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El retorno de la historia

Publicado por apons on Mayo 13, 2008

Robert Kagan, destacado analista de la derecha estadounidense, presenta este mes The Return of History and the End of Dreams, siguiendo los argumentos que expusiera en el verano de 2007 en Policy Reveiw. Como avanzadilla, el propio Kagan resume sus ideas centrales en The New Republic.

Veamos algunos fragmentos:

Desde mediados de los 90, lo que parecía ser una era de convergencia se ha trucado en tiempos de divergencia. En parte, la razón es:

“The presumption over the past decade has been that when Chinese and Russian leaders stopped believing in communism, they stopped believing in anything. They had become pragmatists, without ideology or belief, simply pursuing their own and their nation’s interests. But the rulers of China and Russia, like the rulers of autocracies in the past, do possess a set of beliefs that guides them in both domestic and foreign policy. It is not an all-encompassing, systematic worldview like Marxism or liberalism. But it is a comprehensive set of beliefs about government and society and the proper relationship between rulers and their people”.

(…) American and European policymakers constantly say they want Russia and China to integrate themselves into the international liberal democratic order, but it is not surprising if Russian and Chinese leaders are wary. How can autocrats enter the liberal international order without succumbing to the forces of liberalism?

Afraid of the answer, the autocracies are understandably pushing back, and with some effect. Rather than accepting the new principles of diminished sovereignty and weakened international protection for autocrats, Russia and China are promoting an international order that places a high value on national sovereignty and can protect autocratic governments from foreign interference.

(…) Autocracy is making a comeback.

(…) Again, this competition is not the Cold War redux. It is more like the nineteenth century redux. (…) The global competition between democratic governments and autocratic governments will become a dominant feature of the twenty-first-century world. The great powers are increasingly choosing sides and identifying themselves with one camp or the other.

(…) Now the re-emergence of the great autocratic powers, along with the reactionary forces of Islamic radicalism, has weakened that order, and threatens to weaken it further in the years and decades to come. The world’s democracies need to begin thinking about how they can protect their interests and advance their principles in a world in which these are, once again, powerfully contested”.

Como contrapartida, Tony Judt proyecta su mirada de historiador en el NYRB: What Have We Learned, If Anything?. A su entender, no hay tanta novedad como se pretende, de modo que necesitamos volver la vista hacia el pasado si queremos comprender lo que acontece: “During the Nineties, and again in the wake of September 11, 2001, I was struck more than once by a perverse contemporary insistence on not understanding the context of our present dilemmas, at home and abroad; on not listening with greater care to some of the wiser heads of earlier decades; on seeking actively to forget rather than remember, to deny continuity and proclaim novelty on every possible occasion. We have become stridently insistent that the past has little of interest to teach us. Ours, we assert, is a new world; its risks and opportunities are without precedent”.

Ocurre que, si bien lo conmemoramos todo, sobre todo el sufrimiento de las generaciones precedentes, no tenemos conciencia del pasado. Tampoco lo enseñamos correctamente. Así, entre otras cosas, se ha olvidado el significado de la guerra y de la violencia. Los americanos, sobre todo, olvidan que el terrorismo, por ejemplo, no es un fenómeno nuevo, y no lo entienden correctamente

En fin, todo ello y mucho más conduce a la siguiente conclusión:: “Far from escaping the twentieth century, we need, I think, to go back and look a bit more carefully. We need to learn again—or perhaps for the first time—how war brutalizes and degrades winners and losers alike and what happens to us when, having heedlessly waged war for no good reason, we are encouraged to inflate and demonize our enemies in order to justify that war’s indefinite continuance. And perhaps, in this protracted electoral season, we could put a question to our aspirant leaders: Daddy (or, as it might be, Mommy), what did you do to prevent the war?”.

N.B.; No he podido comprobarlo, pero quizá este artículo de Judt sea el mismo (o similar) que con el título de “El problema del mal en la Europa de posguerra” publican al unísono las revistas Claves y l’Avenç

Duda resuelta por parte de Paco Fuster :

El primer capítulo (en castellano y formato pdf) del libro de Robert Kagan está disponible aquí:
http://www.elboomeran.com/upload/ficheros/obras/prepukagan.pdf

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Debate en torno a Geoff Eley

Publicado por apons on Mayo 8, 2008

El número de abril de The American Historical Review contiene, entre otras cosas, un debate a tres sobre una de las obras de Geoff Eley (A Crooked Line: From Cultural History to the History of Society, 2005) ) en el que intervienen Gabrielle Spiegel, William H. Sewell y Manu Goswami, dándoles respuesta el propio Eley. La presentación dice más o menos lo siguiente:

La manera que los historiadores tienen de acercarse al pasado ha experimentado una extraordinaria transformación en los últimos cuarenta años. La historia social de los años 60 y 70, insurgente al principio y triunfante después, ofreció un notable flujo de interesantes estudios que reacomodaron nuestro sentido del pasado. Sin embargo, a finales de los 80, muchos de sus oficiantes, por no decir la mayoría, habían girado hacia la historia cultural, que pronto devino hegemónica. Por supuesto, esta simplificación disfraza la existencia de múltiples metodologías, escuelas e influencias, intelectuales e ideológicas, que eran parte de estas transformaciones, sin mencionar la variedad de prácticas que escondía la historia cultural. Además, parece claro que la relación entre la historia social y la cultural era más dialéctica que secuencial, es decir, que la semilla de la aproximación cultural estaba presente en el trabajo crítico realizado por las figuras fundadoras del movimiento de la historia social. Recientemente, cierto número de historiadores han expresado su frustración en relación con las tendencias metodológicas actuales; algunos se lamentan de lo que se ha perdido con el eclipse de lo social en favor de la historia cultural. Muchos, por su parte, ven que hay una fuente de renovación para el pensamiento histórico en las perspectivas transnacionales o globales . Hay quien opina, en fin, que hemos tenido que mirar atrás para movernos hacia adelante.

El libro de Geoff Eley, A Crooked Line: From Cultural History to the History of Society (2005), es una notable contribución a nuestra comprensión de cómo ha cambiado la historia durante este período. También ofrece varias ideas en torno a cómo podemos ir más allá de la historia cultural, sin abandonar sus contribuciones, para recuperar algunas de las preocupaciones centrales que caracterizaron la historia social. Por último, es una mezcla inusual entre lo personal y lo historiográfico: Eley utiliza su propia biografía para ilustrar las transformaciones en la manera de hacer historia, transformaciones que él, como muchos otros de su generación, experimentaron no sólo como revelaciones intelectuales, sino en clave política y moral.

En el foro de la AHR tres historiadores reconocidos y con perspectivas distintas comentan el libro de Eley. William H. Sewell, cuyo trabajo se ha dedicado a Francia pero que también ha escrito sobre teoría y metodología históricas, critica a Eley por haber subestimado las fuerzas externas -en todo lo relacionado con la aparición de nuevas formas del capitalismo de posguerra-. Estas fuerzas, señala, tienen que ser entendidas si queremos captar los cambios en la forma de hacer historia durante ese período. Sewell advierte que el intento de recobrar las ambiciones totalizadoras que caracterizaron la historia social exigirían mucho más que ese simple “desafío historiográfico” por el que aboga Eley. Gabrielle M. Spiegel, una medievalista que también ha escrito extensamente sobre metodología histórica, incide sobre la cuestión planteada por Eley en torno a la aparición de la historia cultural, precisando algunas influencias teóricas importantes que proceden de Francia y que Eley descuida. También cuestiona lo que parece ser una llamada de Eley en favor del pluralismo metodológico, ofreciendo en su lugar la posibilidad de una “neo-fenomenología” centrada en el agente como medio para casar lo social y lo simbólico. Manu Goswami, que ha escrito sobre el sudeste asiático y sobre economía política, acentúa el coste deletéreo del triunfo de la historia cultural sobre la historia social. Más en concreto, ella observa que, en el contexto de la historia sudasiática, eso ha significado el abandono de modelos comparativos a gran escala, apartándose de las preocupaciones de la economía política y oscureciendo elementos claves del imperialismo y del capitalismo. En su respuesta, Eley expone y modifica algunos de los argumentos dominantes en su libro, explica las estrategias que escogió para reconocer las contingencias, las dificultades y las resistencias que caracterizaron la historia intelectual que estudia, y responde a las críticas de sus comentaristas. Finalmente, defiende y amplia su llamada en pro de “nuevas hibridaciones” y de un “pluralismo básico” para hacer historia hoy. Además, insiste en que eso no equivale a un abandono de la teoría ni supone apoyar un mero eclecticismo; más bien, es una argumento para “la posibilidad de una conversación fructífera a través de las diferencias, a veces irreducibles y con todo mutuamente respetuosas”.

The American Historical Review, vol. 113, núm. 2 (abril de 2008):

“Crooked Lines “, William H. Sewell, págs. 393-405.
“Comment on A Crooked Line”, Gabrielle M. Spiegel, págs. 406-416.
“Remembering the Future”, Manu Goswami, págs. 417-424.
“The Profane and Imperfect World of Historiography”, Geoff Eley, págs. 425-437.

El volumen contiene, además, una reseña del volumen de Richard Wigg: Churchill and Spain: The Survival of the Franco Regime, 1940-1945.

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Historia de historias

Publicado por apons on Mayo 6, 2008

Mencionábamos hace poco el volumen de Gordon S. Wood, señalando sus prevenciones hacia las nuevas escrituras de la historia. Indicábamos algunos de sus ejemplos, entre los cuales sobresalía Jill Lepore, una prolífica historiadora de la Harvard University (que este año nos mostrará sus pinitos como novelista). Pues bien, curiosidades del destino, Lepore se refiere a la obra de Wood en New Yorker, en un interesante y amplio artículo titulado “Just the Facts, Ma’am. Fake memoirs, factual fictions, and the history of history”. Lepore señala que, en efecto, en 1991 “the eminent American historian Gordon Wood, writing in The New York Review of Books, warned that if things were to keep on this way historians would soon “put themselves out of business.” Reviewing Simon Schama’s “Dead Certainties (Unwarranted Speculations)”-a history book in which Schama indulged in flights of fancy, fully disclosed as such-Wood wrote, “His violation of the conventions of history writing actually puts the integrity of the discipline of history at risk”. That review, along with twenty more (including one of a book of mine), appears in Wood’s new book”.

Pero Jill Lepore aprovecha para repasar otra novedad quizá más significativa, aunque en una onda parecida: A History of Histories: Epics, Chronicles, Romances and Inquiries from Herodotus and Thucydides to the Twentieth Century (Knopf ), volumen del que asegura es un “fascinating compendium”. Su autor es John Burrow, que no es ningún desconocido: profesor de historia intelectual en Sussex y de historia del pensamiento europeo en Oxford, recibe ahora sus réditos como docente en el Williams College de Massachusetts. Es autor de libros como Evolution and Society: a study in Victorian Social Theory (1966), el premiado A Liberal Descent: four Victorian Historians (1981), Gibbon (1984) o La crisis de la razón: el pensamiento europeo, 1848-1914 (Barcelona, Crítica, 2001), ademas de participar en volúmenes colectivos, como La política, ciencia noble: un estudio de la historia intelectual en el siglo XIX  (México, Fondo de Cultura Económica, 1987).

Lo cierto es que esta History of Histories ha recibido una excelente acogida en el mercado americano, no sólo por parte de Lepore. Véase, por ejemplo, la reseña de Adam Kirsch, crítico literario del New York Sun.

Ahora bien, ya sucedió lo mismo cuando se editó la versión británica a finales de 2007 en el sello Allen Lane, uno de los de la casa Penguin. Así lo atestiguan los comentarios del helenista Paul Cartledge en The Independent, de Felipe Fernández-Armesto en el Times o de Keith Thomas en The Guardian. Les dejo con este último, el más elogioso:

“An awareness that historical writing is as much a cultural activity as a developing science underpins John Burrow’s large and absorbing new book. Burrow is a leading authority on the intellectual history of the 18th and 19th centuries. Now in his retirement, he has ventured far beyond his usual territory in order to provide a survey of historical writing over the past two and a half thousand years. He makes things a little easier for himself by confining himself to historians in Europe and North America, and giving most attention to those who wrote in English or are available in translation. Even so, he has undertaken a herculean task which would have daunted most scholars. Inevitably there are some trivial slips on which the specialists will pounce. But he has turned his formidable assignment into a triumphant success. The result is a highly enjoyable book, based on a vast amount of reading, written with attractive simplicity, brimming with acute observations, and often very witty. Anyone who wants to know what historical writing has contributed to our culture should start here”.

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Los daños de la deriva posmoderna

Publicado por apons on Abril 26, 2008

Gordon S. Wood, un docente universitario muy conocido por sus recensiones periodísticas, acaba de publicar un volumen sobre estos asuntos: The Purpose of the Past. Reflections on the Uses of History (Penguin Press). Una de las reseñas que ha merecido apareció hace unos días en el Washington Post.

Se trata de una colección de 21 ensayos que inciden en lo siguiente: ” El resultado de toda esta historia postmoderna, con su verborrea sobre “deconstrucción,” “descentramiento,” “textualidad” y “esencialismo” ha sido el de hacer que la escritura académica de la historia sea casi tan esotérica y cerrada como la que caracteriza a los eruditos literarios. Esto es francamente malo, puesto que la historia es un esfuerzo que necesita un amplio número de lectores para justificarse a sí misma”. En consecuencia, los historiadores académicos han estado preocupados por asuntos de raza, sexo y multiculturalismo, dejando un vacío que ha sido ocupado con éxito por historiadores populares sin respaldo ni empleo académicos, tales como David McCullough, Walter Isaacson, Ron Chernow, Thomas Fleming y Stacy Schiff. Por supuesto, Wood no les menosprecia: “Barbara Tuchman me merece todos los respetos, y lo mismo e incluso más siento por su sucesor, por el historiador popular más importante del país, David McCullough”. Así pues, acoge con satisfacción su trabajo, no sólo por sus méritos, sino como antídoto a la estrecha y a menudo pesada historia ideológica que sale de las universidades, a menudo escrita con ese “lenguage especial que los críticos literarios utilizan ahora para marcar distancias con la estructura de poder y con el grueso común de los lectores ordinarios”, con su meta por aquí y su meta por allá.

Este período “tumultoso” comenzó, señala Wood, con la ola de agitación política que barrió los departamentos de humanidades en los años 60 y así sigue. Wood deplora esa deriva y declara haberse formado en otra escuela, bajo la influencia en Harvard de Bernard Bailyn, “el más inspirado de los historiadores”, a quién dedica el libro. Pero también estuvo en la brecha (en la Brown University, sobre todo) como profesor durante este período de cambio, siendo testigo de primera mano de todo ello.

Una de las modas que discute con acritud es el presentismo, permitir que las sensibilidades modernas se usen para colorear y controlar nuestra opinión del pasado. Reconoce que “los problemas y las presiones del presente deben ser un estímulo para nuestras incursiones en el pasado”, pues ” es natural que queramos descubrir las fuentes, los orígenes, de nuestras actuales circunstancias”. Pero lo actual no debe ser el criterio único. “Nuestras percepciones y explicaciones sobre el pasado no se deben forjar con las urgencias y los problemas de nuestro propio tiempo. Los mejores y más serios historiadores siempre lo han sabido, incluso cuando su impulso original para escribir historia procediera de un problema presente, acuciante. Ser capaz de ver a los actores del pasado de manera comprensiva, verlos en el contexto de su propio tiempo, describir su ceguera y locura con simpatía, reconocer el grado en el que fueron alcanzados por circunstancias cambiantes sobre las que tenían poco control, darnos cuenta hasta qué punto obtuvieron resultados que nunca se propusieron — saber todo eso sobre el pasado y poder relatarlo sin distorsión anacrónica con nuestro presente es lo que significada tener un sentido histórico”.

Así, Wood elogia el temperamento de James Burns MacGregor y lamenta el presentismo de su The Vineyard of Liberty, lo mismo que admira a Jill Lepore y rechaza los dictados del presente que habría en su The Name of War, etc. Los historiadores, dice, “buscan estudiar los acontecimientos del pasado no para hacer generalizaciones transhistoricas sobre la conducta humana, sino para entender esos acontecimientos tal como realmente ocurrieron, en todos sus contextos y circunstancias”.

La clave: “A diferencia de la sociología o de la ciencia política, la historia es una disciplina conservadora — conservadora, por supuesto, no en el sentido político contemporáneo sino en el sentido de inculcar escepticismo sobre la capacidad de la gente de manipular y de controlar con éxito sus propios destinos. Demostrando que los mejores planes acaban generalmente mal, el estudio de la historia tiende a refrenar el entusiasmo juvenil y a contener el espíritu de conquista del futuro que mucha gente tiene”.

En fin, la cosa es discutible, pero como ha señalado el académico Douglas Brinkley (Rice University) en Los Angeles Times, es bueno saber que hay alguien como Wood ahí fuera, ejerciendo de nuestro particular perro guardián, evaluando los cambios a largo plazo en nuestra profesión y esperando que el número total de lectores de nuestro gremio continúe creciendo.

N.B.: Resulta que hace poco Livres Hebdo señalaba algo, en parte, similar. Al parecer, los editores galos demandan a los historiadores que ajusten su escritura para llegar a un público más amplio, sobre todo porque los libros de historia (de ese tipo) se venden muy bien, bastante por encima de la media general, aunque la producción no sea muy alta.

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Los historiadores debaten (abiertamente)

Publicado por apons on Abril 23, 2008

Hace ya unas cuantas semanas dimos cuenta de la reunión anual que celebraron los colegas americanos, con un amplio abanico de conferencias de la AHA y la OAH. Ha llegado el momento de revisar lo que allí se expuso y debatió. Pues bien, ya es público, pero no como suele ser habitual. ¿Saben ustedes cómo se han difundido aquellas sesiones? Puede que no lo crean, pero ha sido en Youtube. Hay que ver! Eso sí, el trabajo no lo han hecho esas asociaciones corporativas, sino Rick Shenkman para la mágnífica página History News Network. Un documento interesante y significativo (en muchos aspectos).

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La teoría francesa en América

Publicado por apons on Abril 21, 2008

Éste es el título con el que Stanley Fish revisa en el New York Times el volumen de François Cusset  French Theory: How Foucault, Derrida, Deleuze, & Co. Transformed the Intellectual Life of the United States (University of Minnesota Press). El volumen no es desconocido entre nosotros (French Theory, Melusina, Barcelona, 2005), pero siempre es interesante leer lo que dice Fish,  autor de un celebrado artículo titulado “¿Hay un texto en esta clase?” (Elias Palti, ed., Giro lingüístico e historia intelectual. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1998).

Dice Fish que en algún momento de la década de los Ochenta estaba escuchando la radio y oyó que alguien hablaba sobre la película de Clint Eastwood ”Bronco Billy” (1980).  En el programa, el entrevistado señalaba que era un film interesante, en el que Eastwood deconstruía su imagen de “Harry el sucio”. Fish indica que aquélla fue la primera vez que se topó con ese verbo tan posmoderno.  Asi termina.

The result is the story Cusset tells about the past 40 years. A bunch of people threatening all kinds of subversion by means that couldn’t possibly produce it, and a bunch on the other side taking them at their word and waging cultural war. Not comedy, not tragedy, more like farce, but farce with consequences. Careers made and ruined, departments torn apart, writing programs turned into sensitivity seminars, political witch hunts, public opprobrium, ignorant media attacks, the whole ball of wax. Read it and laugh or read it and weep. I can hardly wait for the movie

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El Pulitzer de Historia

Publicado por apons on Abril 8, 2008

What Hath God Wrought: the Transformation of America, 1815-1848, de Daniel Walker Howe, ha sido el ganador de este galardón en 2008. Howe es profesor emérito en Oxford y en la UCLA.

En cuanto a los finalistas, han sido Nixon and Kissinger: Partners in Power, de Robert Dallek y The Coldest Winter: America and the Korean War,  deDavid Halberstam.

Añadamos el premio que se concede dentro del apartado de “General Nonfiction”, que ha recaído en Saul Friedlander, otro historiador de la UCLA, por The Years of Extermination: Nazi Germany and the Jews, 1939-1945, el segundo volumen de su celebrada historia sobre el Holocausto.

Veamos un par de reseñas:

What Hath God Wrought?”: The Transformation of America, 1815-1848  (Oxford University Press, 2007)

Years of Extermination: Nazi Germany and the Jews, 1939-1945 (HarperCollins, 2007)

 

 

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El doctorado en humanidades: las barbas del vecino

Publicado por apons on Enero 10, 2008

 Leído en Inside Higher Ed 

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El Council of Graduate Schools americano ha presentado sus índices sobre el doctorado: Ph.D. Completion & Attrition: Analysis of Baseline Program Data from the Ph.D. Completion Project. El hallazgo más llamativo es la caída de la tasa de  abandonos (attrition rates),  significativo porque es una de las razones principales que motivan el estudio y porque una de las preocupaciones  de los centros es que  son muchos los estudiantes que nunca acaban - lo cual supone que determinadas áreas tergan escasez de doctores y, por otra parte,    muchos estudiantes tienen la sensación de que perdieron varios años de sus vidas.

Los datos sobre esos índices de “desgaste” del doctorado (Ph.D.) forman parte de un análisis más amplio, de 10 años, con estadísticas sobre quién comienza y acaba dichos programas. Mucho de los datos ya  aparecieron en julio,   confirmando algo que no es ningún secreto: en promedio, son los del área de las humanidades los que más años necesitan para terminar.  

Incluso pasados 10 años, una mayoría de estudiantes  de  humanidades no  han acabado, mientras que, por ejemplo, casi dos tercios de los de las ingenierías ya lo han hecho.   Después de siete años, la mayoría de estudiantes de  ingeniería y de  ciencias naturales han finalizado,    mientras que ése no es el caso   del 30 por ciento en  humanidades. (Las ciencias sociales están en el justo medio, pero hay diferencias según las disciplinas).

Las tendencias generales no cambian. Pero el informe   proporciona  cierta esperanza en cuanto al fracaso de los estudiantes de doctorado. El estudio analizaba tres cohortes - los que comenzaron en 1992, 1995 y 1998 - y les sigue la pista viendo la tasa de abandono en  1995, 1998 y 2001, respectivamente. (Como con otros datos en el estudio, la información fue recogida a partir de 30 universidades.)

Los datos demuestran grandes cambios en los índices de “desgaste” en matemáticas, ciencias físicas  y  ciencias sociales, y cambios más pequeños en general excepto en humanidades, donde disminuye un 0.3 por ciento.

Para las cohortes más tempranas, los estudiantes  de humanidades tenían índices   más bajos, pero hay un cierto debate sobre si eso es  resultado del tirón de los programas o de las oportunidades de trabajos más lucrativos  en las ingenierías o en ciencias, de modo que eso haría que no se doctoraran.  

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Four-Year Cumulative Attrition Rates for 3 Cohorts of Ph.D. Students

Field Starting in 1992 Starting in 1995 Starting in 1998
Engineering 23.2% 23.0% 21.4%
Life sciences 20.9% 22.0% 17.3%
Mathematics and physical sciences 30.7% 30.8% 24.7%
Social sciences 20.0% 19.5% 15.3%
Humanities 18.5% 21.1% 18.2%

 .

Robert  Sowell, vicepresidente de programas y  operaciones en el Council of Graduate Schools, dijo que esos cambios le animan (a excepción de las humanidades), pero que el estudio hasta el momento no ofrece  explicaciones a por qué los cambios varian tanto por disciplinas. Sin embargo, para los períodos de las tres cohortes,     señaló que muchos centros empezaban a  dedicar más atención a prevenir el agotamiento y   esperaba que esos datos fueran la demostración del   éxito de esos esfuerzos. También indicó que  no podía identificar a partir de los datos disponibles por qué los cambios  en las humanidades eran tan pequeños   durante períodos en los que los otros grupos mejoraron.

La idea que hay tras el proyecto, concluyó, es conseguir  datos que se puedan utilizar  para mejorar los índices de avabado. “Para mejorar esos índices, tenemos que conocer donde estamos”. 

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Cumulative 10-Year Completion Rates for Students Who Entered Ph.D. Programs 1992-3 through 1994-5

Year in Program % Who Earned Doctorate
3 4.5%
4 10.5%
5 22.5%
6 36.1%
7 45.5%
8 50.9%
9 54.6%
10 56.6%

 .

Todo lo anterior fue presentado oficialmente en la reunión anual de dicho Council celebrada en los primeros días de diciembre de 2007.

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Los historiadores se reúnen

Publicado por apons on Diciembre 27, 2007

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Estamos disfrutando el merecido descanso navideño, con todo lo que ello conlleva, para bien y para mal. Quienes lo vean de este último color y deseen hacer una escapadita tienen mucho donde escoger. Si por casualidad es usted historiador, tiene algún dinero sobrante y ganas de viajar, decídase y váyase a Washington D.C.. Si además es europeo y en su cuenta corriente hay algunos euros disponibles, no lo dude, que el dólar está por los suelos.

Entre el 3 y el 6 de enero se celebra en aquella capital el 122nd Annual Meeting de la Americal Historical Association, la más grande fiesta que pensarse pueda en el seno de la profesión. Porque, dígase lo que se diga y chauvinismos al margen, nuestros colegas americanos son los mejores para todo, para lo bueno y para lo malo.

Si usted no es miembro, ha de preinscribirse (155 dólares, pero menos si no tiene empleo o si es estudiante) y, más adelante, tendrá que satisfacer la cuota que le da derecho a acudir a las distintas sesiones (180 dólares como máximo, según la situación profesional de cada uno). La organización ha dispuesto tres espléndidos hoteles para quienes deseen acudir al evento: el Marriott Wardman Park, el Omni Shoreham Hotel y el Hilton Washington. El alojamiento es a cargo del asistente, a saber, 1o9 dólares por una habitación individual y 139 por una doble, a lo que hay que añadir 30 más por persona.  Aunque me parece que tendrán que buscarse la vida por otros lugares, pues las 1.200 habitaciones del Marriott se han agotado de inmediato, lo mismo que las 800 del Omni.  Es lógico, porque los actos más importantes tienen lugar en esos dos hoteles. Puede que haya alguna libre entre las 768 del Hilton, donde también hay sesiones, pero lo dudo.

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Vayan donde vayan no se aburrirán, eso está asegurado. Por si desconocen la magnitud de este tipo de saraos, les diré que la AHA ha previsto un total de 234 sesiones de trabajo, amén de otros actos de homenaje, entrega de galardones, reuniones plenarias y talleres, que suman en su conjunto un total de 289 actividades, casi sesenta al día. Una locura.

Abre el fuego el AHA Council meeting, a las nueve dela mañana del día tres, aunque a la misma hora se incia un taller fuera de programa titulado Intersection between Teaching and Research in the New Media,  que sirve de merecido homenaje al desaparecido Roy Rosenzweig, del que hablamos aquí hace unas semanas. Mientras tanto, y desde las 12 del mediodía, se abre la sala para que los asistentes se registren. Y no se preocupen, porque la primera sesión (The Venture of Islam) no empieza hasta las 15 horas, así que tienen tiempo de tomar algún refrigerio. Curiosamente, la última actividad, ya el día 6 de enero,  tiene tintes parecidos: Religion in the History Survey: A Transhistorical Discussion.

Y no se olviden de las exposiciones, que serán dignar de ver

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Peter Gay: el modernismo

Publicado por apons on Diciembre 14, 2007

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Los amantes de la historia cultural están de enhorabuena. Lo están porque acaba de aparecer un nuevo libro de un magnífico oficiante del ramo. Peter Gay  ha publicado en noviembre The Lure of Heresy: From Baudelaire to Beckett and Beyond (W.W. Norton, 610 págs, 35$). 

Como siempre, Gay recupera la mirada freudiana para penetrar en lo más profundo del modernismo, que presenta a través de sus diferentes manifestaciones: literatura, música y danza, pintura y escultura, arquitectura y cine.  Todo ello definido por un  doble rasgo: “primero, la atracción de la herejía, que empuja a que las acciones (de los artistas) desafíen  la sensibilidad convencional; segundo, un compromiso con los principios de la introspección”.   Con todo, la parte nuclear del trabajo de Gay se centra en la verbalización de todo eso, en la escritura, en la literatura. En Leopold Bloom, por ejemplo,  uno de los héroes del registro abierto por Baudelaire:

 ”Puede que sea un  humilde agente publicitario con  esposa y amantes, pero tiene cierta formación — Molly desde luego la aprecia –, así como  valor y curiosidad  propias. Y estas cualidades le hacen un compañero moral y emocional digno para Stephen Dedalus. …. Pero, para  Joyce, Ulises es más que eso:  es el ser humano completo en literatura…  es hijo, padre, amante, amigo, guerrero,  compañero de armas, una persona con sabiduría y un buen hombre en el trato. Joyce, en busca de la subjetividad desinteresada, hace desfilar antes  sus lectores una de las invenciones trascendentes de la literatura modernista. Su Bloom, como  abota de forma ocasional, es Cualquiera (Everyman)… “

O en el diálogo imaginado, cómo no, entre Freud y Kafka:

” El veredicto de Freud sobre el animal humano, era severo”, nos dice. “A su juicio, el conflicto se construye en la historia del desarrollo de todo niño,  incluso en el mejor. Pero Freud,   de principios pesimistas, creía que los psicoanalistas podrían aliviar algunas fijaciones y ensanchar el alcance de la racionalidad. …. Por su parte,  Kafka habría tomado este severo realismo  sólo como  otro caso de  autoengaño, algo  demasiado humano. Incómodamente cercano a la desesperación del nihilista, entendió la vida  misma como una villanía. El conflicto entre el  firme desconsuelo de Kafka y la actitud de otros escritores modernistas no podía ser mayor. Recuerdo la última palabra del  “Ulises,” la más positiva en en lenguaje, que Joyce concedió a Molly Bloom: `Sí´.  La última palabra de Kafka en todas sus formas fue `No´”.

En cambio, Gay es poco compasivo con otros autores, léase Beckett o Eliot, y tampoco lo es con las pasadas veleidades totalitarias ni, en otro sentido,  con la tecnología del entretenimiento que nos invade. “No es, como los críticos culturales conservadores han mantenido, que la cultura se haga comercial: siempre ha mostrado ese ángulo, incluso entre los griegos clásicos y los romanos. Pero la sofisticación de los intercambios culturales,  la facilidad y  la velocidad de las comunicaciones que  interesan particularmente a las clases medias, ha animado un tipo de compromisos que no hacen sino favorecer la marginalización de las vanguardias futuras. Vivimos en una edad de comedias musicales”.

Pero no todo es condenable. Gay comienza su capítulo final relatando  de nuevo el “entusiamo” que sentió hace algunos años al contemplar el magnífico museo   Guggenheim de Frank Gehry en Bilbao. Contrasta, por un lado,  la relación estrecha del arquitecto de Los Ángeles con sus clientes y otros artistas con, por otro,  la condescendencia y el desprecio que los grandes  modernistas sentían hacia aquéllos para quienes trabajaron. En Bilbao, Gay encontró no sólo integridad estética sino un modernismo “agradable”.

En todo caso, concluye, aunque el héroe haya muerto, no hay que derramar muchas lágrimas. El modernismo, esa revolución artística que empezó con el poeta Charles Baudelaire y concluyó hace unas décadas con Warhol, disfrutó de una larga y placentera vida. RIP.

Críticas:

Bookforum:Gay has an expansive definition of modernism, and as his book progresses, it becomes more and more a study of the fate of high culture in the twentieth century. In his effort to survey every field of activity, Gay perhaps spreads himself thin, but his overview provides a good starting point for a finer scrutiny of modernism’s emblematic works. So download Moses und Aron for your iPod, pick up that copy of Ulysses you’ve been meaning to read, and get to work”.

The Independent: “Gay’s prose is erudite and lucid, his range of example wide. Even its subsidiary thesis, that not only Modernism’s currency but art’s in general was devalued by the advent of Pop and Conceptualism in the 1960s is leavened by a final chapter in which Gay evinces a qualified hope for the future of this recumbent movement. Whether it lies with Frank Gehry and Gabriel García Márquez is open to debate; but so is a good deal else in this absorbing, occasionally maddening book”.

The Guardian: “I am happy to allow him this self-indulgent detour. After all, many hundreds of pages before, he remarks in his account of Baudelaire that Modernism began ‘not with a whimper but a thrill’. Isms are dispensable. If a work of art excites us, the thrill makes it modern“.

Los Angeles Times: “Peter Gay is perhaps our leading historian of culture and ideas, and in “Modernism: The Lure of Heresy: From Baudelaire to Beckett and Beyond,” he sets himself an interesting — personally felt — task. It is not, as he writes in his introduction, to give a comprehensive history of the movement. Rather, Gay undertakes a reconstruction of modernism’s origins in the lives and work of various seminal artists — Charles Baudelaire, Oscar Wilde, Claude Monet, Paul Cézanne, their supporters and friends. Then he moves through a series of essay-like chapters devoted to modernism’s workings in each of the arts — painting, sculpture, literature, music, dance, architecture and so on“.

New York Times: “A graceful writer, he leads the reader on a pleasant ramble through a well-traveled landscape, pointing right and left to the prominent features along the way and, like a superbly informed guide, offers his thoughts and comments. From seminal figures like Baudelaire and Flaubert, he moves right along to the Impressionists and then, taking the various art forms in turn, advances chronologically through the great debacle wrought by fascism and World War II before wrapping up with such postwar phenomena as Abstract Expressionism and Pop Art”.

Como leve contrapunto, The Spectator: “There are some contentious omissions — Man Ray, Borges, Boulez, Bacon and Gertrude Stein are altogether invisible, while Webern, Rilke and Brecht are barely mentioned. The dubious concept of post-modernism is not addressed, and significant art forms such as opera and photography get less than their due. In other respects this is a sound floorplan, and one could recommend the book wholeheartedly to a bright A-level student or undergraduate in search of a broader picture“.

N.B: Ha ocurrido lo de otras veces. Una entrada compuesta hace algunas semanas, y demorada en exceso, ha perdido parte de su utilidad. Lo digo porque el volumen ha aparecido también en castellano. Marta Pino lo ha traducido para Paidós, que ofrece 592 páginas por 40 euros. Una cifra nada despreciable, aunque Amazon vende  la versión original por 20 dólares, que vienen a ser unos 14 €. 

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