Blogging (3)

Operamos en un mundo posdeconstruido en el cual los blogs ofrecen una corriente interminable de confesiones, un cosmos de microopiniones   que procuran interpretar los  acontecimientos más allá de las categorías   establecidas, las   propias del   siglo XX. El impulso   nihilista emerge como respuesta al   aumento de la complejidad en los temas interconectados. Habría poco que decir si todas las ocurrencias se pudieran explicar aludiendo al post-colonialismo, al análisis de la clase  y a las perspectivas del género. Sin embargo, el blogging emerge contra esta clase de análisis político, a través del cual hay muchas cosas que quedarían silenciadas.    

Los Blogs expresan miedo, inseguridad  y desilusión personales, ansiedades en busca de compañeros de fatigas. Raramente encontramos   pasión (a excepción del propio acto del blogging). Los blogs revelan duda e inseguridad sobre qué sentir, qué   pensar, qué creer, qué degustar. Comparan cuidadosamente revistas, revisan   señales de tráfico,   nightclubs  y   camisetas. Esta estilizada incertidumbre circula alrededor de la presunción general de que los blogs podrían ser biográficos mientras que simultáneamente divulgan cosas sobre el mundo exterior. Su alcance emocional es mucho más profundo que el de otros medios, debido a la atmósfera informal de los blogs. Mezclar  lo público y lo privado es esencial en este sentido. Los blogs juegan con el registro emocional, variando del odio al aburrimiento, del compromiso apasionado al ultraje sexual, y vuelta al aburrimiento diario.  El Blogging no es   un proyecto ni una propuesta sino una condición cuya existencia uno debe reconocer. “We blog”,  sostienen   Kline y   Bernstein. He aquí un a priori de hoy. El teórico cultural australiano Justin Clemens explica: “Nihilism is not just another epoch amongst a succession of others: it is the finally accomplished form of a disaster that happened a long time ago” (The Romanticism of Contemporary Theory).  Traducido   a los términos de los nuevos medios significa:    los blogs   atestiguan y   documentan  la disminución del poder   de los medios tradicionales, pero sin que hayan substituido conscientemente su ideología por otra alternativa. Los usuarios están cansados de la comunicación de arriba a abajo -pero aún no  saben a dónde  ir. “No hay otro mundo” se podría leer como respuesta al lema de la anti-globalization  “Otro mundo es posible”.  

Atrapado en la rutina diaria del blogging, hay un sentido en el que la red es la alternativa. No sería  correcto juzgar a los blogs simplemente por  su contenido. La teoría de los media nunca lo ha hecho   y en este caso también debería  mantenerse a distancia de ese método. El Blogging es una empresa nihilista precisamente  porque impugna y después ataca la estructura de   propiedad de los medios de comunicación se masas. El Blogging es una estrategia de desangrado hasta la muerte (bleed-to-death). Implosión no es la palabra adecuada, porque  implica una tragedia y un espectáculo que aquí no están presentes. El Blogging es lo contrario del espectáculo. Es plano (pero significativo). El Blogging no es una copia digital de la “carta al director”. En vez de quejarse y discutir, el blogger se pone a sí mismo en la perseverante y agradable posición   de  observador de los medios.  Los comentarios  sobre la cultura corriente,   sus valores y   productos, se debe leer como un toque atención. Los ojos que antes repasaban pacientemente todos los reportajes y las firmas más destacadas  están ahora en huelga. Según la filosofía utópica del blog, los medios de comunicación de masas están condenados.   Su papel será asumido   por los “medios participativos”. Se ha hecho una diagnosis terminal y se afirma: a las organizaciones cerradas, que funcionan  de arriba abajo, ya no les queda recorrido, el conocimiento no se puede “manejar”, el trabajo de hoy está basado en la colaboración y en la red. Sin embargo, a pesar de las continuas señales de peligro, el sistema mantiene con éxito su (dis)función. ¿Hay salida con este sistema   de arriba abajo?    ¿De dónde viene la certeza hegeliana de  que el paradigma de los viejos medios será  derrocado? Hay poca evidencia efectiva en ello. Y es este estado de cosas en curso lo que hace que el nihilismo despunte, sin  revoluciones.

   justin_clemens_small.jpg

Como señala atinadamente Justin Clemens “nihilism often goes unremarked, not because it is no longer an issue of contemporary philosophy and theory, but – on the contrary – because it is just so uncircumventable and dominating”.  El término ha desaparecido casi por completo del discurso político establecido. La razón de esto podría ser la “banalizacion del nihilismo” (Karen Carr, The Banalization of Nihilism). O para reformularla: la ausencia de    arte elevado que se pueda etiquetar como tal. Esto pudo haber cambiado con el auge de escritores tales como Michel Houellebecq. Andre Gluckmann explicó los alborotos de emigrantes  en 2005 en los suburbios franceses como “respuesta al nihilismo francés”. Lo que hizo la juventud rebelde fue “una imitación de la negación”. El “problema del nihilismo”, como Clemens observa, es la naturaleza compleja, sutil  y auto-reflexiva del término. Historizar el concepto es una salida,  aunque dejaré eso a los historiadores. Otra manera podría ser ocupar el término y recargarlo con energías que sorprendieran: nihilismo creativo.  

Los Blogs traen decaimiento. Cada nuevo blog se supone que contribuye a la caída del sistema de medios que ha dominado en el siglo XX. Este proceso no supone una explosión repentina. La erosión de los medios  de comunicación de masas no se puede rastrear fácilmente en el estancamiento   de las ventas   y  el decreciente número   de lectores   de los periódicos. En muchas partes del mundo, la televisión todavía está subiendo. Lo qué está declinando es la creencia en el Mensaje. Ése es el momento del nihilista, y los blogs facilitan esta cultura como ninguna plataforma lo ha hecho antes. Vendidos por los positivistas como   ciudadanos comentaristas de los medios, los blogs asisten a los usuarios en su travesía de la Verdad a la Nada. El mensaje impreso y televisado  ha perdido su aureola. Las noticias se consumen como   productos que tienen un valor de entretenimiento. En vez de lamentar el color ideológico de las noticias, como han hecho generaciones anteriores, nosotros blogeamos como un  signo de la recuperada energía del espíritu. Como algo micro-heroico, como acto nietzscheano, el blogging va más allá de un nihilismo estrecho, aunque no separado de la debilidad del pesimismo. En vez de presentar  las regulares entradas del blog como una auto-promoción, debemos interpretarlas como artefactos decadentes que desmontan a distancia la poderosa y seductora energía de los medios de comunicación.
Los Bloggers son nihilistas porque no “valen para nada”. Se regodean  en su nirvana y convierten  su futilidad en una fuerza productiva. Son los nothingists que celebran la muerte de las principales estructuras   centralizadas y no hacen caso de la acusación de que solamente producirían ruido. Son los desilusionados cuya conducta y opiniones son   vistas como inútiles. Justin Clemens advierte que el término nihilismo   ha sido substituido por   denominaciones tales como “contra-democrático”, “terrorista” y “fundamentalista”. Sin embargo, en los últimos años ha habido un renacimiento sensible del término, aunque generalmente sea una observación de pasada. A  mediados del XX apareció una teorizacion significativa de tal “condición”, que incluía retomar  las fuentes decimonónicas como Kierkegaard, Stirner, y Nietzsche. El existentialismo posterior a las dos guerras mundiales teorizó el Gulag, Auschwitz  e Hiroshima como manifestaciones del Mal Organizado que dieron lugar a una crisis total de los sistemas de   creencias existentes. Para quienes aún estén interesados  en la  Teoría, el volumen de  Arthur Kroker The Will to Technology & The Culture of Nihilism (2004)  es una lectura obligada, situando  a   Heidegger, Nietzsche  y Marx en una perspectiva contemporánea, la del tecno-nihilismo.  
spiral_image.gif Nos enfrentamos a  un “accomplished nihilism” (Gianni Vattimo) en el que los bloggers han entendido que el cumplimiento del nihilism es un hecho. Gianni Vattimo señala que el nihilismo no es la ausencia de  significado sino un reconocimiento de la pluralidad de significados; no es el final de la civilización sino del principio de nuevos paradigmas sociales,   siendo uno de ellos el propio blogging. Asociado comúnmente a la creencia pesimista de que toda   existencia es un sinsentido, el nihilismo sería una doctrina ética que no tendría absolutos morales o leyes naturales infalibles y donde  la “verdad” sería ineludiblemente subjetiva. En términos de los media, vemos que esta actitud se traduce en una desconfianza cada vez mayor hacia las grandes cadenas de   noticias comerciales y hacia lo   que los políticos y sus consejeros producen. Cuestionar el mensaje ya no es   un acto subversivo de ciudadanos comprometidos,  sino una actitud a priori,  incluso antes de que uno haya encendido la   TV o el PC.  

El nihilismo designa la imposibilidad de oposición -una situación que, como casi era de esperar, genera mucha ansiedad. El nihilismo no es un sistema monolítico de   creencias. Ya no “creemos” en Nada, como en el ochocientos ruso  o en el París de la posguerra. El nihilismo ya no es   un peligro o un problema, sino la condición del fracaso   postmoderno. Es una característica ordinaria, incluso banal, de la vida y, como escribe   Karen Carr, no tiene que ver con  la Cuestión Religiosa. El Blog  no es  religioso ni laico, más bien es “post-virtue”. La temporalidad paradójica del nihilismo es hoy la de    “not-quite-already-Now”. Siguiendo a Giorgio Agamben, Justin Clements escribe que el “nihilism is not just another epoch amongst a succession of others: it is the finally accomplished form of a disaster that occurred long ago”. En el contexto de los media     sería el momento en el que los medios de comunicación de masas perdieran su apelación a la Verdad y dejaran de funcionar  como autoridad. No fechemos este acontecimiento en el tiempo, pues como  momento   profundo puede ser personal e histórico-cultural. Es el movimiento del festivo McLuhan al nihilista Baudrillard que   recorre cada usuario de los media.

Anuncios