Año nuevo, nueva masculinidad

Año Nuevo, vida nueva. Ésta es mi decisión. Agarré una depresión a finales del 2006  y tuve que recurrir a un psicoterapeuta. Hubiera acudido a mi párroco, algo mucho más barato y sin cita previa, pero en el último momento me percaté de que no tengo.  Así que me las tuve que ver con un especialista en desórdenes. Le relaté mis cuitas, por supuesto, y el hombre se mostró escéptico. Además, añadí, no recuerdo mis sueños, si es que los tengo. Con eso estaba dicho todo y  a él  le dio un ataque de risa. Cuando se serenó, le recriminé su conducta y me mandó a paseo. Estas fueron las palabras de despedida del matasanos, un tal Gregorio Casa: “Ni lema es vive y deja vivir. Pero me he apuntado a un curso de costura y me han dado una almohada muy grande”. ¿Se lo pueden creer? ¡Será cretino el tío¡ 

Eso sí, se me ha pasado el desarreglo y voy a cambiar de vida. Lo primero será el estilo. Aprovechando las rebajas me voy a poner hecho un pincel. Y cuento con una inestimable ayuda. Snop se ha repuesto y la semana pasada me regaló un libro precioso (yo creo que es una indirecta). Dice que ha sido uno de  los libros del año en Canadá. Y no me extraña, porque su autor es una firma reconocida: Russell Smith. Autor de varias obras de ficción, es sobre todo un reconocido periodista y un crítico cultural.  Quienes hayan estado en Toronto, por ejemplo, y hayan adquirido un ejemplar de The Globe and Mail le recordarán por su columna semanal   “Virtual Culture”.  Yo no me lo pierdo, si lo puedo evitar, para estar al tanto de la moda, la vida social y la nightlife, que es como denomina a la movida. Ahora bien, en lo que es un experto es en men’s clothing and appearance. Y si he de renovarme, qué mejor lectura que su reciente Men’s Style: The Thinking Man’s Guide to Dress (Toronto, McClelland & Stewart, 2005)

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De todos modos, la cosa no es lo que parece. Russell Smith es especialista en literatura francesa, de modo que no sólo es un texto frívolo (que también). Es la obra de quien pasa por ser un filósofo del estilo, que ofrece  abundantes hechos históricos y unas cuentas gotas de sociología.  Y, por si fuera poco, odia a los metrosexuales, porque son poco varoniles. Ahora bien, la masculinidad y cierta preocupación por el estilo en el vestir van juntas. Porque, vamos a ver,  si no está mal visto que te gusten los colores y, por ejemplo, las pinturas de  Matisse y Vermeer, entonces ¿por qué va a ser superficial que te preocupes por la aparicencia? Es decir, “I crave Matisse as I crave a silk tie or a plummy Burgundy”, de modo que el aprecio por la buena música, la pintura exquisita, las viandas de calidad y los mejores ropajes entran en el mismo saco.   Defendamos, pues, lo artificial,   no en vano arte y artificio tienen una raíz común y decimos así que el arte es artificial: “I would no more return to the natural than I would give up Shostakovich and Brahms and the Louvre”.  

Bueno, esto es el resumen digerido, pero el librito empieza así, con una cita del humorista inglés P.G. Wodehouse:  “There are moments, Jeeves, when one asks oneself, ‘Do trousers matter?’ ” “The mood will pass, sir”   (hasta aquí la cita).  

Dicho lo cual, he aquí la consecuencia: “This is the most fundamental question of all, and it had best be settled off the top. Who cares? If I confess — even to myself — an interest in the superficial, am I not admitting to superficiality generally? Am I not admitting my failure to qualify as a practical man, the wholesome but unassuming man that this continent most values?”

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A todo eso, el señor Smith, con esa pose tan sesuda, no está sólo en su batalla por adecentar a sus congéneres masculinos. En el último año han aparecido diversos y muy variopintos volúmenes  sobre el particular, cosa que aquél ha señalado habitualmente en su columna periodística. Recuerdo una del sábado 16 de diciembre en la que citaba algunos ejemplos. Veamos.

Bueno, ver lo que se dice ver (o leer) lo veremos otro día, pues ya saben que tengo poco que contar y muchas entradas que cubrir.

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6 Respuestas a “Año nuevo, nueva masculinidad

  1. Vuelve el hombre. Usted se ha puesto hecho un pincel, adelgazando, eliminando esas grasas sobrantes que tanto abombaban su cintura. Ahora se le ve filiforme… En cambio, un servidor –que se mata regular, insistentemente, en el gimnasio– no consigue depurarse hasta alcanzar el estilo deseado. Tanto me castigo en las máquinas aeróbicas, que llevo tres días con una lumbalgia limitante. De todos modos, esos contratiempos forman parte del hombre de hoy, ¿no?: de esa nueva masculinidad que usted predica. Pero perdone que ahora le deje: tengo tareas domésticas que completar. Como dijo Terminator (ese gran símbolo), I\’ll come back…!

  2. Estupendo señor Pons, el tema que nos plantea es muy sugerente ¿podemos aplicar realmente como nos propone Russell una guía práctica y filosófica a la ropa de los hombres? Lo característico de la frivolidad es la ausencia de esencia, de peso, de centralidad en toda la realidad y, por tanto, la reducción de todo lo real a mera apariencia: es una nueva sofística en la que, al igual que aquella con la que combatió Sócrates, la retórica erística prima sobre la verdad. La moda es una suerte de retórica-sofística que nos hace sumergirnos en una “orgía de la apariencia” como diría J. Baudrillard en la que toda la realidad se nos presenta como pura exterioridad absolutamente manipulable.

    Pero bueno, todo esto resulta un poco complicado a estas horas de la tarde y…yo también me uniré junto con el señor Serna a lo que dijo “Terminador.., I\’ll come back…!”

  3. En efecto, apariencia, frivolidad, artificiosidad. Diría Russell Smith que eso mismo acerca el vestir al arte. Esperemos a la segunda entrega. Allí se verá lo que se nos viene encima…

  4. Señor Pons, por favor, concédanos el privilegio de asistir a su interpretación de la segunda parte. La primera me ha parecido fantástica. Si necesita ayuda psicológica haga como decía mi madre: ponte a remendar calcetines. ¡Hay que ver cómo se calman los nervios!

  5. Le saludo de Guatemala, me parece que leo màs dudas que aciertos, creo que a veces los hombres comunicamos poco las dudas internas y mucho lo superficial… me pregunto, que sigue despues de cambiar el vestido y la figura…? si quiere platicamos…

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