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Hola y Adiós: Le Figaro Histoire

Publicado por Anaclet Pons en mayo 9, 2012

Así son las cosas, dos de arena y una de cal. En cuanto a las bajas, un par muy sensibles, no por más previstas menos sentidas: Cliopatria, el blog de historia que ha estado con todos los interesados durante más de ocho años y que ha sido como el gran impulsor del resto, de modo que desde aquí rindo homenaje a su alma mater, Ralph E. Luker; y Signandsight, un portal que durante siete años nos ha informado sobre lo que se publicaba en las principales revistas y periódicos europeos, sobre la vida intelectual y cultural europeas. En fin, no se pregunten por las razones, porque siempre son las mismas: el voluntarismo; llega un momento en el el tiempo y el dinero escasean, hasta el punto de arruinar el entusiasmo.

Y la de cal, una nueva que confirma nuestras sospechas: el mercado editorial francés es único y más si cabe para el campo de la historia. Esa es la conclusión que uno extrae cuando, en los tiempos que corren, Le Figaro considera rentable sacar al mercado una nueva publicación: Le Figaro Histoire. Así nos lo anuncia:

“Yo represento la única apuesta segura en historia: Napoleón, el más representado en el cine después de Jesús!” Travieso, Jean Tulard, presidente del Comité Científico de Figaro Histoire,  dio a finales de marzo el banderazo de salida del nuevo proyecto editorial del grupo, una revista bimensual que está en los quioscos desde el primer jueves de abril. El famoso historiador, especialista en Napoleón y en el Primer Imperio, pronosticó un gran éxito para el primer número, dedicado a los secretos de la campaña rusa de 1812.

Con una tirada inicial de 120.000 ejemplares, Le Figaro Histoire prevé unas ventas de 40.000 en su primer número, de 132 páginas. El Grupo Figaro, que ha invertido 1,5 millones de euros en este nuevo título, espera atraer a 3.000 abonados hasta finales de año y obtener un millón de euros anuales en ingresos por publicidad. Con un precio de 6,90 euros, la revista se encuentra en el rango superior de precios entre los principales competidores, ya sean Historia(5,50 euros) y L’Histoire (6,20 euros), que pertenecen a Sophia Publications, una filial de Artémis (de la familia Pinault), o Les Cahiers de Science & Vie (Mondadori) que cuesta 5,95 euros.

 

Esta posición en la gama alta se traduce en una revista de gran formato, de maquetación espaciosa y elegante, similar a la de una revista de arte. “El revoltijo y lo anticuado no son una garantía de seriedad”, señala Michel de Jaeghere, jefe de redacción de la nueva revista, que desea dirigirse “a una persona honesta”, ofreciendo una “divulgación inteligente” en torno a tres valores:  educación, belleza y descubrimiento. también estarán disponibles aplicaciones para el iPhone y el iPad.

Un mercado dinámico

En los quioscos de prensa, el mercado de la historia  continúa siendo muy activo. Fuera de los pioneros Historia, fundado en 1909, o L’Histoire, que existe desde 1978, recientemente han hecho su aparición otros títulos que intentan atraer la atención del público interesado, como Guerres & Histoire, comercializado desde hace un año por Mondadori Francia, o Ça m’intéresse Histoire (Ex-Mémo), presentado a finales de 2010 por Prisma Media, que relanzó a la vez Geo Histoire, una variación de Geo, su revista de referencia dedicada a los descubrimientos.

  

Si nos fijamos más ampliamente en la oferta editorial, la historia es todavía un gancho entre el público en general. Varias revistas generalistas como Le Point, Marianne o Le Figaro Magazine dedican espacio regularmente a personajes o grandes hechos históricos. “Este fenómeno no es nuevo”, dice Philippe Clerget, presidente de Sophia Publications, recordando que uno de cada dos franceses se considera historiador aficionado y que el promedio de compradores a los que les apasiona el género es el más alto entre los lectores de prensa.

“El mercado en general está evolucionando, estima Lionel Rabiet, director de diversificación del grupo Figaro. El público se ha feminizado, es más joven, menos académico. La oferta de productos culturales relacionados con temas históricos, como el programa de televisión “Secrets de l’histoire” de Stéphane Bern, las series de televisión Roma, Borgia o Los Tudor o algunos documentales, constituyen éxitos de audiencia”.  Le Figaro Histoire sabe que puede beneficiarse de la curiosidad de los lectores de Figaro, que en un 71% expresan tener gran interés en la historia.

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Lucien Febvre: inéditos sobre el sindicalismo

Publicado por Anaclet Pons en mayo 7, 2012

Le Mouvement Social, revista que edita La Découverte, ofrece en su primer número de 2012 unas conferencias inéditas de Lucien Febvre. Así las presenta el portal de este sello:

Un dossier manuscrito de conferencias sobre el sindicalismo francés, elaborado entre el verano 1919 y el verano de 1920, se conservó en el apartamento de Lucien Febvre. Gracias a su hijo Henri Lebvre, este número ofrece una edición crítica de unos textos que reflejan la sensibilidad del joven historiador, recién desmovilizado, hacia movimiento social contemporáneo. Para él, las posiciones del sindicalismo revolucionario francés expresan la conciencia de una clase que pretende conseguir su propia emancipación. Reflejan la irreductibilidad de la clase trabajadora, las formas específicas de organización, una práctica de acción y una experiencia de la historia. La demanda de autonomía de la CGT en relación al el Partido Socialista es un signo de  competencia más que de complementariedad entre dos concepciones de la revolución: donde una pasa por el control del Estado central, la otra consiste en crear aquí y ahora, en la sociedad capitalista, el embrión de la futura sociedad.

(…)

Por otra parte, la propia revista las resume de este modo:

El dossier que contiene el texto de las cuatro conferencias que Lucien Febvre dio en 1920 sobre la historia del sindicalismo francés se mantuvo en la sombra de su obra posterior, a pesar de que lo conservó y lo enriqueció con referencias. El tema tiene poco que ver con sus preocupaciones como un historiador del siglo XVI. Refleja su compromiso de juventud. Condiscípulo de Albert Thomas en la rue d’Ulm, siguió la evolución del movimiento socialista y sindical en el cambio de siglo. Representó a la sección socialista en la universidad popular de Besançon y publicó, de forma anónima, una treintena de artículos en Le Socialiste “comtois” entre 1907 y 1909. Luego se alejó, por preservar su independencia y porque la preparación de su tesis y su carrera académica le orientaron en otras direcciones. Después de la guerra, de donde volvió con la Legión de Honor y con el grado de capitán, inició el 4 de diciembre 1919 en la Universidad de Estrasburgo una labor docente que duró de catorce años. La preparación de las conferencias se sitúa en este período bisagra de la vuelta al trabajo. Constituyen un valioso testimonio sobre la manera en la que Febvre se dedicó a lo que hoy llamamos un ensayo de “historia inmediata”.

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JSTOR y el acceso abierto

Publicado por Anaclet Pons en mayo 2, 2012

En este blog hemos dedicamos numerosas entradas a hablar del movimiento en pro del acceso abierto y de las cortapisas a la difusión del conocimiento académico. Como a veces parece que lo abordamos de forma poco práctica, me parece que no cansará volver sobre el asunto desde un caso concreto, el que hace unas fechas exponía Laura McKenna en The Atlantic:

Esta mañana he buscado un artículo sobre el autismo en JSTOR, la base de datos en línea de revistas académicas. Tengo un niño que tiene esos síntomas y me gusta estar al tanto de las últimas investigaciones sobre el tema. No pude acceder a ninguno de los primeros 200 artículos que contenían la palabra “autismo”. Eso es porque, en su mayor parte, sólo quienes tienen determinada identificación universitaria pueden leer artículos de revistas académicas. Todos los demás, incluidos los periodistas, académicos no suscritos, think tanks y personas curiosas, deben pagar una cuota importante por artículo, si es que los artículos están disponibles.

Más tarde me enteré de un artículo que estaba disponible por 38 $. No estoy segura de por qué un artículo de doce páginas cuesta eso. Me supone alrededor de ocho minutos ojear un artículo de doce páginas. El investigador no recibe regalías. ¿Por qué cuesta tanto leer un artículo?

La respuesta está en el sistema anticuado de edición universitaria. Cuando un académico lleva a cabo investigaciones sobre, por ejemplo, el autismo, la investigación a menudo le supone varios años. Esa investigación está financiada por subvenciones nacionales y por la universidad. Al profesor se le da dinero con el que viaja y dispone de “tiempo libre” para llevar a cabo la investigación. A continuación, el académico remite el texto a una revista académica.

Las revistas académicas están radicadas en las universidades, que las subvencionan,  ya que otorgan prestigio universitario. Las revistas académicas son editadas por profesores de las univerdidades. Los centros les liberan de tiempo para editar la revista y les conceden un pequeño estipendio. La universidad les ofrece apoyo administrativo y estudiantes en prácticas para ayudar con el trabajo de secretaría.

Los editores revisan los manuscritos. Si el texto no es una porquería, entonces se envía a un pequeño grupo de profesores de otras universidades, que son expertos en este tema. Los revisores añaden contenidos y comentarios por escrito sobre la investigación. Sus universidades apoyan sus actividades, pues aumenta el prestigio de sus instituciones.

Después de que los revisores los hayan comentado, el editor de la revista transmite esta información al profesor, que hace las correcciones. Se envía de nuevo al editor de la revista que lo empaqueta con otros textos, escribe una introducción y los remite a una editorial sin fines de lucro.

La editorial es clave, porque necesita dinero para imprimir y distribuir la revista para su pequeña comunidad de lectores. Para conseguir el dinero, la editorial vende los derechos a una empresa académica de motores de búsqueda, como JSTOR. Para la editorial, este acuerdo es altamente rentable, ya que, a diferencia de la edición tradicional,   no tiene que pagar al autor o editor. Sólo tiene que cubrir los costes de la composición, impresión y distribución.

Después de haber comprado los derechos de la investigación académica, JSTOR digitaliza el material y vende el contenido de nuevo a las bibliotecas universitarias. Para recuperar sus costes de arrendamiento de la información a la editorial, los motores de búsqueda académica utilizan un modelo de suscripción para restringir el contenido a los que pueden pagar su alto precio. Una parte sustancial del presupuesto de las bibliotecas de las universidades se dedica a las suscripciones a las bases de datos. Las Bibliotecas de la UC San Diego indican que el 65% de su presupuesto total se destina a obtener acceso a JSTOR y otras bases de datos. Para acceder a la colección de Arts and Sciences de JSTOR -sólo una de las muchas bases de datos y colecciones de información- las bibliotecas universitarias deben pagar un cargo único de 45.000$  y luego otros 8.500$  cada año.

Demos un paso atrás y pensemos en ello. Las universidades que crearon este contenido académico de forma gratuita deben pagar para leerlo. Volvamos aún más atrás. El público -que ha financiado indirectamente a esta investigación con los impuestos federales y estatales que apoyan el sistema de educación superior- prácticamente no tienen acceso a este material, ya que las bibliotecas de barrio no puede permitirse el lujo de pagar los costes de suscripción. A los periódicos y los think tanks, que podrían ayudar a propagar la investigación en la esfera pública, se les niega el libre acceso al material. Los profesores se quejan justa y amargamente que sus trabajos de tantos años consiguen muy poca audiencia, mientras todos los años se producen 150 millones de intentos frustrados de leer el contenido de JSTOR, pues se les niega el acceso.

¿Cómo podemos hacer que esta investigación académica sea más accesible al público? El reto es encontrar una manera de poner la investigación en la web sin pasar por el vínculo de  la editorial/JSTOR. Si las revistas académicas omitieran este paso innecesario de ofrecer una versión impresa de sus revistas, se podría detener este ciclo. Simplemente podrían subir los documentos a un sitio web y dejar a  las editoriales fuera del proceso.

En la era de Google Scholar, no hay necesidad de motores académicos de búsqueda independientes. Los profesores podrían conseguir más lectores para sus investigaciones. Un entorno en línea proporcionaría una mayor colaboración y tiempos más rápidos de publicación. Las bibliotecas universitarias se ahorrarían enormes sumas de dinero. Los individuos curiosos que quisieran saber más sobre la investigación del autismo podrían tener acceso directo a la información.

La obstinada tradición mantiene este ciclo en movimiento.

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El coste del conocimiento

Publicado por Anaclet Pons en febrero 15, 2012

El pasado 30 de enero, The Chronicle publicó la siguiente nota, que adapto y extiendo para mayor claridad:

El coste de las revistas académicas está por las nubes, como bien sabemos, y tiene unos  efectos devastadores para la difusión  del conocimiento. De ello no se salvan ni  las investigaciones financiadas con fondos públicos, que en su gran mayoría se publican en los grandes grupos editoriales. Las quejas son, pues, continuas y muchos creen que es el momento de actuar.

El principal objetivo son los grandes grupos, entre los que destaca Elsevier, el grupo responsable de publicaciones como The Lancet o Cell, así como de otros dos millares de revistas de primer nivel, sin contar un sinfín de libros (entre ellos, el celebérrimo Gray’s Anatomy).

Y en eso aparece el matemático Timothy Gowers, miembro de la Universidad de Cambridge y ganador de la medalla Fields, y decide promover un boicot a Elsevier porque, dice, sus políticas de precios y de restricción de acceso a los trabajos deberían cambiar. Lo hizo en una entrada de su blog el pasado 21 de enero, y desde entonces su web The Cost of Knowledge no ha dejado de recibir adhesiones (cuando escribo esto, son alrededor de 4.500 personas las que han dado su apoyo). Los firmantes no solo ponen su nombre, sino que se comprometen a no publicar, evaluar ni participar en comité editorial alguno de cualquier revista Elsevier.

El pecado de la compañía sería triple, según los descontentos: cobra demasiado por sus revistas;  empaqueta las suscripciones, poniendo revistas de menor rango junto con las más valiosas, de modo que obliga a las bibliotecas a gastar dinero en comprar cosas que no quieren con el fin de obtener algunas de las que sí quieren;  y, más recientemente, ha apoyado un proyecto de ley federal (Research Works Act) que impediría que los organismos públicos, como los National Institutes of Health, exigan que los artículos escritos por los beneficiarios de sus subvenciones estén disponibles gratuitamente.

Hal Abelson, profesor de informática en el Instituto de Tecnología de Massachusetts y defensor de publicación abierta, ha dado su apoyo afirmando que “con los movimientos de estos megaeditores, estamos viendo el principio del control monopólico del expediente académico”. Benjamin R. Seyfarth, profesor asociado en la Facultad de Informática de la Universidad del Sur de Mississippi, escribió que” casi todos la investigación universitaria está financiada con fondos públicos y debe estar disponible de forma gratuita”.

De la idea se ha hecho eco todo el académico de la blogosfera, recogiendo más avales.  Entre los comentarios de los blogs, por supuesto,  también los hay en favor de Elsevier. Por su parte, la empresa se pronunció a principios de febrero de forma mesurada, pero insuficiente a través de dos notas.

Una hace referencia a los precios y a los “juicios negativos” que se han vertido sobre Elsevier, mostrándose orgullosa de su actividad, pues “nuestro trabajo es crear y mantener las revistas que hacen posible que el trabajo de los investigadores sea eficientemente revisado, mejorado, validado, reconocido, descubierto y hecho altamente accesible, a perpetuidad, para los lectores de casi todos los países del mundo”. Señalan, además, que el coste es una quinta parte de lo que era hace una década y que la facilidad de acceso es inmejorable; apoyan que la investigación financiada con fondos públicos sea pública, siempre que ello no sea dañino para el modelo de negocio; e indican que están abiertos a otras fórmulas, entre ellas la de que el autor o el patrocinador paguen para que un artículo sea libre, así como a ofrecer descuentos para los suscriptores en determinados casos.

La otra se refiere al debate sobre la mencionada ley federal norteamericana. Recuerdan que “los costes de los servicios de publicación se deben cumplir y son, además, los costes de hacer la investigación. Los editores hacen una fuerte inversión para agregar valor a los informes de investigación y manuscritos a través del proceso de publicación. Los académicos lo hacen también a través del proceso de revisión por pares, pero sin los editores y revisores por pares los 3 millones de manuscritos presentados cada año no se transformarían en los 1,5 millones de artículos publicados cada año. Los investigadores funcionan de manera más eficiente y eficaz por el valor que agregamos todos nosotros a través del proceso de publicación”. Así pues, “nos oponemos, en principio,a  la idea de que los gobiernos puedan ser capaces de dictar los términos en que se distribuyen los productos de las inversiones del sector privado, sobre todo si van a ser distribuidos de forma gratuita. Y el sector privado significa no sólo editores comerciales como Elsevier, sino también aquellos sin ánimo de lucro”.

Todo lo cual, dicho sea de paso, no invalida lo anterior. Así pues, como muchos proponen, el siguiente paso sería crear revistas electrónicas de calidad y acceso libre (o unirse a las existentes), aunque para ello sea preciso olvidar los prejuicios irracionales que alberga buena parte de la comunidad académica.

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Especial Pierre Bourdieu, diez años después

Publicado por Anaclet Pons en febrero 13, 2012

El especial número 15 de scienceshumaines (febrero-marzo) se dedica por completo a Pierre Bourdieu, fallecido a finales de enero de 2002. Para los historiadores, quizá lo más interesante pueda ser la entrevista que incluye con Roger Chartier, pero ya es conocida y también sabemos del diálogo que ambos mantuvieron hace años.

Así pues, nos quedaremos con el análisis que hace el sociólogo Jean-François Dortier, fundador y director de esta publicación. Con una salvedad. Este texto es ya antiguo, pues el especial retoma el libro de 2008 que, a su vez, corregía y aumentaba un dossier previo de 2002:

“Como todas las grandes obras, la de Pierre Bourdieu se despliega en torno a una corazonada. Una sola. Una idea clave que se ha desarrollado, repetido, reformulado, retomado en veinticinco libros. Una intuición que articulará en torno a algunos conceptos clave:  el habitus, los “campos”, el poder simbólico, el capital cultural. Una intuición única que se convertirá en una teoría rica y poderosa, aplicable a muchas cosas: la escuela, la cultura, el arte, la literatura, la ciencia, e incluso los deportes o la política. Y esta intuición fundacional se puede resumir en una fórmula: las ideas puras no existen.

 

Una experiencia fundante

Las grandes obras nacen siempre de una experiencia fundadora, de un traumatismo, de una tensión interna. El pensamiento de P. Bourdieu tiene sus raíces en una experiencia existencial dolorosa. Se remonta a su adolescencia, a su ingreso en el Liceo Louis-le-Grand,  y después a la prestigiosa École Normale Supérieure, de la rue d’Ulm, a la que se incorporó en 1951. Allí, el joven provinciano, zurdo y torpe, se encuentra inmerso en un mundo que no es el suyo. Un mundo de pequeños burgueses, conversadores brillantes y suaves, que se cultiva, igual de cómodo cultivando el verbo que la pluma. El joven P. Bourdieu, si bien se las arregló para escalar todos los niveles de la jerarquía educativa, ni se sientecómodo ni con la escritura ni con la oratoria. Y nunca lo estará. Aunque su obra escrita es impresionante, no tiene una pluma fácil y, a pesar de que impartirá cientos de conferencias, no será un orador. Al igual que Flaubert, a quien dedicó Las reglas del arte: Génesis y estructura del campo literario (Seuil, 1992), la expresión de su pensamiento ha de pasar por un esfuerzo permanente de autocontrol, la lucha contra sí mismo. Lo contrario de la aparente facilidad de estos estudiantes de la burguesía culta que conoció en la calle Ulm. Ellos se habían empapado desde la infancia en el mundo de la alta cultura. Desde el principio, han frecuentado los libros, visitado los museos, viajado, asistido a conversaciones en las que podían hablar, argumentar, donde las palabras y las ideas vuelan, estallan, donde la mente reina. Estos herederos adquieren dichas disposiciones a hablar y a pensar sin esfuerzo aparente. En “Lo que significa hablar” (Cuestiones de sociología), Bourdieu tratará de diseccionar cómo la manipulación del lenguaje se revela como un instrumento de poder, de “poder simbólico” . Cómo quien no posee las claves se encuentra físicamente en desventaja, por el miedo escénico, el tartamudeo, el acento, que hacen que le apunten con el dedo en cuanto se pone a hablar. Inmerso en un ambiente donde uno sabe cómo usar el verbo, donde el idioma culto es el idioma natural, estos jóvenes han integrado desde niños las reglas del saber vivir y del saber pensar intelectuales.  De esta élite estudiantil P. Bourdieu ofrecerá una descripción en Los herederos (Siglo XXI, 2003). Estos estudiantes privilegiados heredan un activo tan valioso como invisible a simple vista: la cultura. Dentro de esta élite intelectual, los valores no se transmiten con el dinero (el “capital económico”), sino con la escuela (el “capital cultural”). Entre estas personas, señor mío, uno no cuenta: piensa. Los mejores elementos de esta casta social sestán destinados a seguir el recorrido ideal de las escuelas de negocios (Polytechnique, Ecoles normales supérieures, ENA) para unirse a los grandes cuerpos del Estado. P. Bourdieu consagrará uno de sus otros libros importantes: La Noblesse d’Etat (Minuit, 1989)

Las leyes invisibles del pensamiento

Como no pertenece a ese mundo, el joven P. Bourdieu sentirá en su carne -chair-  (más adelante en su cátedra -chaire-)  la distancia entre su mundo natal y ese hacia el que va. No está a gusto en este ambiente de intelectuales de mente ágil, de humor afilado, de fácil diatriba. Y es esta falta de coincidencia lo que en realidad le permite ver lo que los otros no ven. Los códigos implícitos, las rutinas, los cimientos que gobiernan el mundo de las ideas.

A partir de ahí, todo el pensamiento de P. Bourdieu tratará de “desnaturalizar el mundo social” , revelar las reglas de juego del mundo de los intelectuales, de los académicos, de los pensadores. Todos aquellos cuyo pensamiento parece desplegarse en el mundo de las ideas puras. Simplemente porque se han olvidado las leyes de su funcionamiento, a fuerza de tenerlas muy bien integradas.

La escuela, por supuesto, será primer objetivo de P. Bourdieu. En La reproducción (escrito en 1970 con Jean-Claude Passeron), describe este mecanismo invisible de selección social a través de la escuela. Las sociedades del Antiguo Régimen transmitían un rango, un título, un estatuto. La sociedad burguesa ofrece a sus hijos un capital, una herencia. La República, en nombre de la igualdad para todos, restaura insidiosamente, sin saberlo, una nueva barrera clase: la de la cultura, transmitida por el título. El patrimonio cultural es aún más valioso porque no es visible. Es vivido  a expensas del don, de la inteligencia innata, de las ideas puras.

Posteriormente, el sociólogo ampliará su análisis a las prácticas culturales de dominación: Un arte medio (1965); El amor al arte (1966), y luego la fundamental, La distinción (1979).

El espíritu al descubierto o la inscripción social de las ideas

Pero son los filósofos, símbolo dle “pensamiento puro” y de la intelligentsia arrogante quienes serán el principal objetivo de P. Bourdieu. ¿Alguien lo ha notado? La mayoría de sus libros incluyen un ataque contra las filosofías de la “razón pura” . Y no menor.

La distinción, subtitulado “Criterio y bases sociales del gusto”, se concibe como un desafío a Kant y su Crítica del Juicio. El filósofo alemán quería explicar el significado de lo “bello”, en virtud de un juicio trascendental y subjetivo. Para Kant, el juicio estético es una cuestión de buen o mal gusto. P. Bourdieu quiere demostrar que el gusto es un asunto social personal. En un mismo círculo gustan a la vez  la pintura abstracta, el arte impresionista o el art pompier. Como el jazz, el acordeón musette y la música clásica están señalados social,emte. El gusto también se relaciona con el prestigio. Nos gusta – o nos obligan a que nos guste- tal música, tal pintura, tal escritor (o tal sociólogo …) en aras de la “distinción” .

En Las reglas del arte remite a Jean-Paul Sartre y su El idiota de la familia (Gallimard , 1971-1972), un monumental libro sobre Flaubert. P. Bourdieu rechaza el psicoanálisis existencial de Sartre;  propone sustituirlo por un “socioanálisis” que pone el trabajo creativo de Flaubert en el campo de la literatura francesa, entonces en plena constitución, en el siglo XIX.

En La Ontología Política de Martin Heidegger (1988) ataca frontalmente al gran filósofo, cortejado en su momento por los intelectuales franceses. La prosa abstracta y desencarnada de Heidegger es sólo la expresión de una muy particular visión del mundo: el de la corriente de la revolución conservadora alemana,  en perfecta concordancia con los ideales nazis.

Más tarde, en sus Meditaciones pascalianas (1997), Bourdieu que se pone del lado de Pascal contra Descartes y el su cogito, modelo ilusorio del individuo consciente, libre y racional.

El espíritu filosófico se ve como pensamiento libre y autónomo. Pero es el producto de una visión enraizada en una posición social. Las ideas puras se expresan como una serie de argumentos, de referencias, de construcciones abstractas, cuando en realidad son el producto de rutinas mentales inconscientes. El pensamiento puro se quiere universal; pero está inscrito, encarnado, pegado, incorporado.

Pero la teoría de P. Bourdieu no se reduce a un sociologismo vulgar que no haría sino remitir el pensamiento a sus condiciones sociales de producción, según la máxima: ” Dime cuál es tu posición social y te diré lo que piensas”.  La noción de habitus es más rica y más sutil. Su objetivo es reflejar no solo las determinaciones inconscientes que pesan sobre nuestras representaciones, sino también las capacidades estratégicas y creativas.

El habitus, una segunda naturaleza

No busquemos en P. Bourdieu una definición nitida del habitus . En El sentido práctico (1980) encontramos esta, que se ha convertido en canónica: “sistemas de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas para funcionar como estructuras estructurantes, es decir, como principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones que pueden estar objetivamente adaptadas a su fin sin suponer la búsqueda consciente de fines y el dominio expreso de las operaciones necesarias para alcanzarlos, objetivamente «reguladas» y «regulares» sin ser el producto de la obediencia a reglas, y, a la vez que todo esto, colectivamente orquestadas sin ser producto de la acción organizadora de un director de orquesta”.  Esta cita se extrae de una frase que comenzó a unas pocas líneas antes y que sigue…

A falta de entender el contenido, el lector no iniciado tendrá una idea del estilo inimitable de P. Bourdieu … Pero, ¿qué es exactamente esta “estructura estructurada” que se convierte en una “estructura estructurante” ? Básicamente, la idea no es tan complicada como parece. El habitus es principalmente el producto de un aprendizaje debvenido inconsciente y que se traduce en una capacidad aparentemente natural de moverse libremente en un medio. Así, el músico no puede improvisar libremente en el piano sino después de haber practicado las esculas durante mucho tiempo, una vez adquiridas las reglas de composición y armonía. Sólo después de haber interiorizado los códigos y las limitaciones musicales (las “estructuras estructuradas” ) nuestro pianista puede entonces componer, crear, inventar, transmitir su música (las “estructuras estructurantes” ). El autor, el compositor, el artista, entonces, vive su creación sobre la libertad creadora, la pura inspiración, porque ya no es consciente de los códigos y estilos que ha interiorizado profundamente. Esto se aplica tanto a la música como al lenguaje, la escritura y el pensamiento en general. Uno los cree libres y sin cuerpo, pero son producto de tensiones y estructuras profundamente ancladas en uno mismo. Los habitus son también fuerzas motoras de la acción y del pensamiento, que P. Bourdieu llama los “principios  organizadores y generadores de prácticas y representaciones”.

La teoría del habitus remite a ambas a dos modelos opuestos de la acción. Por un lado, el determinismo sumario que confinaría nuestras acciones en el contexto de las limitaciones impuestas; por otro, la ficción de un individuo autónomo, libre y racional. Cada uno de nosotros es el producto de su entorno, preso de las rutinas de acción. Pero nuestros hábitos y rutinas funcionan como programas, tienen capacidades creadoras y estratégicas en un entorno determinado.

P. Bourdieu tenía la ambición de crear una verdadera “ciencia de las obras“. Habría incorporado tanto los fundamentos biográficos y sociales de la obra literaria como su lugar en un “campo” dado, y también dada su especificidad como creación nueva, dándole una posición, un valor propio entre otros. Pero el proyecto quedó inconcluso, tal vez inalcanzable.

La teoría de campo

El “campo” es el otro concepto central de la teoría de P. Bourdieu. El término se utiliza a propósito del mundo literario, artístico, político, religioso, médico, científico … Por una vez, P. Bourdieu dio una definición bastante simple: el campo es un microcosmos, vale decir, un pequeño mundo social autónomo en el interior del gran mundo social“.

Lo llamemos “campo”, “microcosmos”, “medio”, “dominio”, el campo es un pequeño pedazo del mundo social que funciona de forma autónoma, es decir, que tiene -según la etimología nomos = ley- sus propias leyes. Quien entra en un medio (político, artístico, intelectual) debe dominar sus códigos y normas internas. De lo contrario, pronto queda fuera del juego. Hay quienes conocen los trucos y quienes los ignoran.

Sobre el modelo de los “campos magnéticos” de la física, un campo también es concebido como un campo de fuerza. Es el lugar de la lucha entre individuos, entre clanes, donde cada uno trata de tener su lugar, de destacar, de conquistar nuevas posiciones. Estas luchas y tensiones se trasladan al plano institucional (ganar posiciones, plazas). Pero esta lucha de posiciones y de clasificación supone una guerra social que se despliega también en el plano simbólico.

Es aquí donde aparecen las nociones de “poder simbólico” y “violencia simbólica” .

Violencia y poder simbólicos

La “violencia simbólica“  es una violencia “suave y enmascarada” que se ejerce con la complicidad de aquellos sobre quienes se ejerce. Esta violencia no está destinada a marcar los cuerpos, sino las mentes. A veces toma la forma, en el mundo académico, del discurso de autoridad o de la palabra del maestro. Esta violencia simbólica P. Bourdieu la conoce bien por haberla practicado ampliamente. Para entender lo que puede ser la violencia simbólica basta con observarla en acción. Pues es una fiel ilustración de lo que él análiza (que no afecta en modo alguno la exactitud de sus declaraciones).

No importa la politiquería y las luchas de poder entre los académicos. Raymond Aron, del que P. Bourdieu fue ayudante, había denunciado en sus Memorias (1993) al “líder de secta, seguro de sí mismo y dominador, experto en las intrigas universitarias, despiadado con aquellos que pudieran hacerle sombra”.

Esta violencia simbólica también se refleja en sus escritos. Hagamos una prueba. Abramos un libro de P. Bourdieu. Cualquiera. Desde las primeras páginas, que siempre comienzan con duras críticas: contra los filósofos, intelectuales, periodistas y sociólogos, lingüistas “distinguidos” . Son descritos (pero nunca citados) como ignorantes, “medio-estudiosos” que, por debilidad o por interés intelectual (a veces ambas cosas), se engañan sobre la verdadera naturaleza del mundo social. P. Bourdieu surge y se impone como la única garantía de cientificidad.

P. Bourdieu ignora magníficamente las críticas que se le dirigiden. Sus “Respuestas“  no remiten a un verdadero debate sino a la constante autojustificación. El sociólogo rechaza las críticas inventando enemigos imaginarios que no entenderían sus palabras. Y les toma la lección. Sonre las críticas, las verdaderas, construidas y argumentadas, procedentes de investigadores que se molestaron en estudiar su obra, calla.

Sin embargo, estas críticas existen (vánse los textos de Pierre Corcuff, Nathalie Heinich, Jeffrey Alexander y Bernard Lahire en este número de scienceshumaines). Se refieren a su concepción de la cultura popular, la noción de habitus , la incapacidad de su sociología en pensar que el cambio. Básicamente, todos tienen una cosa en común. Pocos autores niegan el valor heurístico de la noción de habitus o “de campo”, pero la mayoría se niegan a hacer una piedra filosofal que sería el fundamento de todos los comportamientos. El habitus existe,  pero en nuestras sociedades abiertas los individuos están sometidos a múltiples marcos de socialización y nadie encierra a los actores en una jaula de hierro. Por otra parte, la visión inflexible de la dominación por el habitus o la violencia simbólica no tiene en cuenta los procesos de cambio o de emancipación: de las mujeres, de los jóvenes provenientes de medios desfavorecidos y que  “salen”, de las múltiples categorías de “dominados”, que de una u otra manera (por lucha, por estrategias individuales, desviación), logran superar en parte su situación de dominados y no están reducidos a la “miseria moral” y la sumisión pasiva.

Del compromiso con la ciencia, a la ciencia del compromiso

Como toda gran obra, el pensamiento de P. Bourdieu nos ofrece claves esenciales para pensar el mundo social. Pero no es suficiente para identificarlo. Básicamente, nada más normal. Una teoría que quiera abarcarlo todo pierde consistencia. La sociología no pertenece a P. Bourdieu. Pero su trabajo pertenece ahora a la tradición sociológica.

En las fuentes de su pensamiento hay una rebelión, una ira – que a menudo se lee en su rostro. Su análisis sociológicos más sutiles, como sus tomas de posición – dogmáticas y caricaturescas – contra la globalización, los medios de comunicación o la intelligentsia, provienen en el fondo del mismo origen.

¿Cómo un pensamiento tan arraigado psicológica y socialmente podía producir una teoría general? Este fue precisamente el tema de su última conferencia en el Collège de France. El curso finalizó con un intento de autoanálisis. ¿Cúanto de la sociología de P. Bourdieu hay en su propia historia? En los últimos años, esta autoreflexión había ocupado cada vez más espacio en su mente. Lo llamó un “socioanálisis” . Y poco antes de su muerte comenzó a escribir una autobiografía. Este esquema de socio-análisis comenzó con los recuerdos de su juventud, cuando era un interno en el Lycée Louis-le-Grand. “La experiencia del internado sin duda jugó un papel decisivo en la formación de mis disposiciones, sobre todo en mi inclinación a una visión realista y combativa de las relaciones sociales que, ya presente desde la educación de mi primera infancia, contrasta con la visión conciliadora, moralizante y neutralizadora que alienta, me parece a mí, la experiencia protegida de las existencias burguesas”.

El trabajo de P. Bourdieu se puede leer de varias maneras: se puede descifrar como un análisis de los mecanismos de dominación simbólica, o también como una teoría de las prácticas sociales; podemos verla como un análisis de la producción de ideas y de los sistemas simbólicos. En cualquier caso, demuestra que el pensamiento, incluso el de los grandes sociólogos, no es nunca puro”.

© Sciences Humaines Éditions

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Como siempre, lo mejor, leerlo: HyperBourdieu© WorldCatalogue

Publicado en Francia, Ideas, Revistas | 3 Comentarios »

 
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