Entre col y col, un libro de Gallimard

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¡Cómo tengo la cabeza! Olvido las cosas, y más con todo el ajetreo navideño. O quizá sea simplemente la senectud amenazante. Mi físico no resiste, eso lo proclamo. Un día es la rodilla, otro la espalda, más adelante el pie. Y, por si faltara poco, todo eso tiene nombre, casi siempre infausto. Una hernia por aquí, la artrosis por allá, el colesterol subiendo y otras muchas cosas acabadas en itis. Pero lo peor es el desgaste cerebral, pues al parecer ciertas neuronas emigran o se suicidan sin pemir permiso. Es decir, mis controles fronterizos son de pena, aquí cada uno hace lo que quiere. 

Y es que se me ha pasado relatarles una noticia parisina, de cuando estuve holgazaneando en el Charles de Gaulle. Les voy a contar un secreto, soy un desalmado y me aprovecho de los gestores aeroportuarios. Si he de pasar largas horas en sus pabellones, cosa que con Monigotepress tengo asegurada, me las ingenio para acomodarme en la sala vip. Y no falla. Me pongo delante de un operario despistado, me atropella y acto seguido me retuerzo de dolor. Casi siempre me llevan a la posta sanitaria, pero no me curo ni a tiros, no hay remedio que calme las múltiples lesiones que barrunto. Todo son dolores y, entre quejidos, pregunto sin mucha convicción por la hoja de reclamaciones. Mano de santo, se lo aseguro. Al momento me tienen reposando con los vips. ¿Es que acaso no lo merezco?   

Siempre hago lo mismo cuando comparto ese lujo. Intento cazar conversaciones para ver si me gano algún dinerillo extra, con una primicia del corazón o con un soplo financiero. Bueno, esto último lo tengo algo abandonado por razón de una experiencia anterior que me sucedió en 2003. Estaba yo en un aeoropuerto londinense, cómo no en la sala vip, junto a un par de ejecutivos de esos que llaman brokers, intentanto cazar la conversación que mantenían. Entre que mi inglés es pedestre a más no poder y que su conversación era recatada, sólo pude captar frases inconexas: “Yukos”, “no te lo pierdas”, “va a ser la bomba”. Sin pensármelo llamo a mi banco y les digo: depositen todo mi capital (3.546 euros) en acciones de Yukos. Me dice el interventor: “¿Está usted seguro? ¿Sabe lo que compra?”. Ni idea tenía yo, pero le repuse: “Usted haga lo que le ordeno y, más le diré,  le aconsejo que aproveche también la oportunidad, que es un soplo que me han dado”. Menos mal que el señor se mantuvo al margen. La noticia era una bomba, desde luego, pues en octubre de aquel año detuvieron al máximo accionista de la empresa, Mijaíl Jodokovski, y mis euros volaron para siempre jamás. Por eso me ven ustedes como me ven, de aquí para allá.  

Bien, en este caso nadie quedará trasquilado, o eso espero.  Además, lo que pude oir, con mi desastroso francés, era cosa inane. Se trata del acuerdo recién cerrado entre Editis y Gallimard. Ustedes dirán: ¡pero si ya se ha hecho público! De acuerdo, pero cuando yo lo oí era una primicia, lo que ocurre es que se me olvidó adelantársela. Editis es uno de los grandes grupos editoriales franceses (Découverte, Laffont, Plon, Perrin, el diccionario Le Robert y otros etcéteras), pero sobre todo es un gigante de la distribución (Interforum). Pues bien, la noticia es que a partir del primero de marzo, Editis pondrá en los supermercados franceses las obras de Gallimard. De momento le asegura 800 puntos de venta entre tiendas de mediano y pequeño tamaño.   Así lo ve Antoine Gallimard, responsable de las Éditions del mismo apellido:


« La présence de nos ouvrages dans le plus grand nombre de points de vente – que nous assurons grâce à notre propre outil de diffusion distribution – est un élément clé de notre relation avec nos auteurs et nos lecteurs. Quant au réseau de vente des supermarchés où nous n’intervenons pas directement, il est particulièrement important pour les ouvrages de littérature grand public et bien sûr pour le poche, la jeunesse, et les guides de voyage. Nous souhaitons donc que cet accord avec Editis, puisse conforter et étendre notre présence dans ce réseau.» 

¿Qué me dicen? “Póngame dos lechugas, un cuarto de jamón de Teruel, tres naranjas y un Alatriste. ¿Ala de qué? El pollo hay que pesarlo aparte”. Yo por si acaso me he puesto en contacto con los de Mercadona para ver si les convenzo y, de paso, me firman un contrato de varios ceros. Ya veremos.

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