El futuro de las librerías (y de los libros)

 Antes de empezxar, les ruego que hagan un poco de memoria y que recuerden una entrada anterior. Se titulaba “Entre col y col, un libro de Gallimard” y trataba sobre la voluntad de este último sello de llevar algunos de sus libros a los supermercados. Ahora ya estan en antecedentes sobre algunos de los grandes movimientos que se cuecen justo tras las cumbres pirenáicas. Vayamos, pues, a la novedad (que no lo es tanto)

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editiskouck.jpg Alain Kouck (Editis)

En los primeros días del pasado mes de  diciembre, la primera librería virtual de Francia, que no es otra que Amazon, anunció haber firmado un acuerdo con el grupo Editis (el segundo en la Galia tras Hachette Livre) y con otros cinco editores (Michel Lafon, L’Ecole des loisirs, La Dilettante, Les Presses de Sciences Po y el grupo Eyrolles). “Chercher au cœur » se denomina el proyecto que les une, aunque en realidad es un programa informático gracias al cual sus clientes pueden consultar resúmenes e incluso buscar en el propio corazón de los libros que desean adquirir antes de realizar el pedido en firme. Eso significa digitalizar los volúmenes, algo que ni siquiera Google ha podido realizar con tranquilidad. Pero aquí se ha seguido otro camino y el viento parece soplar a favor.  “Notre souhait, pendant cette période difficile, est de rechercher toutes les pistes qui permettront de faire vendre nos livres”,  señalaba Alain Kouck, director général de Editis. “Nos clients sont de plus en plus souvent des internautes. Nous voulons leur fournir les outils qui leur permettent de consulter des extraits des ouvrages avec toutes les garanties pour les auteurs”.   Jean-Pierre Tissier, director general de la casa Eyrolles, lo dejó igualmente  claro: “Pour vendre le genre de livres, techniques et spécialisés, que nous éditons, la table des matières ne suffit pas. Le lecteur a besoin de savoir comment tel ou tel point technique est traité, et donc de feuilleter le livre, comme en librairie, avant d’acheter”. Como en una librería, eso es.  

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Como reacción al proyecto, el 14 de diciembre aparece publicada en Le Monde una tribuna con el expresivo  título de “Les Librairies dans la tourmente“, que firman Christian Thorel, Jean-Marie Sevestre y Matthieu de Montchalin, libreros y  vicepresidentes del   SLF (Syndicat de la librairie française). Decididamente, dicen estos señores, son tiempos duros para los libreros independientes. Zarandeados por la crisis económica, maltratados por esa mutación urbana que privilegia los grandes centros comerciales de la perifería en detrimento de los viejos centros históricos, a menudo inaccesibles y anticuados, los libreros luchan, reciben el apoyo de los lectores, se modernizan incluso, pero están expuestas a un futuro incierto. La adaptación está siendo dura y más cuando el mundo empresarial se concentra e impone sus criterios. El el mundo editorial también, donde hay dos grandes monstruos:   Hachette y Editis.   Y no es que nos asusten, dicen, los retos. No tememos a la informática, ni a crear nuestros propios portales y vender por internet. De hecho, ya lo hacemos en muchos casos.  Pero sin olvidar una cosa: « Nous sommes donc prêts à faire le pari que nous avons notre place pour longtemps encore dans le livre de papier, et pourquoi pas dans le monde gazeux du livre dématérialisé ».  Apostamos a que el hombre del futuro no será esclavo de la pantalla, sino  un ciudadano que transitará por las calles de nuestras ciudades  y cuyos dedos seguirán pasando   las páginas de los libros. Y  creemos también  que   nuestros hijos sabrán  preservar la presencia de las bibliotecas en sus casas.En suma, no tenemos miedo, pero estamos encolerizados. Durante los últimos años hemos chocado contra un muro de incomprensión por parte de editores y distribuidores cuando les hablamos de los problemas que engendran lo que consideramos que son unas condiciones de venta inadecuadas para  las exigencias de nuestro comercio: “salaires trop bas dont la conséquence la plus grave est la désaffection pour le métier, charges de plus en plus lourdes, exigences d’équipements de plus en plus sophistiqués, capacité d’investissement en baisse. Durant ces cinq années, le commerce sur Internet s’est développé, exponentiellement, créant une concurrence jamais vue”.

Y a pesar de todo, a pesar de nuestras advertencias, aquí tenemos el acuerdo con Amazon. Se le ofrecen condiciones similares a  las nuestras, pero sin las cargas que nosotros soportamos. Eso sí, para los libreros una “session de rattrapage, le 6 novembre, chez Hachette, où, après un long discours de Jacques Attali sur la fin du livre papier (sic!), il fut expliqué à l’assistance des libraires comment faire du commerce en imaginant des méthodes comparables à celles de la parfumerie!” Jamás creímos ser “amados” por otra cosa que no fuera la función que cumplimos, pero confiábamos en el contrato moral enunciado por Jérôme Lindon (quien fuera director de Éditions de Minuit y gran impulsor de la ley del precio único de los libros), ese que dice  que no hay libros sin libreros. Quienes firmaron el acuerdo con Amazon han traicionado el contrato y la idea de Lindon. El resultado no será otro que el deterioro de la red de establecimientos independientes.   geze_f.jpg
Una semana después, el 20 de diciembre, François Gèze, alto responsable de La Découverte, replicó a los anteriores con otra tribuna, esta vez aparecida en LivresHebdo.fr: “L’enjeu, ce n’est pas Amazon, c’est l’amélioration  de la productivité de la chaîne logistique du livre”, decía el encabezamiento de ese texto.  Desde que ejerzo de editor, dice Gèze, sigue intacta mi convicción de que los libros no pueden existir sin librerías de calidad que los defiendan. Comparto, pues, la preocupación que señalaban aquellos colegas, pero no su veredicto, que me parece excesivo e incluso fura de lugar. Lo digo porque el acuerdo con Amazon no traiciona nada de lo que ellos dicen.  
El crecimiento del comercio por internet no es una amenaza, es una oportunidad para todos  porque nos puede permitir hallar nuevos lectores. Es cierto  que supone la penetración de “outsiders étrangers”, como Amazon, pero es falso afirmar que le hemos ofrecido condiciones similares a las que tienen las librerías tradicionales. Además, permitir a los compradores hojear unas páginas es algo bastante fútil; tanto más si advertimos que, al revés de lo que se piensa,  el perfil de las tiendas en línea  se parece cada vez más al   de las grandes superficies, es decir, venden el superventas del momento, en detrimento del fondo.    En fin: “Les librairies indépendantes sont donc plus que jamais nécessaires à la majorité des éditeurs et de leurs livres. Mais à l’heure où nous vivons tous une chute des ventes et une transformation des pratiques d’achat probablement irréversibles, ces libraires ne doivent pas se tromper de combat, ni d’ennemi”.  

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Sea como fuere, ahí no terminó la cosa. El pasado cinco de enero aparecían dos artículos en  Le Monde des Livres.  El primero (Nos livres continueront d’exister) lo firmaba Arnaud Nourry, director general de Hachette: el segundo (Pour l’avenir de la librairie) era obra de Claude Tarrène, de ediciones Diletante. Sin embargo, les ahorraré el resumen por esta ocasión. Sólo han de hacer clic y aparecerá en sus pantallas.  

Como colofón les diré que el año ha sido malo para las ventas de libros en Francia, la peor de las últimas quince anualidades. Tal como ha publicado la prensa, ningún libro ha conseguido superar los 600 mil ejemplares vendidos (¡qué envidia!). Ha sido el año “sin”. Sin Astérix y sin Harry Potter, sin nadie que haya hecho saltar el registro millonario (como hicieron los anteriores y el Da Vinci en 2005). Parece, pues, que hay una erosión general del bestseller, porque la edición de bolsillo y el ensayo han tenido una leve mejora (y esto último gracias a la efervescencia política). En suma: los 53 títulos más vendidos suman la nada desdeñable cifra de 10 millones quinientos mil ejemplares vendidos, pero eso supone un 20% menos que en 2005, cuando las aventajadas obras de aquel curso despacharon 13,3 millones ellas solitas.

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