La nueva masculinidad (?)

Retomemos el hilo. Estábamos adecentándonos y enumerando textos que han tenido éxito textual en ese digno propósito. 

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En primer lugar, tendríamos el Mr. Jones’ Rules for the Modern Man (Hodder & Stoughton, 2006), de Dylan Jones. Se trata del editor de la revista británica GQ (antes llamada Gentlemen’s Quarterly) y, por tanto, lo que hace es relatar sus largas experiencias, con un buen número de anécdotas  y curiosidades sobre asuntos tales como el trabajo, el dinero, la comida,  la moda, y, cómo no, el sexo. En fin, un volumen divertido (a lo británico) de un escribiente que ya triunfó con su iPod, Therefore I Am: A Personal Journey Through Music. 

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Pasamos luego, por ejemplo, a The Man’s Book (Weidenfeld and Nicolson, 2006 ), de Thomas Fink. Aquí hay algo que no cuadra, pero el desconcierto vende. Digamos que es un volumen british total, de modo que servirá para quienes deseen encontrar  las mejores camiserías londinenses y también les hará servicio a quienes estén ansiosos por saber qué equipos compiten en el mundial de Cricket, si es que eso le interesa a alguien fuera de las islas y de las antiguas colonias. Pero, pero, pero.  Hete aquí que el señor Fink no es lo que parece. ¿Qué dirían que es? Pues, no, eso no. Nada menos que un físico teórico que trabaja en el Institut Curie, un centro del muy francés CNRS. ¿Y que puede resultar de esa conjunction? En efecto, una formula matemática para hacer el lazo o el nudo de la corbata, un diagrama o un algoritmo para auscultar si uno tendrá un matrimonio feliz, etcétera. La cosa tiene su aquél.  

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Reparamos también en el primer volumen de The Affected Provincial’s Companion (Bloomsbury, 2006), de Lord Breaulove Swells Whimsy. Éste es todo un caballero, ya lo dice el nombre, y se trata, sin duda, del librito más sofisticado y elaborado de todos, expresión perfecta de lo que entre ciertos gentelmen se entiende por el obsequio adecuado. Ya lo dijo el New York Times en su día: “one of the more charming treatises to come along in years”. Claro que, a pesar de las apariciencias, Whimsy es un norteamericano, eso sí, de Nueva Inglaterra, con blog y todo. Por si faltará algo, su personalidad incluye ciertas dosis de polémica, en particular la mantenida con Christian Chensvold, un auténtico dandy. Éste se define como modernista, el otro como un nostálgico. ¿Y ustedes? 

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Muy, pero que muy distinto es The Dangerous Book for Boys (HarperCollins, 2006), de los hermanos  Conn   y Hal Iggulden. El amigo Conn no es desconocido, pues se han traducido varias de sus novelas históricas (El emperador). En esta ocasión se ha reunido con la familia para ofrecer un volumen que es lo que un colega denominaría superdivertido.  Además, son también británicos, pero nada de Cricket, más bien un recorrido por cosas tales como qué hacer como la tinta invisible. Es decir, para jóvenes, o nostálgicos con ganas de revivir los placeres de la adolescencia. Y para los amantes de la curiosidad, porque hay un apartado dedicado a las grandes batallas de la historia. ¿Que cómo es eso? Averíguenlo ustedes, o intenten pillar  la reseña aparecida en The Telegraph: “A book of old-fashioned, adventurous pastimes for lads and dads has become a surprise bestseller”.   

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Pero acabemos, que me estoy poniendo de los nervios con el repasito. El empalagoso postre será Essential Manners For Men: What To Do, When To Do It, and Why (Collins, 2003), de Peter Post. El libro tiene sus años y muchos más el autor, bisnieto de la gran dama de la etiqueta en tierras americanas,    Emily Post. De hecho, Peter dirige el  Emily Post Institute y ha escrito varios volúmenes sobre el particular, aunque ninguno con el éxito de este último, recién reeditado. Algo que a muchos tiene intrigados, pues la obra es un repertorio de obviedades del tipo de   “Each of us is responsible for how others view us…The best way to deal with hygiene is to wash daily… Honesty is being truthful, not deceptive”. En fin, que hay gente para todo a la hora de decidir lecturas y gastar el dinero.  

Acabada, pues, la inspección,  me doy cuenta que   he rebajado este blog a unos niveles infames y que ésta no es manera de empezar el año. Pero, bueno, será difícil caer más bajo. En cualquier caso, ha sido una añagaza del amigo Snop, porque me podría haber enviado otra cosa, porque en lugar del libro de Russell me podría haber remitido, por ejemplo,  el de Heather Menzies: No Time: Stress and the Crisis of Modern Life (Vancouver: Douglas & McIntyre, 2005).

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Dicen que éste es el mejor académico del pasado año en Canadá. De hecho, esta estudiosa  ha ganado con ese volumen el prestigioso premio Ottawa Book , que examina el impacto de las nuevas tecnologías sobre nuestra vida, en particular cómo nos causan el tan generalizado estrés (yo, por ejemplo, no lo padezco, pero soy portador).     

En fin, eso es todo. Si les interesa lo anterior y se pasan por Canadá, recuerden que el 24 de enero el amigo Russell da una charla en el Albany Club, en la Queen’s University de Toronto. Ahora bien, les confieso que si fuera yo el afortunado preferiría rendir tributo a la gran historiadora Natalie Zemon Davis, que también habita aquellas tierras del norte. Y si tuviera que elegir un libro sobre el hombre y la masculinidad, eliminaría los anteriores y me decantaría por La imagen del hombre: la creación de la moderna masculinidad (Talasa, 2001), del desaparecido historiador George L. Mosse. Pero sobre gustos y modas…

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