E. P. Thomson, Kolakowski, Tony Judt y Countryman

A vueltas con E. P. Thomson

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No les pondré en antecedentes. Les dejaré leer el artículo que Tony Judt publicó en septiembre de 2006 con el título de   Goodbye to All That?  en el NYRB. El ensayo repasaba la publicación de un par de libros de Leszek Kolakowski aparecidos en inglés y un tercero de Jacques Attali sobre Marx. Aparentemente, nada que decir. La cuestión es que aprovechando que el Pisuerga pasaba por Polonia, vertió algunos comentarios ácidos sobre E.P. Thompson.

Pues bien, recientemente ha quedado demostrado que la cosa se dejó pasar, pero sin caer en el olvido.  Así que, el 15 de febrero pasado, Edward Countryman utilizó esas mismas páginas para reprobar los comentarios de Judt, a lo que éste respondió sin miramiento.

Empecemos con el Sr. Countryman  que, aun siendo profesor en la Southern Methodist University, es un admirador del trabajo de Thomson, como quedó demostrado en sus diversos libros sobre la “People’s American Revolution”.  

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Me cuesta entender el tono,   el contenido y  el propósito del ataque de Tony Judt a E.P. Thompson en su revisión del trabajo de Leszek Kolakowski [ NYR, de septiembre el 21 de 2006 ]. La prosa de Judt es despectiva. Su innecesaria  frase a propósito de Thomson (“leafy perch in Middle England”)  se basa en algo que sólo unos pocos conocen, que  tras dejar la universidad de Warwick   compró una gran casa   en las afueras de Worcester. Abundaron loss rumores sobre esa casa, incluyendo uno que decía que los criados le esperaban a él y a su esposa en la mesa. De hecho, estaba llena de libros y de gente.  

Judt despachaba  a Thompson diciendo que era un “priggish little-Englande”.  Que  es inglés en identidad y en estilo es indiscutible. Parte de la fuerza de su poderosa escritura  historica era su total inmersión en lo que conocía -Inglaterra- pero alertando de continuo de que  quien  sólo conozca Inglaterra no la conoce realmente. Citando a Kolakowski, Judt convierte a Thompson en un proveedor del “sistema,” alguien que pretende   resolver  “all the problems of mankind in one stroke”.  Thompson nunca fue un  teórico. Por el contrario,   desconfiaba profundamente de todos los esfuerzos que reducían la desordenada  realidad humana   a cualquier sistema. En el título del ensayo del mismo volumen donde está la  carta    abierta  de Thompson a Kolakowski (Miseria de la Teoría), Thompson desmantela el sistema contemplativo del entonces a la moda  Louis  Althusser. ¿Era Thompson inglés y empirista? No question.   ¿Eso lo hace autosuficiente o provinciano? En absoluto.

Thompson estaba perfectamente capacitado para  la polémica. Por escrito  y ante un auditorio, esa cualidad le dio buenos frutos. Pero   podría exagerar y lo sabía, a la manera de sus   héroes intelectuales, como Jonathan Swift, Thomas Paine, William Blake  y William Morris. También sabía corregir sus errores. Cuando reeditó la carta a Kolakowski en Misería de la teoría   se disculpó ante Kolakowski por su tono y por “writing what was in fact a very general argument (in which many others were concerned) in the form of a private meditation”. Thompson tenía seguidores, política e intelectualmente. Pero   no era ningún “demagogue pompous” que jugaba a tener una “worshipful progressive audience”. Una medida de su verdadera posición es que cuando dirigía a estudiantes graduados insistía en que historiadores que no compartiera ni remotamente su política formaran parte del comité evaluador.    Quizás Kolakowski haya mantenido su enojo con Thompson, soportando su estancia  en All Souls hasta que pudiera vengarse. Puede que eso sea correcto, y Thompson habría sido el último en oponerse. Situándose en la tradición de Swift, de Paine y de Blake,     se expuso exactamente a la clase de ataque,  maleducado  y ad hominem, que    Judt ha emprendido de forma gratuita.

Pero si hablamos de política o de historiografía, Thompson era el     menos   sectario y el más generoso de los escritores.   Judt sugiere que nadie que lea a Kolakowski   se volverá a tomar a E.P. Thompson en serio. En esa afirmación,  Thompson mismo   parece experimentar esa “enormous condescension of posterity”  que él precisó para rescatar la historia de la clase obrera inglesa. Los escritos políticos de Thompson forman   parte del registro de   la izquierda británica del siglo XX  y su significado a largo plazo todavía no puede  determinarse. Pero como   historiador   inspiró algunos de los mejores trabajos  que conozco, en Inglaterra y en muchos otros lugares. Como persona, no está para nada cerca de la caricatura de Judt. Quienes lo lean  (antes  que rechazarlo o etiquetarlo) lo tomarán en serio durante mucho tiempo.  

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Contestación de Tony Judt: El Sr. Countryman se equivoca al suponer que al discutir a E.P.   Thompson me beneficio del  conocimiento de los “insiders”. Nunca estuve al tanto de los asuntos domésticos de Thompson. Nos saludamos solamente   en una ocasión y fue, brevemente, en Los Ángeles. Mis observaciones están dirigidas a sus textos.    El Sr. Countryman  parece convenir en  la abrumadora Englishness de Thompson. Yo, como contrapartida,  concederé sin apuro que eso a menudo  devino una ventaja.

Los libros de Thompson, sobre todo  The Making of the English Working Class y Whigs and Hunters,   logran lo mejor cuando   escribe con   seductora empatía  de los   free-born Englishmen  de la Gran Bretaña del XVIII  y de su mundo. “Las peculiaridades de lo inglés” -su respuesta de 1965 al famoso ensayo que Perry Anderson publicó en la New Left Review con el título de  “Los orígenes de la presente crisis”- exhiben las cadencias y las preocupaciones de un   William  Cobbett de última hora. Aquí, y en su mofa a menudo hilarante del obscurantismo continental de Louis Althusser en Miseria de la Teoría (1978), Thompson dio buen uso al anglo-centrismo: preferir el sentido común a la dialéctica y el ejemplo histórico a las elucubraciones de la alta teoría.  

Pero Thompson fue autoindulgente con su excesiva verborrea (self-indulgently garrulous). “Las peculiaridades de lo inglés” ocupa  cincuenta y siete  páginas impresas, mientras que en Misería  de la teoría sólo el ensayo que da título al volumen abarca 206 páginas: habría sido el doble de eficaz con una cuarta parte. Y su perspectiva parroquial incluía a menudo   un tono que no sólo era   irritante y saintsimoniano (priggish and sanctimonious) sino también repugnante.

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El 24 de abril   de 1981, el New Statesman  publicó una carta  de un disidente checo,  bajo el seudónimo de Václav Racek, que protestaba cortésmente contra la insistencia de Thompson (por entonces estaba con las cuestiones sobre el desarme) sobre el militarismo y la represión en el este y en el oeste. Racek sugería que en el este   era algo peor y que el desarme mutuo  apenas mitigaría la represión. Thompson respondió con un  larga misiva (veinte columnas frente a las tres de Racek) y un condescendiente rechazo, comparando el “ingenuo” deseo de los disidentes checos por la libertad con su    propia “defensa de libertades británicas”, aunque concediendo que teniendo en cuenta su mal informada inocencia “no es difícil entender porqué un intelectual checo puede pensar de esta manera”. Explicó que, en su ignorancia,  esos disidentes  se ” preocupaban de sus propias injusticias nacionales” y tenían así “una visión más alterada y  parcial del mundo” que Thompson y sus colegas occidentales.

Dudo de que Leszek Kolakowski haya pensado sobre E.P. Thompson en los últimos treinta años, y mucho menos que esté enojado  (“My Correct Views on Everything” fueron publicadas en 1974). Pero tal  sugerencia dice mucho de esa     perspectiva parroquial –como dice el  Sr. Countryman’s – que atribuyo  a  Thompson: una perspectiva en la cual las disputas locales de la intraizquierda    ocupan más tiempo y espacio que los progresos políticos en los países alejados y donde   los historiadores asoman más  que la propia historia. No me cuesta conceder   que éste no es   un defecto distintivo o exclusivo de los ingleses  ¿Pero es o no es autosuficiente y provinciano?  Desde luego que lo es.

 Eso es todo, amigos, saquen sus propias conclusiones.

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2 Respuestas a “E. P. Thomson, Kolakowski, Tony Judt y Countryman

  1. Muy buen post. Es una tentación suponer que la respuesta a la primera pregunta formulada aquí sobre la autosuficiencia y provincianía de Thompson debe ser rectificada a raíz de la respuesta a la segunda y postrera. Saludos.

  2. Pingback: Tony Judt: revisando el reciente siglo XX « Clionauta: Blog de Historia·

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