Natalie Zemon Davis y sus críticos

Recién iniciado el año, el cuatro de enero, se publicó en el Reino Unido el último de los libros de esa espléndida historiadora que es Natalie Zemon Davis: Trickster Travels: In Search of Leo Africanus, A Sixteenth-Century Muslim Between Worlds. Ya me he referido al volumen en otra ocasión, recomendándolo. Lo hice porque está pronta a aparecer una versión castellana que corre a cargo de las Publicaciones de la Universidad de Valencia (PUV). Además, para los impacientes también aconsejé un repaso a esa estupenda entrevista titulada Pasión por la historia que ha editado ese mismo sello, donde mi admirada Davis se refiere con extensión a ese volumen y a su protagonista: León el Africano.

Pero no adelantemos acontecimientos. De momento, nos quedamos con la recepción en aquellas islas. Quiza la primera en hacerse eco de la novedad fuera Rachel Aspden, a la que tengo por deputy arts and books editor de The New Statesman aunque en esta ocasión publicó su recensión en The Observer con el título de “John the Lion, thrown to the Christians …”. Eso fue a finales de diciembre, incluso antes de la fecha oficial de salida, quizá utilizando el texto norteamericano. Sea como fuere, la conclusión era inequívoca, pues Aspden se declaraba fascinada: “The facts that swim out of this postmodern soup are fascinating”. Posmoderna, ésta es la clave: “Natalie Zemon Davis, an American cultural historian best-known for her account of a notorious 16th-century case of identity theft, The Return of Martin Guerre (1983). Martin Guerre’s popular success is no guide to Davis’s sympathies, which are firmly with postmodern academic speculations rather than rip-roaring narrative history. Her introduction places al-Wazzan not amid pirates and prelates but amid historiographers and post-colonial professors (whom, she disconcertingly observes, ‘inserted the non-European world into the consciousnesss of the Renaissance in a new way’). To Davis, her captured diplomat is a textual, rather than an actual, traveller”. Así pues, señala Aspden, no extrañará que Len el Africano y su Descripción de África sean analizados por su significado cultural, como tampoco debería extrañar (pues no es la primera vez; recuédese su Mujeres en los mñargenes) que el libro concluya con un encuentro imaginario entre aquél y Rabelais en Roma: “The awkwardly sentimental scene points up the flaw in Trickster Travels – by turning her back on narrative, Davis becomes lost in her textual maze more thoroughly than al-Wazzan ever was in Rome” .

Bien. Rachel Aspden está fascinada, pero el final no le convence del todo, pues la historiadora norteamericana parece perderse en ese laberinto textual que ha creado como colofón del volumen. Y en ese punto entra James Buchan, cuya recensión en The Guardian del 13 de enero se titulaba “Search for a legend”. Este escritor y periodista empieza marcando distancias, señalando la condición de emérita de Natalie Davis y comentando que el volumen ha sido bien recibido en los USA. Sin embargo, no acaba de convencerle que esa importante figuraque es León el Africano no haya sido más que una excusa, un material circunstancial para hablar del siglo XVI: “sets up Leo as a peg on which to hang all manner of circumstantial material about the 16th-century Mediterranean, a great cluster of might-have-dones and might-have-mets”. Puede, pues, que a otros guste, pero “for this reader, the book is a source of deep misgiving, at best a monument to misapplied learning”. En fin, ya lo ven, palabras mayores. Y ofrece razones, no se crean que es una simple boutade. La primera y fundamental es el método, nada oculto, sino bien explícito en la obra analizada. Dice Davis: “My strategy is to start with the persons, places and texts that good evidence affirms or suggests he knew, and build from additional sources about them what he would have been likely to see or hear or read or do. Throughout I have had to make use of the conditional – ‘would have’, ‘may have’, ‘was likely to have’ – and the speculative ‘perhaps’, ‘maybe’“. De lo dicho, que con matices podrían suscribir autores como Carlo Ginzburg o Robert Darnton, deduce el amigo Buchan que aquí hay gato encerrado, que los posmodernos siempre están con la estrategia para arriba y para abajo y que, no nos engañemos, “this is not history but a sort of romance laden with footnotes, a novel dragging an academic ball and Caín”. Ya pueden ustedes imaginar el resto y no hará falta decir cómo recibe el dichoso capítulo final: “That is the great fault of postmodernist historiography: it cannot distinguish past from present or future”.

Ese mismo 13 de enero, sábado para más señas (el día de las reseñas), aparecía la de The Times, toda una institución en el periodismo escrito. En esta ocasión la bola le salió a Michael Binyon, toda una institución en la casa, con una larguísima y fiel trayectoria desde los años setenta, quien rotuló su crítica del siguiente modo: “Islam’s Renaissance man”. La verdad sea dicha, casi todo el análisis es un resumen atractivo de las andanzas del protagonista, nuestro reiterado León, pero sin escatimar elogios: “Trickster Travels is nevertheless a masterpiece of scholarship”. Bien, hay un sin embargo, pero no tiene importancia y se lo ahorro. En suma, aunque la autora exige mucho a sus lectores y quizá se pase jugando con las probabilidades y con el uso de la imaginación, the result is a gripping, if arcane, portrait of a bird of passage between two worlds that tempered our civilisation”.

Estamos, pues, en empate y para deshacerlo nos ponemos en manos de Sam Alexandroni, el último en sumarse a las críticas con su “Miraculous conversion”, texto aparecido en The New Statesman el pasado 15 de enero. Este curtido periodista también ofrece un breve sumario de la obra, con el propósito de hacernos entender por qué “Natalie Zemon Davis, a cultural historian famed for her interest in the obscure”, ha elegido este objeto de investigación y cómo “makes this fascinating material tough-going”. Además, como reportero que ha cubierto algunos de los conflictos de Oriente Medio y como interesado en la cuestión islámica, Alexandroni se siente atraido por otras cuestiones: “but Trickster Travels rewards the persistent reader with rich detail on, for example, the use of taqiyya, the dispensation under which Muslims could practise the precautionary dissimulation of faith and religious practices under circumstances of coercion”. These rules allowed captured Muslims to eat pork, drink wine and renounce their faith without fear of being accused of apostasy, providing they remained inwardly faithful”. Ciertamente eso ayuda a entender la conducta de León el Africano, pero puede tener otras implicaciones. Y he aquí la conclusión:Trickster Travels introduces al-Wazzan as a shadowy figure poorly defined by history, and so he remains”.

Hagan ustedes las cuentas. No sé muy bien si suman más los pros o los contras. Si me piden una opinión, lo tengo clato: voto por Natalie Zemon Davis, a la que situo entre lo mejorcito de la profesión, sin duda alguna.

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