Gary Paul Nabhan vs Keith Jenkins, combate de fondo

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Buenos días a todos y feliz regreso. Deseo confesarles  que sólo he conseguido un visitante atento, algo que expongo a las claras por si aparece alguno extraviado. Como contrapartida a tal soledad, ese lector se ha convertido en amigo y mantenemos desde hace semanas una correspondencia íntima que aquí ya no puede reproducirse. Sin embargo, por azar o descuido, he perdido sus señas y no puedo comunicarme con él. Me preocupa, pues tampoco recibo noticias suyas desde hace unos días. Así que, dada la calma que reina en ese blog, aprovecharé el púlpito para dirigirme a mi compañero del alma:

“Querido Snop :  Desde que nos vimos el pasado mes de noviembre  estoy inquieto y la misiva que me hicieste llegar tres jornadas después aumentó aún más la intranquilidad. Ya te comenté mis dudas sobre las virtudes del altramuz como remedio para rebajar la presión arterial, pero si insistes en que lo asegura tu médico, entonces lo daré por cierto. Sabes que sólo pretendo cumplir tus deseos y por eso te  remetí una partida, por eso y porque aseguras que esa legumbre no se encuentra por tu tierra. Lo que no entiendo es por qué señalabas que los habías encontrado duros y que te habían sentado mal. ¿Cómo es posible que te hayan destrozado la dentadura postiza? Te recuerdo lo que le dije a tu prima. Los altramuces han de ponerse en remojo unas cuantas horas para que absorban el agua y se hinchen. Una vez realizado lo anterior, has de hervirlos para eliminar los alcaloides tóxicos que contienen. Y, finalmente, hay que cambiarles el agua varias veces al día hasta que ese líquido no esté amargo.  Mucho me temo, pues, que te los has comido secos y duros, tal como te los envié, y si es así no me extrañaría que te hubieras intoxicado o algo peor. Por favor, escríbeme”.

Diálogo

 Olviden lo anterior, se lo ruego, y no me lo tengan en cuenta. Si me preocupo tanto es porque también ustedes se merecen mi atención y él contribuye a que así sea. De hecho, lo tengo subarrendado para completar mis crónicas en momentos de apuro. Cuando interrumpimos el contacto me estaba relatando los libros aparecidos en México, en donde había estado unas semanas antes. Estábamos, además, en proceso de negociación, dado que yo había puesto el ojo en una traducción del historiador Keith Jenkins y él se decantaba por el volumen del etnobotánico y ecologista Gary Paul Nabhan, ambos presentados no hace mucho por la editorial FCE. Y en ese punto nos quedamos, de modo que me ha dejado huérfano.

En cualquier caso, al menos puede relatarles los pormenores de la discusión que iniciamos.

Le dije a Snop: Yo no pondo en duda las virtudes de los libros de Nabhan ni tampoco su reconocida trayectoria, pero no comparto el entusiamo que muestras por este autor.

Vamos a ver –repuso él:  los méritos de este científico son innumerables. No te recordaré la cantidad de premios con los que ha sido honrado, desde el John Burroughs, por su primer libro (Gathering in the Desert), hasta el Emil Haury Award, que honra la memoria del célebre arqueólogo fallecido en 1992. Lo mismo se puede decir de su actividad profesional: cofundador del Native Seeds/SEARCH y primer director del Center for Sustainable Environments en la  Northern Arizona University, entre otras cosas. Además, tengo otra razón de peso, que no es otra que el inexplicable hecho de que hasta ahora nadie lo haya vertido al castellano.

Hombre –le contesté–, ya te he dicho que no voy a discutir sus méritos, pero creo que exageras. Veo, por ejemplo, que no has citado su último galardón, el Copper Quill, que concede la Biblioteca Pública de la insigne ciudad Flagstaff, en el condado de Coconino, que da la casualidad de que está en Arizona.

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Déjate de ironías –me escupió Snop–. Pero si no te has leído nada!  A mi me vas a decir. Como soy un enamorado de México,  te confesaré que me hechizó con uno de sus libros anteriores, con ese !Tequila! A Natural and Cultural History que escribió junto con su colega Ana Guadalupe Valenzuela-Zapata, que trabaja en el Laboratorio de Etnobotánica de la Universidad de Guadalajara. Y ese mismo año, el 2004, publicó también el que ahora se traduce: ¿Por qué a algunos les gusta el picante? Alimentos, genes y diversidad cultural. Y si no quieres hacerme caso, al menos escucha lo que dicen los editores de FCE:

 “Este elocuente y fascinante libro anuncia el amanecer de la gastronomía evolucionista, que salvará y enriquecerá a millones de seres humanos. Partiendo de Arizona a Java y Bali, de allí a Creta y Cerdeña, y de aquí a Hawai y México, Gary Paul Nabhan, laureado historiador de la natruraleza, nos lleva de la mano a una odisea culinaria, genética y cultural que cambiará nuestro entendimiento de la salud humana y la diversidad cultural. Obesidad, intolerancia a la lactosa, diabetes, alcoholismo, todo un cúmulo de enfermedades tienen, según la ciencia médica, origen genético, pero en realidad es la interacción de factores genéticos, alimentarios y culturales la que las causa. Esta interacción es expuesta por el autor en un lenguaje llano, pese a su profundidad científica, haciendo hincapié en la alimentación: cómo el abandono de nuestras dietas tradicionales por alimentos y bebidas foráneos nos hace propensos a la enfermedad. Para comprender cuán profundamente afecta a la humanidad la interacción gen-alimento-cultura emprendamos el viaje con el autor para escuchar las historias de personas que sufren a causa de tal interacción o son protegidas por ella. Y celebramos también la vuelta al hogar: esos momentos en que podemos sentir que nuestros genes y tradiciones culturales, así como los alimentos que comemos están en perfecta armonía unos con otros, donde la salud de nuestros cuerpos, comunidades y hábitats es una sola cosa”.

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Dejémoslo estar–concluí. Ahora no puedo seguir, así que lo hablaremos en otro momento.

Historia y posmodernidad

Y ahí se quedó la cosa, sin que pudiera yo exponerle mis argumentos, no tanto en contra de Nabhan cuanto a favor de Jenkins.  Por eso poco puedo agregar, porque no me ha traído el libro, ese ¿Por qué la historia? Ética y posmodernidad que se acaba de publicar en FCE.

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Les diré que este académico me interesa. No es que comparta todas sus ideas, pero me gusta leer esa revista llamada Rethinking History que dirige Alun Munslow y de la que Jenkins forma parte desde el principio (ambos son o han sido también colegas de la University of Chichester). Además, me atrae el prospecto, por el revoltijo y por aquello de airearse de vez en cuando: “La era posmoderna rompe la linealidad de la concepción del tiempo histórico y abre varias posibilidades de interpretación a partir de la creación de nuevos imaginarios. Keith Jenkins analiza los textos de los pensadores más representativos: Jacques Derrida, Jean Baudrillard, Jean-François Lyotard, Richard Evans, Hayden White, Frank Ankersmit, Elizabeth Deeds Ermarth y David Harlan, y muestra la existencia de nuevas formas de “vivir en el tiempo pero fuera de la historia, vivir en la moral pero fuera de la ética”. Es decir, ¿Por qué la historia?‘ de Keith Jenkins nos permite conocer las corrientes historiográficas de vanguardia y la controversia que alrededor de ellas se ha tejido. El texto nos ubica en el debate contemporáneo acerca de la teoría de la historia, la historiografía y la teoría literaria vistas desde la posmodernidad.

En principio, sólo tengo un leve reparo. Jenkins, como Nabhan, no había sido traducido hasta ahora (que yo sepa, al menos). Entonces, ¿por qué han escogido este volumen?, que fue publicado en 1999. En realidad, su última obra, editada en 2004 en colaboración con Munslow, se titula The Nature of History Reader y recopila textos breves de destacados historiadores sobre la disciplina.  Esos párrafos se agrupan en cuatro apartados (reconstructivismo, constructivismo, deconstructivismo y endismos; así, como suena pero en inglés) que se accompañan de los comentarios y críticas de los editores, cosa que resulta bastante interesante y graciosa.

Juzguen, pues, ustedes mismo. Les propongo dos lecturas:

Las reseñas de Nabhan, publicadas en Nature (volumen 431, número 7011, de 2004) y en  Science Communication (número 27 de 2006). Por desgracia, Snop no me las ha facilitado.

La entrevista de Paul Newall a Jenkins en 2004 para la virtual Galilean Library. Allí podrán leer sobre sus proyectos (The Feminist History Reader y Manifestos for History) aún inconclusos.  

De regalo, una pequéña incursión polémica entre Alun Munslow y Patrick K. O’Brien a propósito de esa inclinación posmoderna del primero y de Jenkins. De todos modos, y por si a algun@ se le hace larga la cosa, les traduciré las últimas y significativas palabras del ataque de O’Brien, profesor emérito en la UNiversity of London:

“En el campo de la historia, los  aplausos a  la metáfora, a la retórica y a la  moda son transitorios,  porque las disciplinas existen para separar la paja del grano. Por supuesto, todo lo dicho  puede que no sea   más que  el punto de vista privativo de un historiador mayor, blanco y varón, que ha sido lo bastante afortunado  como para ocupar un cómodo sillón en la jerarquía de la  disciplina académica. ¿Es así? ¡Espero que no!

¿Y qué dice Munslow? Pues empieza señalando algo así como que “La historia ya no es no que era” y termina con: “Mi historia es relativista y  eso  de ninguna manera me preocupa. Mi historia colapsa conocimiento y representación,  representación y ser, y goza de la relación permeable entre la realidad pasada y el presente. Reconocer que somos criaturas textualizadas (vaya palabrita)  no nos obliga sino a liberarnos. Me alegro de asumir que  si bien nuestras interpretaciones poseen referencialidad en cambio  no tienen acceso a la realidad, de modo que la historia puede que nunca sea lo que una vez fue”. 

Ahí queda eso

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Una respuesta a “Gary Paul Nabhan vs Keith Jenkins, combate de fondo

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