggers seleccionados pueden ser instrumentalizados como “opinion indicators”. Sin embargo, pueden ser tan  fácilmente despachados   como si fueran becarios (pyjama journalists) e ignorados como si sólo fueran ruido. Así como toda burbuja acaba necesariamente por explotar, la ola  de  fama negativa se preprograma. Los bloggers pueden comunicar  lo que  los media quieren que la gente piense.   Pero una vez que el hotness se ha apagado, ¿quién se ocupa? El nihilismo comienza ahí, cuando caen  los blogs, capturados los portátiles,   ilegibles los archivos de reserva, desaparecido el proveedor de servicios, “comments (0)”. Es el momento  cuando podemos mostrar verdaderamente   nuestro pathos “des Umsonst, the gesture of Being in Vain”. 

El escritor de  negocios David Kline apenas   puede ajudarnos, pero    intenta hallar  el tono de la New Age   explicando que a pesar del nihilismo existente, el blogging no existe en vano. “The truth is that these are not just the tiresome ramblings of the boring written to the bored. Though for the most part not professional writers, bloggers are often eloquent in the way that those who are not self-consciously polished often are – raw, uncensored, and energized by the sound of their newly awakened voices. And by keeping a daily record of their rites of passage, bloggers often give a shape and meaning to the stages and cycles of their lives that would otherwise be missed in the helter-skelter of modern existence”.  Los académicos foucaultianos dirían algo similar, a saber,  que los blogs son “tecnologías del self“. Pero, ¿funciona el self sin   baterías? Con Dominic Pettman podríamos decir que el blogging es una búsqueda implacable en la edad de la fatiga (After the Orgy, Toward a Politics of Exhaustion). Los blogs exploran qué sucede cuando se ha roto   la ilusión de que hay una “persona” tras   la avalancha de elecciones vitales similares   y de identidades informales dentro de las redes sociales en línea.  

No importa cuánto se pueda hablar aquí de   “comunidad” y de “multitudes”, el hecho que queda es que   los blogs son utilizados sobre todo como una herramienta para manejar el yo (self). Con manejar me refiero aquí tanto a la necesidad de estructurar su vida, esclarecer la confusión, como dominar los inmensos flujos de la información. Los blogs forman parte de una cultura más amplia que fabrica celebridad a todos los niveles. Algunos se quejan de que los blogs son demasiado personales, incluso egocéntricos,    mientras que la mayoría de los lectores de blogs se complacen en las muestras exhibicionistas y parece que de eso nunca   tienen bastante.  Claire E. Write aconseja a quienes escriban un blog que no ofrezcan  la posibilidad de  hacer comentarios. “A few bloggers maintain that blogs that don’t allow reader comments are not ‘real’ blogs. Most bloggers don’t follow that line of thinking and believe that reader comments turn a blog into a message board. The essence of a blog is not the interactivity of the medium: it is the sharing of the thoughts and opinions of the blogger. Adding comments to your blog opens up a host of problems: you will spend a great deal of time policing the posts, weeding out spam and trolls, and answering endless technical questions from registrants”. Este consejo va obviamente contra los valores básicos de los bloggers. Después de todo, ¿lo  interesante no es que   los servicios blogging permitan la posibilidad   de incluir comentarios?

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Por ejemplo, el Cluetrain Manifesto del gurú David Weinberger   indica que los “blogs are not a new form of journalism nor do they primarily consist of teenagers whining about their teachers. Blogs are not even primarily a form of individual expression. They are better understood as conversations”.   ¿Son los bloggers conscientes  del riesgo? Por supuesto, la cultura del blog es diferente de la   del riesgo empresarial incorporada por  gurúes   tales como Tom Peters. Tal como Ulrich Beck   definió el riesgo, los bloggers se ocupan de los peligros y de las inseguridades inducidos por las interminables olas de la modernización. El blogged es la incertidumbre implacable de lo cotidiano. Mientras que los empresarios colonizan el futuro, repletos de  alucinaciones colectivas, los bloggers exponen el presente que ellos mismos captan. El blogging es la respuesta a la “individualización de la desigualdad social”. Golpea detrás, no tanto con la acción colectiva, sino con masivos enlaces hiper-individuales. Ésta es la paradoja de la red: hay a mano una simultánea  construcción y destrucción de lo social. La tímida internalización acaba y se transforma en   evelación radical.

Ningúna Web  anticipó esta práctica mejor que la de Fucked Company,  un precursor de la cultura del blog donde los empleados de la nueva economía   firman anónimos, rumores y quejas,   e incluso algo más interesante: notas internas. “Bloggers disrupt the disrupters”. Eliminan la constante charla sobre el  “cambio”. Es notablemente fácil atacar a la corporación post-moderna como algo que sólo depende de una imagen pública hueca, desarrollada por terceros. Los diarios en línea y los comentarios   desafían fácilmente la armonía manufacturada que la ingeniería   comunitaria  establece.   En el texto de Cornel West  Democracy Matters (2004) hay un capítulo titulado “Nihilism en America”. West distingue entre el nihilism evangélico de los neo-conservadores que rodean a Bush y una versión paternalista practicada por demócratas como John Kerry y Hillary Clinton. Una tercera forma, el llamado “nihilismo sentimental “, prefiere quedarse en la superficie de los problemas antes que perseguir su profundidad substantiva. “It pays simplistic lip service to issues rather than portraying their complexity”, según West.   Esta tendencia a permanecer en la superficie, tocar un asunto, resaltar un artículo sin   dar siquiera una opinión apropiada más allá de indicar que es digno de mención, es extensa y   fundacional en el blogging. ¿Cuántos de los postings, podemos decir con  Cornel, son elaboraciones socráticas? ¿Por qué la blogosfera se obsesiona tanto con medir, contar, alimentar, y tan poco con la retórica, la estética, y la ética? No deberíamos terminar con cuestiones morales. El deseo de superar el nihilismo nos devuelve  a Nietzsche y es también relevante en el contexto del blogging. Cómo superar la nada sin caer   en las principales estructuras   centralizadas es el desafío que se plantean millones de  blogs. 

“Quita las manos de tí mismo; tratas de construirte y construyes una ruina” (San Agustín). Esto también vale para los blogs. Siguiendo lo que  parece ser ya un estándar desarrollado,   ese amable medio  resulta no ser fiable si uno se ausenta durante un período de  tiempo demasiado largo. La mayoría de los blogs que los usuarios no han tocado durante tres meses desaparecen del servidor. Uno puede haber pensado   encontrar refugio en proveedores tales como blogger.com o blogspot.com, pero la mayoría de los servidores demuestran ser inestables cuando se trata de archivar los millones de blogs que reciben. La edad media de una página web es de 6 meses, según dicen, y no hay razón para creer que éste no sea el caso de los blogs. 

Como escribe Alex Havias, “many weblogs are short-lived, and in any event, we can assume that all weblogs are likely to be kept in operation for a finite amount of time. These local archives need to be duplicated elsewhere. At present there is nothing as simple as RSS that allows for these archives to be duplicated”. El dicho popular que circulaba según el cual   Internet lo recordará todo se está convirtiendo en un mito. “If your website is not simple to update, you will not update it”.  Eso era un problema en los años 90. El de ahora es: “If you don’t update your blog, we’ll delete it”.  Incluso si el cadáver del blog puede ser reconstruido, por ejemplo con archive.org,  queda el problema de la enorme  duplicación de los multimedia. Alex Halavias sugiere que, en vez de un servidor centralizado, la solución podría ser la del intercambio, la del  archivo peer-to-peer.

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