Rumbo a Australia. El género biográfico (I)

En Melbourne estando

 

 

Estoy que no paro y el contento me inunda. Perdonen la expansión. De sobra saben ustedes que acabo de publicar un libro con mi amigo Justo Serna. Pues bien, el éxito ha sido estruendoso, bárbaro. Y claro, una cosa lleva a la otra. Les confesaré que ya antes de la presentación oficial tuve que comparecer en horario de prime-time en Galaxia Televisión, nombre que ya lo dice todo. Además, el público, un público adulto y con experiencia, estaba enfervorizado. Así que a la editorial le llueven los pedidos y a nosotros nos acosan los medios. No quiero parecer extremado, así que les transcribo el telegrama que me envió Justo: 

Gran éxito libro. Diluvian ofertas. Embarcando New York presentar volumen MOMA. Lunes mañana, París. Martes noche, Londres.   Miércoles,  Moncloa. Gran Cruz Isabel Católica. Contratos millonarios. Entrevistas CNN y FOX,   Times,  Monde, FAZ, Post. Negociando guión Hollywood. Llaman embarque. Espero llegar sábado. Contrata majorettes recibimiento. Saludos  

 

Reconozco que suele exagerar, pero digo yo que cuando el rio suena… En fin, como ustedes comprenderán, me muero de envidia, porque no he podido acompañarle. Ahora mismo estoy en Australia. Es la segunda vez que me envía Monigotepress para cubrir un acto académico.

 La primera visita al continente rojo fue el pasado 20 de septiembre. Me intrigaba qué razones podía tener una agencia de tercera para cubrir un evento en las antípodas, y por eso acepté, por eso y porque mi primo se había empeñado en invitarme a comer el domingo, y por ahí no paso. Lo cierto es que me hospedé y me alimenté a cuerpo de dignatario, así que como compensación les haré un resumen de lo que allí viví. El asunto es como sigue. Se me enviaba a cubrir una charla que daba un amigo de nuestro director. A  todo eso, les diré que mi inglés es bastante torpe, pero que tuve la fortuna de tropezarme con un inmigrante, en este caso un griego que llevada 17 meses en aquel continente. De ese modo, escuchando con esfuerzo al conferenciante y preguntando a mi vecino, conseguí pergeñar unas notas. Ello no sin sufrir un ligero contratiempo, porque el heleno insistió en cantarme las bondades de Corfú y tuve que pararle los pies. Pero las notas están ya depuradas. Si se corresponden o no a la realidad  es otra cosa, porque al terminar advertí que  cada uno había sacado su propia impresión  del evento. Entonces, ¿por qué no iba a valer la mía?

Recuerdo que era un miércoles, a eso del mediodía, más o menos a las 12,30. La jornada era agradable, en torno a los 18 grados, sin viento apreciable y nada humedad. Un lujo. El acto lo  acogía la Council Chamber, es decir, era en la John Scott Meeting House, en el principal campus que la Universidad de  La Trobe tiene en  Melbourne, concretamente en Bundoora. Un terrenito bien, sin estrecheces (me puse a pensar de inmediato qué no harían nuestros ediles con el asunto, pues aquello daba para una urbanización de lujo), más o menos unas 330 hectáreas al noreste del centro de aquella ciudad. O sea, vienes de Melbourne, entras por Waterdale Road y recto recto tienes un aparcamiento en Collage Drive, cerca de la parada del autobús, luego cruzas el puente junto al Union Hall y enseguida ves todo el mogollón. Subes hacia arriba y hacia la derecha encuentras el citado salón de actos. Por supuesto,  el conferenciante era toda una celebridad, Ian Donaldson, pues un cualquiera no tiene el honor de ser escogido para The 2006 ‘Australian Book Review’/La Trobe University Annual Lecture.  Finalmente, el título estuvo acorde con la cita:Matters of Life and Death: The Return of Biography”. Precioso. 

     

 

El retorno de la biografía

Descuidada durante años, la biografía ha experimentado un notable retorno. Con esas palabras empezó la exposición. Los ejemplos, según expuso Donaldson, serían abundantes. Relató, a modo de prueba, la medida tomada por los responsables de la librería Waterstones, la más importante de entre las británicas. Al parecer, han decidido colocar  la   sección de “biografía”  en la parte delantera del local y rotularla de forma audaz como “LIFE”.  Citó también muchos casos australianos que ahorraré y mencionó algunas obras muy celebradas de ese género (sobre eso volveré más adelante). Arrancó incluso las risas del público cuando dijo que si The History of the Potato se publicara hoy su título sería The Potato: A Biography y también cuando recordó el buen libro de Jack Mile (God: A Biography, 1995).            

Tras ese breve preludio, expuso el núcleo de su argumento: sugirió  que el renacimiento del actual interés por el género se debe en parte a un reconocimiento cada vez mayor de las muchas y muy diversas maneras    que tenemos hoy en día para representar y recuperar la  vida    del ser humano; que su retorno  puede ser en parte resultado de  los rápidos cambios tecnológicos de la última década, y del espíritu de  experimentación que esos cambios   parecen animar. Un grupo de estudiosos de la  University of New England, añadió, han analizado el incremento del número de biografías que están siendo “publicadas” en internet.

Sin embargo la cosa no es sencilla, pues el objeto biografía encierra un buen número de enigmas y no pocas frustraciones (me pareció que citaba a Julian Barnes y al loro de Flaubert en ese punto). Y por eso, en parte, el mundo académico la ha tenido bastante descuidada. Algo a lo que contribuyeron de manera decisiva las embriagadoras teorías francesas de los sesenta y setenta, con el resultado de que se la mirara con escepticismo y suspicacia. Lo que importaba era el texto, el análisis formalista y la especulación, pero no el autor, porque si está muerto ¿para qué preocuparnos?   En cambio, en las últimas décadas, la tendencia se habría invertido y  el cultivo del género habría encontrado el camino libre. De hecho, los anglosajones, que han sido los tradicionales hortelanos, ya no sufren amonestación ni se sienten dinosaurios historiográficos cuando lo practican. Donaldson, dada su querencia literaria, se refirió a los casos de Richard Colmes, profesor en  East Anglia  (Sidetracks: Explorations of a Romantic Biographer, Harper Collins, 2000) y de  la oxfordiana Hermione Lee, una auténtica especialista con trabajos sobre Virginia Wolf,  Elizabeth Bowen,  Philip Roth  Willa Cather y su más reciente  Edith Wharton: A Biography   (Chatto & Windus, 2006).   

 

Bueno, ahora debo cortar el relato porque voy a bajar a comprar el periódico, The Age, que es mi alimento noticiero por estos pagos……….. He vuelto, pero no  puedo continuar la crónica, y tengo  dos razones de peso. La primera es que, al llegar al quiosco, he visto que tenían la Australian Book Review, que aquí es el no va más, algo así como el Hola literario. La he adquirido y ¿qué diran ustedes que incluía? En efecto, la conferencia de Donaldson. Bueno, tampoco pasa nada, porque no creo que ustedes hagan el viaje a propósito. Pero lo segundo sí es fuerza mayor. Estoy enganchado a la tele. Por aquí las cosas son como las nuestras, palmo arriba palmo abajo. Tienen la ABC, la SBS, el canal 31, la 7, la 9 y la 10. Y yo las sigo con el vano propósito de mejorar el idioma. Hasta ahora no me había dado resultado, pero hete aquí que me he topado con una serie que me tiene sorbido el seso y suelta mi lengua. Se llama Push Nevada y es sorprendente. Todavía no puedo decirles si es un western, un comic, una de ciencia ficción o una sucesión de video clips. En cualquier caso, tiene algo que me intriga y desconcierta, que me engancha, aunque a mi me enganchan las series.  

 

Soy de los que piensan que el lenguaje televisivo va por delante del cinematográfico y que este último es puro entretenimiento o copia al anterior. Así me lo pareció la premiada Crash, por ejemplo. Creo que su escritura está estancada, que no ha vivido transformaciones y rupturas como las que, por ejemplo, ha tenido la literatura. Ya no hablo sólo de la aparición de Kafka, Musil, Mann y compañía. Me refiero también a otros como el maestro Borges, Calvino, Perec e incluso Pynchon. Nada de eso veo en el cine. Me entretiene, pero la experimentación se quedó anclada en los maestros pioneros. Les dejo que ponen el tercer capítulo. Les prometo continuar mañana con Terry Eagleton,  Virginia Wolf,  Lytton Strachey y  Roland Barthes.

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