Carlo Ginzburg regresa a Europa, a Pisa más concretamente

Parece que no doy la talla y que mis crónicas son un tanto vagas y bastante irregulares. Al menos eso opina un vecino cascarrabias. Yo no le hago caso, pero me pone nervioso y con la excitación me precipito. Sobre el ordenador, en este caso. Y así salen las cosas, sin el orden necesario, desconcertadas. Lo digo para que ustedes tengan a bien disculparme, para que sean magnánimos y me absuelvan si lo que les comunico no está a la altura de lo esperado. Además, les pongo sobre aviso: me voy de puente, así que hasta el 11 nada más les podré ofrecer. Ese día estaré de nuevo en ruta y la crónica no faltará.

Carlo Ginzburg. Entre lo verdadero y lo falso

De Italia nos llegan noticias de los avatares del último libro de Carlo Ginzburg. Parece que se acercan las fiestas navideñas y que conviene aprovechar la presencia física de este historiador para presentar el libro en las mejores condiciones. Tras ocho años en el dorado exilio californiano de la UCLA, el profesor ha aceptado la invitación de su amigo Adriano Prosperi para impartir sus lecciones de nuevo en Italia, en Pisa. (Il Corriere della Sera le entrevistó para congratularse de la noticia). De todos modos, no parece que esa decisión haya bastado para que el público haga justicia a sus méritos. Desde el éxito de El queso y los gusanos y el triunfo popular de El juez y el historiador, nada parece haber  sido igual en lo tocante a ventas.

La última traducción de Il formagggio

Así que a mediados de octubre Ginzburg pasó por Bolonia para discutir el texto con sus colegas universitarios y unas semanas más tarde habló en Milán, en la Fundación Feltrinelli. Hace unos días, el 29 de noviembre, estuvo en Florencia en la Biblioteca Municipal Central. Algunas de esas intervenciones se pueden incluso seguir en internet. En el caso de Milán, le podemos escuchar a él y a sus introductores:

Intervención de Mario Miegge
Intervención de Stefano Levi della Torre
Intervención de Carlo Ginzburg

Además, también podemos acceder a una entrevista que publicó el periódico La Repubblica el pasado 15 de julio.

El libro en cuestión se titula Il filo e le tracce. Vero, falso, finto y lo publica de nuevo Feltrinelli dentro de su colección “Campi del sapere”. A lo largo de sus 340 páginas, Ginzburg incluye diversos artículos que, si no me equivoco, en parte son ya conocidos, pero dándoles ahora un nuevo sentido. El autor plantea de inicio su rechazo a quienes difuminan los límites entre los relatos de ficción y las narraciones históricas. Así pues, como en anteriores ocasiones, trata de explorar la relación existente entre verdad histórica, ficción y falsedad a través de una serie de casos, de auténticas miniaturas en muchos capítulos: los protocolos de Sión, la conversión de unos hebreos en Mallorca, Stendhal, unos caníbales brasileños, la Inquisición, etcétera.

Nada de eso extrañará, sobre todo a quienes conozcan sus últimos volúmenes (Ojazos de madera, Rapporti di forza). En la última década, Ginzburg ha querido significarse como un antirelativista, como alguien que aún cree en la verdad (en mayúsculas) y que al tiempo es consciente de que han pasado los tiempos del positivismo ingenuo. Así que se enfrenta con coraje a los textos, a las fuentes, y a las múltiples maneras de leerlos. Porque, ¿qué es una fuente? ¿Cuándo decimos que contiene la verdad? Si resulta falsa, ¿la descartamos? «Nessuno – señala Ginzburg – penserà che sia inutile studiare false leggende, falsi eventi, falsi documenti: ma una presa di posizione preliminare sulla loro falsità e autenticità e, di volta in volta, indispensabile».

Ésta es la dualidad metodológica que Ginzburg considera necesaria. Enfrentemonos abiertamente, pues, a cualquier fuente, observemos la existencia de múltiples voces, mostremos incluso la pugna por representar la realidad. De ese modo, escarbando en los textos, incluso contra la intención de quienes los produjeron, uno puede hacer emerger voces incontroladas (no sé si les sonara a Bajtin, a mí sí me lo parece): como las de aquellos hombres y mujeres que se sustraían de los estereotipos judiciales en los procesos de brujería. Es decir, realidad, imaginación y falsificación se entrecruzan a menudo, unas vecen en contraposición, otras alimentándose mutuamente.

En fin, el hilo es lo que deseamos decir y demostrar, los indicios nos remiten a algo opaco, a esos elementos incontrolados, a silencios incluso, que todo texto ofrece y que el historiador ha de tener en cuenta. Naturalmente, la verdad es el punto de llegada, no el de partida (excepto para algunos píos historiadores, añadiríamos). «Gli storici, scrisse Aristotele –concluye Ginzburg- parlano di quello che è stato (del vero), i poeti di quello che avrebbe potuto essere (del possibile). Ma naturalmente il vero è un punto di arrivo, non di partenza. Gli storici (e in modo diverso i poeti) fanno per mestiere qualcosa che è parte della vita di tutti: districare l’intreccio di vero, falso, finto che è la trama del nostro stare al mondo».

Pueden leer una de las miniaturas que se incluyen en el volumen, en concreto la que lleva por título La conversione degli ebrei di Minorca (417-418), aparecida en el número 79 (1992) de la revista Quaderni Storici.


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Más allá de Ginzburg, un autor por el que siento debilidad, poco añadiré. Podría hablarles del éxito italiano de Matilde Asensi, pero las comparaciones son odiosas. Eso sí, podría aconsejar el volumen de Roberto Casati, Il caso Wassermann e altri incidenti metafisici (Laterza). Casati es un reputado filósofo, con un puesto de director de investigación en el celebérrimo CNRS, aunque ahora está en Venecia. He aquí un extracto:

“La filosofia insegna a guardare altrove, e in cambio esige che si guardino le cose di tutti i giorni come alla moviola, come se fossero una possibilità tra le tante. Se il filosofo vuole coltivare il senso della possibilità cantato da Musil, dovrà costruire mondi e paesaggi mentali con pazienza e a volte temerarietà, rimanendo disponibile a stupirsi del risultato. L’immaginazione, di un tipo quasi letterario, è una componente essenziale di questo esercizio; il quale si accompagna spesso a una impressione di solitudine sconfinata. E in effetti ci sono dei punti di svolta quando si esplorano i paesaggi mentali che si sono costruiti, in cui è come se ci si affacciasse alla finestrella ventosa, intagliata nella pietra, in cima alla torre altissima di una cattedrale in rovina lasciata da un’antica civiltà; sul vuoto di questa solitudine sono in agguato una vertigine e una malinconia. Non c’è posto per questa vertigine in un libro di filosofia, in un articolo accademico. Pudore, riservatezza, necessità di convincere razionalmente e non di coinvolgere emotivamente: tutto milita per un’oggettivazione del sentimento. Ma sovente nella storia della filosofia si passa vicino alla finestrella, come nei pensatori che hanno ispirato in parte questi racconti.”

Bien, por lo que parece va a estar tan suculento como su anterior El descubrimiento de la sombra (Debate, 2001). Desde luego, qué envidia, vaya título!: “Desde tiempos muy antiguos se ha hecho uso conscientemente de las sombras, y esto a pesar de que se las temiera y nunca se ha sabido bien qué son. La historia de la ciencia está entretejida con la trama de la sombra. Es interesante probar la consistencia de la trama. Para hacerlo hemos de actuar sobre dos vertientes. Por un lado hay que comprender bien por qué las sombras constituyen una insidia para la mente. Si tuviésemos que descubrir su naturaleza, nos encontraríamos en un callejón sin salida. Si son ausencias, cosas que no existen, entonces no existen y basta. Pero, ¿cómo es que hablamos de ellas? ¿acaso son algo más que una carencia, o son solo una ilusión? Seguramente las sombras son misteriosas. Por otra parte, las sombras a despecho de su precariedad, y a despecho de ser tan misteriosas, son un precioso auxilio para el conocimiento. ¿Cómo reconciliar estos dos puntos de vista?”. Las sombras y lo falso,  Casati y Ginzburg, dos formas distintas de explorar lo que no es evidente.

Pues eso, que hasta aquí puedo leer…

Divertimento: Retomemos la hermenéutica del “word”, lugar de puertas y ventanas inseguras donde los haya. Decíamos que muestra un insistente empeño en sustituir la palabra York por Cork y comentaba un@ amable visitante que quizá hubiera en ello cierta querencia por lo irlandés. No lo descarto, simplemente constato los hechos. Hablando de lo verdadero y lo falso, escarbando en la ficción, nos hemos topado con un ejemplo. Tómense la molestia de buscar “Nueva Cork” en el google y escojan la opción “búsqueda en español”. Existen algo más de 58 mil referencias, algunas de las cuales acaso traduzcan la New Cork irlandesa. La mayoría, sin embargo, son transfiguraciones de Nueva York (el word lo ha vuelta a intentar y casi se me escapa). Miren la primera, es un informe del U.S. Census Bureau y dice así: “De los 10 condados con las más grandes proporciones de personas nacidas en el extranjero aparte de Miami-Dade, todas, excepto por el condado de Hudson, Nueva Jersey, estaban localizadas en Nueva York o California. (Ver tabla 2.) El condado de Queens, en Nueva York, 46.6 por ciento), tenía el segundo porcentaje más alto de residentes nacidos en el extranjero entre los 231 condados incluidos en la Encuesta de la Comunidad Estadounidense, seguido por Hudson (39.1 por ciento); Condado de Kings, Nueva Cork, (38 por ciento) y el condado de San Francisco, California, (36.7 por ciento)”. Ahora está claro, el condado de Kings, en Brooklyn, es parte de Nueva Cork. Vean cómo se construye la realidad. Hagan, pues, lo que Carlo Ginzburg y extraigan sus propias consecuencias.

 
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3 Respuestas a “Carlo Ginzburg regresa a Europa, a Pisa más concretamente

  1. Felicitats pel blog, o bloc, com escriuen alguns. Un Grand Tour per la cultura europea (la Itàlia de Ginzburg, la Rússia literària dels nous oligarques…) menys comentada en la premsa convencional, presa dels noms de sempre, els de l\\\\\\\’agenda mediàtica habitual. Enmig de la banalitat ambiental, creixent, això és aire fresc. I tindre un infiltrat entre els comentaristes anònims, que a més a més es fa passar per un altre… xè, té la seua gràcia. Pitjor seria no tindre lectors. I aquest bloc en tindrà un bon grapat. Sort.

  2. Pingback: Carlo Ginzburg: El hilo y las huellas « Clionauta: Blog de Historia·

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